John Holmes, también conocido como el “Elvis del porno”, es una figura que sobresale en la historia del cine para adultos americano. Nacido en Ohio en 1944, jamás conoció a su padre biológico, aunque fue objeto de todo tipo de abusos y violencia por parte de su padrastro alcohólico, el marido de su madre, con quien convivió durante muchos años (hasta que siendo un adolescente, se alistó en el ejército estadounidense para pasar a formar parte de tropas en una base militar alemana).
Gran jugador de póker y experto carpintero, una vez de vuelta a Estados Unidos trabajó en multitud de sectores profesionales hasta que comenzó a ejercer como actor pornográfico en una industria que estaba iniciando su andadura (que con el paso del tiempo sería meteórica, como todos sabemos). A finales de los sesenta y principios de los setenta, el porno era perseguido y las personas que lo realizaban se veían expuestos a ser detenidos y procesados en caso de ser hallados en flagrante delito (uno de tales crímenes era clasificado como “cópula oral”). Sin embargo, todo esto cambió gracias al trabajo de algunos abogados que se dedicaron a defender la libertad de expresión basándose en la Primera Enmienda de la Constitución adoptada en 1791 como parte de la Carta de Derechos. De hecho, en esos años setenta, muchos representantes de la industria creían, en gran medida, estar luchando con su trabajo por crear nuevos espacios de libertad y se veían a sí mismos como adalides de la izquierda, algo que desde hace ya unos cuantos años es percibido desde una posición diametralmente contraria: el porno es, generalmente, rechazado por los sectores progresistas del espacio político como machista y cosificador de la mujer.
Al tratar de obtener trabajo, Holmes era rechazado por los directores y productores del mundillo por su delgadez y apariencia algo desaliñada, eso sí, solo hasta que mostraba sus “credenciales”: un pene de 32 centímetros y medio (o eso es lo que suele decirse). Realmente, no se sabe cuánto medía, ya que Holmes siempre fue un mentiroso patológico (también decía haberse acostado por más de 12.000 mujeres, algo matemáticamente imposible). Es cierto que su pene era más grande que la totalidad de los demás miembros viriles que aparecían en la pantalla, al tiempo que nunca estaba plenamente erecto por la enormidad de su tamaño. Entre los actores y actrices de la época solía decirse a modo de broma que, si algún día lograse endurecerse por completo, Holmes se desmayaría al no llegarle suficiente riego sanguíneo a la cabeza.
A finales de los sesenta, cuando Holmes realizó sus primeras actuaciones, el porno estaba en pañales. Cómo comentan algunos profesionales de la época, las escenas que por entonces se rodaban hoy serían retransmitidas en el Canal Disney. Nuestro protagonista logró hacerse famoso cuando en 1971 inició la serie Johnny Wadd (que podríamos traducir como “Johnny Paquetón”, o algo por el estilo). Se trataba de un detective privado que seducía a innumerables mujeres mientras realizaba sus investigaciones.
Aunque el actor nunca había consumido alcohol ni drogas (los rechazaba al haber sido criado y maltratado por un padrastro bebedor), en un momento dado, comenzó a fumar marihuana. Más tarde, se sabe que llevaba siempre consigo un maletín donde escondía una botella de whiskey, para finalmente iniciarse en el consumo de cocaína. El mundo del porno norteamericano estuvo inundado por dicha droga durante esos años. A pesar de su omnipresencia, la cocaína comenzó a hacer mella en Holmes cuando este empezó a tener problemas de erección. A la vez que iba cayendo desde su posición como estrella del porno al no poder ejercer como era debido, su adicción a la cocaína se hizo más y más aguda, hasta que el actor pasó a relacionarse con todos tipo de delincuentes, al tiempo que cometía pequeños delitos para sostener su hábito.
Fue por entonces cuando conoció a Eddie Nash, capo de la droga, mafioso y empresario de clubes nocturnos (algunos de los cuales eran de strip tease). Nash era un cocainómano desatado que llevaba sus negocios desde el salón de su casa, donde vivía en un estado de fiesta perpetua. Una noche este fue asaltado y vejado en su propio hogar por varios hombres que Holmes había enviado para realizar un atraco (o un “vuelco”, como suele decirse en el argot callejero). En su caso, el actor había ofrecido un “santo” o chivatazo a los ladrones, informándoles de dónde estaba el dinero y la droga, al tiempo que dejó la puerta de la cocina entreabierta para que ellos entrasen en la noche del golpe.
Tras el asalto, Nash intuyó de inmediato que Holmes estaba involucrado y lo mandó secuestrar y torturar en su casa hasta informarle de quién había cometido el robo. Poco después, el 1 de julio de 1981, Holmes llamó al telefonillo de la casa en Wonderland Avenue donde residían los asaltantes para entrar con varios secuaces de Nash que mataron a palos a cuatro de los presentes y dejaron muy malherido a otro. John Holmes fue acusado de asesinato, no obstante, se fugó con su novia de 15 años hasta ser detenido en Florida, donde vivía con una identidad falsa. A pesar de las sucesivas investigaciones y juicio, el fiscal nunca pudo demostrar la participación de Holmes en el asesinato múltiple, por lo que salió por sus propios pies del juzgado de lo penal. Aunque pudo sobrevivir a la acusación de asesinato, algunos años después contrajo el SIDA, por lo que murió en 1988.
A pesar de todas sus aventuras y desventuras, John Holmes se erige como una figura fundamental en la historia de la pornografía y ha sido inspiración para películas como Boogie Nights (1997), dirigida y producida por Paul Thomas Anderson, todo un clásico de los años noventa que nos permite bucear en ese setentero mundo clandestino del que fue partícipe nuestro protagonista y que no puede dejar de fascinaros cuando volvemos la mirada hacia él una y otra vez.
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