Este miércoles 8 de abril, se cumplen 13 años de la muerte de José Luis Sampedro. Falleció en Madrid en la madrugada del 8 de abril de 2013, a los 96 años, después de haber dejado una obra literaria y un pensamiento público que siguen circulando con una fuerza poco común en la España contemporánea.
Su nombre vuelve una y otra vez porque dijo cosas que siguen sonando incómodas. Entre todas, una frase se ha quedado incrustada en la memoria colectiva: “Nos gobiernan a través del miedo”. La cita ha sido repetida durante años en entrevistas, documentales y recopilaciones sobre su pensamiento, hasta convertirse en una síntesis casi perfecta de su mirada crítica sobre la política, la economía y los mecanismos de control social.
José Luis Sampedro fue muchas cosas a la vez. Escritor, economista, profesor, académico y humanista. El Ministerio de Cultura le concedió en 2010 la Orden de las Artes y las Letras de España por su trayectoria literaria y por un pensamiento comprometido con los problemas de su tiempo, y en 2011 recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas.
Un intelectual que hablaba claro cuando casi nadie quería hacerlo
Sampedro nació en Barcelona en 1917, pasó parte de su infancia en Tánger y vivió una adolescencia decisiva en Aranjuez, un lugar central también en su imaginación literaria. Su biografía atravesó la Guerra Civil, la universidad, la administración, la docencia y la literatura, pero su figura pública quedó especialmente ligada a una idea muy concreta: la defensa de una economía al servicio de la vida y no al revés.
Ese fue el núcleo de su discurso durante décadas. No hablaba como un comentarista de paso, sino como alguien que conocía desde dentro la estructura económica española. Fue catedrático de Estructura e Instituciones Económicas, trabajó en el Banco Exterior de España y participó en ámbitos técnicos de la administración, pero acabó siendo recordado sobre todo por su crítica al dogma del mercado y a la degradación moral que veía en el capitalismo contemporáneo.
Por eso conectó con varias generaciones distintas. Primero como novelista prestigioso. Después como pensador incómodo. Y finalmente como referencia ética en un tiempo de crisis, indignación y descrédito institucional. En la recta final de su vida, su cercanía al espíritu del 15-M y su prólogo a la edición española de ¡Indignaos! reforzaron esa imagen de sabio civil que no se había resignado.
Más que un escritor querido, una conciencia pública
Hablar hoy de Sampedro es hablar también de sus libros. La sonrisa etrusca sigue siendo su obra más popular y una de las más leídas, mientras que títulos como Octubre, octubre, La vieja sirena o El río que nos lleva ayudaron a construir una trayectoria literaria muy respetada dentro y fuera de España. El Instituto Cervantes lo define como escritor y humanista, y la RAE recuerda además su ingreso en la Academia en 1990 y su discurso Desde la frontera, una buena pista para entender su manera de mirar el mundo.
Pero reducirlo a su faceta literaria sería quedarse corto. Sampedro fue una de esas raras figuras capaces de pasar del ensayo económico a la novela, de la cátedra a la conversación pública, del prestigio académico a la frase que termina convertida en consigna. No era un agitador ni un tertuliano. Su autoridad venía de otro sitio: del conocimiento, del estilo y de una claridad poco frecuente para explicar cómo funcionan el poder y la obediencia.
De ahí que su figura siga reapareciendo cada vez que el debate público gira en torno a la precariedad, la manipulación, la desigualdad o el miedo. Sus frases sobreviven porque no estaban fabricadas para el impacto rápido. Tenían detrás una visión del mundo muy trabajada y una desconfianza frontal hacia cualquier sistema que pusiera el dinero por encima de la dignidad humana.
La vigencia de una frase que España no ha olvidado
“Nos gobiernan a través del miedo” se ha quedado como su gran sentencia pública porque resume una intuición que Sampedro repitió con distintas palabras: el miedo paraliza, disciplina y vuelve aceptable lo que en otras condiciones sería rechazado. Esa idea aparece ligada en varias recopilaciones a otra reflexión suya sobre cómo el miedo impide reaccionar y seguir adelante.
Ahí está la clave de su permanencia. No se le recuerda solo por haber sido un gran autor, sino por haber nombrado con precisión una forma de dominio que mucha gente reconoce todavía hoy. Su legado no vive únicamente en bibliotecas, universidades o homenajes institucionales. Vive en esa extraña capacidad de seguir entrando en la conversación pública más de una década después de su muerte Y eso no le ocurre a todo el mundo. Muchísimos escritores dejan obra. Muy pocos dejan lenguaje. Sampedro dejó ambas cosas. Por eso, trece años después de su muerte, sigue siendo un nombre al que se vuelve cuando toca discutir qué clase de sociedad estamos construyendo y quién gana cuando una democracia aprende a convivir con el miedo.