Romain Gavras nació con una herencia demasiado grande para cualquiera. Ser hijo de Costa-Gavras no significa únicamente llevar el apellido de un director famoso. Significa crecer bajo la sombra de uno de los grandes nombres del cine político europeo, el autor de películas que entendieron el thriller como una herramienta para mirar al poder, denunciar sus abusos y convertir la tensión narrativa en conciencia histórica. Costa-Gavras filmó dictaduras, desapariciones, persecuciones y mentiras de Estado. Su cine miraba de frente a la maquinaria política del siglo XX.

Su hijo, sin embargo, no eligió repetir la fórmula. Eligió otro camino, más eléctrico, más callejero, más sucio en apariencia y quizá más conectado con el ruido del presente. Romain Gavras heredó de su padre la intuición política, pero cambió el despacho, el tribunal y la conspiración por el asfalto, el videoclip, el rap, la multitud, el cuerpo en movimiento y el estallido visual. Donde Costa-Gavras construía el suspense de la represión, Romain empezó a filmar la explosión posterior. No tanto el sistema que oprime, sino el momento en que algo se rompe.

La historia de Gavras no se entiende sin Kourtrajmé, el colectivo audiovisual que fundó en los años noventa junto a otros creadores como Kim Chapiron, Ladj Ly o JR. Aquel grupo fue una pandilla creativa que convirtió la falta de recursos en estilo y la urgencia en identidad. Kourtrajmé nació en los márgenes del cine francés tradicional y se alimentó del hip hop, la cultura urbana, el vídeo casero, la amistad y una voluntad casi adolescente de hacer imágenes que parecieran imposibles de domesticar.

En aquel entorno, Gavras encontró una forma de mirar. Se trataba de intervenir en la realidad, de lanzar imágenes como objetos contundentes. Por el universo de Kourtrajmé pasaron o gravitaron nombres fundamentales del cine francés contemporáneo, desde Vincent Cassel hasta Mathieu Kassovitz, además de figuras que más tarde marcarían una nueva sensibilidad visual y política, como Ladj Ly, director de Los miserables. En algunos de aquellos primeros cortos, Cassel llegó a aparecer como parte de esa constelación salvaje en la que el cine y la calle parecían confundirse.

Antes de convertirse en director de largometrajes, Gavras fue uno de los grandes arquitectos del videoclip moderno. Su trabajo con artistas de rap y música electrónica en los años 2000 no se limitó a ilustrar canciones. Las transformó en acontecimientos. Sus vídeos tenían narrativa, violencia, textura, peligro y una capacidad poco habitual para dejar al espectador incómodo.

Uno de sus trabajos más recordados de aquellos años es Stress, para Justice. El vídeo mostraba a un grupo de jóvenes recorriendo París entre agresiones, carreras, destrucción y una violencia casi insoportable.Era una imagen del miedo urbano, del prejuicio, de la fascinación y del rechazo, todo mezclado en pocos minutos. 

Después llegó M.I.A., quizá una de las colaboraciones más decisivas de su carrera. Con Born Free, Gavras llevó su imaginario a un territorio todavía más brutal. El vídeo planteaba una persecución ficticia contra personas pelirrojas, una alegoría seca y despiadada sobre la violencia de Estado, la limpieza social y la fabricación del enemigo. Era incómodo porque no dejaba espacio para la distancia. La cámara seguía la redada, el encierro y la brutalidad con una frialdad que hacía imposible mirar sin sentirse implicado.

Esa misma capacidad para convertir una canción en un mundo aparece en No Church in the Wild, de Jay-Z y Kanye West con Frank Ocean. El vídeo, cargado de imágenes de disturbios, enfrentamientos con la policía y caos urbano, parece una pieza hermana de muchas obsesiones posteriores del director. Gavras filma la multitud como un organismo vivo, hermoso y terrible al mismo tiempo.

También trabajó con Jamie xx en Gosh, una pieza de escala monumental que volvió a demostrar su fascinación por las masas organizadas, los espacios abiertos y la belleza inquietante de los cuerpos en formación. Gavras tiene algo de coreógrafo del desastre. Sus mejores imágenes parecen nacer de una contradicción. Son bellas y violentas, elegantes y sucias, espectaculares y profundamente incómodas.

Su salto al largometraje llegó con Notre jour viendra, protagonizada por Vincent Cassel y Olivier Barthélémy. La película seguía a dos hombres pelirrojos en una huida delirante, una especie de viaje hacia ninguna parte atravesado por la identidad, el resentimiento y la fantasía de pertenecer a una comunidad imaginaria. No era una película fácil ni complaciente. Era más bien una prolongación natural de sus videoclips, pero con más espacio para el extravío, la rareza y el malestar.

La consagración internacional llegó con Athena, estrenada en 2022. La película arranca con una muerte que incendia un barrio y sigue a una familia rota por el duelo, la rabia y la imposibilidad de frenar la violencia. Su primer plano secuencia es ya una declaración de principios. La cámara avanza entre gritos, bengalas, policías, jóvenes encapuchados, vehículos en marcha y una tensión que parece no tener fin.

Para algunos, Gavras bordea el exceso, convierte la violencia en espectáculo y corre el riesgo de embellecer aquello que debería denunciar. Para otros, precisamente ahí reside su fuerza. En obligarnos a mirar la violencia sin la anestesia de la explicación cómoda.

Romain Gavras ha dejado de ser “el hijo de Costa-Gavras” para convertirse en un autor con una firma reconocible. Su obra parece hecha de fuego, cemento, música, juventud y fatalidad. Sus personajes suelen estar atrapados entre el deseo de escapar y la imposibilidad de hacerlo. Sus imágenes buscan la belleza en lugares donde otros solo verían amenaza. Y su cámara, incluso cuando se equivoca o exagera, nunca parece indiferente.

Romain Gavras no heredó simplemente un apellido. Heredó una pregunta. Qué puede hacer el cine frente a la violencia del mundo. Su respuesta ha sido filmarla con una intensidad casi salvaje, hasta convertir cada plano en una chispa. Y quizá por eso, aunque su obra incomode, fascine o irrite, resulta tan difícil apartar la mirada.

Súmate a

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio