Imagínate que sales un viernes de trabajar. Son las tres de la tarde. La semana ha ido bien y los proyectos en los que estás trabajando progresan adecuadamente. Hace un poco de fresco, pero el sol brilla fuerte sobre un cielo despejado y encima has quedado para comer con un amigo que hace tiempo que no ves en un restaurante de esos de mantel de lino. Vas dando un paseo mientras escuchas un poco de música. Todo va bien y tienes por delante un fin de semana sensacional.
De camino al restaurante te preguntas cómo vas de tiempo, sacas el móvil y miras la hora. Pero en la pantalla, además, aparecen un par de notificaciones. Entras en WhatsApp y en el chat familiar alguien ha enviado un vídeo que te lleva a Instagram. En él, aparece una persona que se graba en su casa y dice ser trabajadora de Correos. Pide difusión para su mensaje: el voto por correos está intervenido por el gobierno. Sobre el vídeo hay un titular que dice algo como: “Lo que los poderosos no quieren que veas”.
Cuando termina, comienza el siguiente, que es una prueba de que Maricarmen, fallecida hace menos de un mes, en realidad, era la propietaria de una SL que tenía cuatro pisos turísticos en el centro de Madrid. Acaba el vídeo y llega el siguiente, que demuestra que la acampada de Sol está llena de terroristas buscados por la Interpol. Llegados a este punto ya no te planteas por qué un chaval de Cuatro Vientos ha localizado a unos delincuentes internacionales antes que el CNI, porque ya estás con el automático puesto. Cierras Instagram y ves que hay una notificación en alguna de las aplicaciones de los periódicos que lees. La abres.
En la noticia te cuentan que Donald Trump, en el mismo discurso, dice que se merece el premio Nobel de la paz mientras anuncia más bombardeos en Irán, la congelación de la paz en Ucrania y, además, ofrece 5000 dólares a cada estadounidense si gana las próximas elecciones, lo cual te lleva a imaginar que 300 millones de personas van a usar todo ese dinero en comprarse más pistolas en el supermercado de debajo de sus casas para utilizar su derecho a la libertad en los colegios de todo el país. Cierras la aplicación de tu diario de confianza y la pelotita roja está sobre el icono de tiktok, pulsas y un chaval desde Andorra te dice mirándote a los ojos que eres un loser si vives en España porque el estado te está robando y tienes que hacer como él, salirte de la Matrix y solo bajar a nuestro país para operarte de gratis en la Seguridad Social.
Y, por si fuera poco, también hay una pelotita encendida en la aplicación del e-mail. La persona encargada del proyecto en el que has estado trabajando tan contento toda la semana dice que ha visto la última versión, que no funciona y posiblemente haya que empezar de nuevo, pero que no pasa nada, que no es urgente, que lo veréis el lunes y que buen finde.
Entonces tú, que estabas de buen rollo y solo querías ver la hora, estás enfadado, te piensas lo de votar por correo, andas por la calle con miedo porque resulta que hay terroristas internacionales en el centro de tu ciudad y, si ellos no te matan, lo hará una élite que posiblemente esté reunida en ese mismo momento en un sótano secreto decidiendo que se van a quedar ellos toda el agua potable de la tierra. Y, por si no fuera suficiente, además de haber visto la cara de Donald Trump, el lunes que viene vas a tener que pringar más de la cuenta.
Si hubieras mirado la hora en un reloj de pulsera, habrías visto que ibas con tiempo de sobra incluso para llamar a tu madre y preguntarle que qué tal va todo, llegar de buen humor a comer con tu colega, hablar de vuestras cosas y empezar el finde de buenas. Por tu salud mental, cómprate un reloj de pulsera, Casio los tiene guapísimos por cincuenta pavos.
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