Las contradicciones son parte de la condición humana. A menudo molesta cuando alguien señala las nuestras, supongo que porque creemos que nos hacen ver como menos racionales y más caprichosos. Trabajamos muy duro para ocultarlas y mostramos una capacidad sorprendente de imaginación para hacerlas pasar desapercibidas. Inventamos argumentarios a posteriori con la intención de dar a nuestro comportamiento una capa de supuesta racionalidad y nos indignamos cuando esta se descascarilla desenmascarando la cruda e impepinable realidad: somos contradictorios.
Vivimos en una sociedad en la que un grupo de personas ha decidido que se siente con la autoridad de decirle al resto quién es más español y quién lo es menos. Hacen bandera del orgullo patrio, pero -aquí llega su contradicción – se dicen muy preocupados por la islamización del país.
Es muy difícil sostener intelectualmente al mismo tiempo el orgullo de ser español y el rechazo a la cultura islámica. Mucho. La Patrona de Extremadura y Reina de la Hispanidad es la Virgen Negra de Guadalupe… y Guadalupe es un nombre árabe… y al mismo tiempo muy cristiano y muy español ¿De verdad es necesario decirlo? Este país, como cualquiera, es el resultado de la constante hibridación de pueblos. No existe la pureza cuando se habla de grupos humanos y en España rechazar lo islámico es reducir mucho su patrimonio cultural.
El término “islamización” hace referencia a la religión, pero también a cultura. El rechazo que algunos sienten hacia el Islam como credo -muchas veces sin conocerlo, reconozcámoslo – condiciona la forma que tienen de percibir la parte cultural. Si sumamos en la batidora el recelo hacia el inmigrante, una situación económico-social complicada, el discurso populista de “ellos son los malos. Nosotros los buenos” y lo sazonamos con la idea de la inseguridad y pérdida de identidad, tenemos como resultado ese miedo a la islamización, pero...
Frase que para algunos será hiriente: Desislamizar España es desespañolizarla. Es muy importante entender que, sin ninguna duda, una de las características que hacen especial a este país es el hecho de que es el único europeo con profundas influencias islámicas resultado de más de setecientos años de presencia de esta cultura.
La capital del reino es Madrid, palabra de origen árabe, como lo es el nombre de su patrona, Almudena. ¿Hay a caso algo más español que el Guadalquivir? ¿O que Albacete? El escritor más importante que jamás escribió en castellano nació en uno de los quince Alcalá que hay repartidos por la península. Las tradicionales migas extremeñas tienen origen árabe, y el gazpacho; las naranjas llegaron a la península porque las trajeron los Omeya en su conquista ¿Alguien imagina la ciudad de Sevilla sin sus naranjos o la Comunidad Valencia sin ser el mayor exportador mundial de esta fruta? ¿Le decimos a las Nurias, las Fátimas y las Azucenas que desislamicen sus nombres? Cerca del diez por ciento de las palabras que usamos son arabismos ¿Dejamos de decir “aceite”, “jarabe”, “limón” o “almohada”?
España no debería tener miedo a la islamización, debería estar orgullosa de la parte de esa cultura que hace a este país especial. Las costumbres cambian porque los pueblos lo hacen, pero esos cambios no destruyen idiosincrasias, al contrario, las dan forma. Las sociedades están vivas y todo lo vivo muta. Solo lo muerto permanece inerte.
Y sin haber insultado a nadie me ha quedado un artículo de esos que acarrean toneladas de mensajes de odio en mis redes. A menudo pienso que no debería escribir estas cosas, pero lo hago… contradicciones.
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