He leído y escuchado muchas opiniones sobre los resultados del último Informe PISA, pero creo que hay algo muy importante que está pasando por debajo del radar.

El discurso público es unánime: Fracaso. Utilizar una palabra más suave sería un ejercicio de autoengaño, pero a mi modo de ver los datos más preocupante no aparecen en el estudio. Que solo el dos por ciento de los alumnos de 15 y 16 años sean capaces de comprender textos largos y complejos nos coloca en una pesadilla distópica porque significa que el noventa y ocho por ciento es incapaz. Ese porcentaje habla de la práctica totalidad de una generación entera que apunta a no tener la competencia lectora suficiente como para sumergirse en una novela, entender una noticia con sus matices más allá del titular, o lo que es muchísimo peor: ser capaz de usar la palabra para expresar con eficacia sus creencias, ambiciones, temores o sentimientos. 

Y aún así hay algo aún más aterrador. No aparece en el estudio y solo es una apreciación subjetiva fruto de mi experiencia personal. Aquí va.

Imaginemos que todo esto es un thriller. Una mañana aparece un informe en el que se ve cómo alguien está matando sistemáticamente el conocimiento de los jóvenes. El protagonista de nuestra historia debe encontrar al culpable para evitar que continúe actuando. Las pistas le llevan a las pantallas con sus redes sociales y sus vídeos adictivos de cinco segundos, todo parece estar resuelto, pero ¿Qué novela de detectives que se precie no tiene un giro inesperado antes del final? Porque en un salto de guion resulta que no son Meta y Tik Tok los que están acabando con las competencias en matemáticas, ciencias y lectura de la juventud ¡Somos nosotros! Los mismos que nos llevamos ahora las manos a la cabeza. El detective descubre que nosotros estuvimos detrás de todo desde el principio ¿Quién le hacía los deberes a los niños evitando que tuvieran que esforzarse? ¿Quién les enseñó que tenían que estar bien hechos en lugar de dejar que se equivocaran para que tuvieran que enfrentarse a la corrección por parte del docente y al problema de buscar autonomamente la manera de alcanzar el resultado correcto? ¿Quién les desapuntó de judo porque se aburrían, y después de piano por lo mismo, y después de baloncesto enseñándoles que no tenían porqué hacer nada que no les apeteciera? Éramos nosotros. Siempre fuimos nosotros. Les dijimos que no tenían que esforzarse y ahora nos escandalizamos porque no son capaces de hacer cosas que requieren esfuerzo.

En el colegio yo no quería leerme El viejo y el mar y en el instituto no quería aprenderme la tabla de las derivadas. Pedirle a una IA que te haga un resumen de la novela de Hemingway y te resuelva los cálculos sirve para pasar de curso, pero se carga esas competencias que hoy decimos que nuestros jóvenes no deberían perder.

El oro vale mucho porque hay poco, las piedras no valen nada porque sólo tienes que agacharte para hacerte con una… quizá con el conocimiento esté ocurriendo algo similar. Antes alcanzarlo era complicado, ahora está en el bolsillo de cualquiera ¿Quién va a pasar una noche en vela clavando codos por algo a lo que no le da valor? Quizá el dato más terrorífico del Informe PISA no es que haya arrojado los peores resultados de su historia, sino que quizá los afectados no vean por qué eso tendría que ser un problema.

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora