Si somos asépticos, una sociedad podría definirse como un conjunto de personas que comparte territorio y vive bajo normas y autoridades comunes. La realidad es mucho más compleja.
Según yo lo veo no hay sociedad si no hay conciencia de pertenencia al grupo. Un conjunto de individuos trabajando con objetivos compartidos. Personas que aportan a sus vecinos, que están dispuestas a ser útiles para los demás, y lo más importante: que aceptan cuidar a quien lo necesite porque el otro forma parte de un “nosotros” que hace imposible plantear que se permita que nadie quede atrás. Por alguien de los tuyos merece la pena esforzarse un poco más, guardarle la espalda y ayudarle cuando toque porque como dicen en Sudáfrica ubuntu -Soy porque somos -
¿Qué parte del concepto de sociedad acepta que se puede aprobar que una mujer de ochenta y siete años sea desalojada de la casa en la ha vivido desde 1956? ¿Qué leyes tiene nuestro estado que hacen legal que los intereses de un fondo buitre estén por encima de los de una ciudadana en situación de vulnerabilidad? ¿Cómo explicamos que nuestra sociedad tenga elementos que defienden la especulación con la vivienda frente al derecho de uno de los nuestros a tener un techo?
Googleando “desahucio” encontramos decenas de noticias que nos hablan de madres solteras, mujeres víctimas de violencia de género, familias coaccionadas, pensionistas, menores… más de 27.500 desalojos al año en España. Pongamos una media de dos personas por desahucio, eso significa que se echa de sus casas al equivalente de la población de Ibiza, de Huesca o de Segovia cada año. Eso es mucha gente. Nuestra gente.
El sistema tiene fallos, quizá el más grosero de todos sea que pretende que no veamos que el desahuciado que hoy aparece en el noticias puede ser el de cualquier de nosotros mañana. Han conseguido que aceptemos que la vivienda es un lujo solo al alcance de quien se lo pueda permitir y, lo que es peor aún, que asumamos esos 27.000 desahucios anuales como el fracaso del desalojado y no como el fracaso de una sociedad en su conjunto que no es capaz de garantizar un lugar digno en el que resguardarse a todos los integrantes de ese proyecto común al que llamamos sociedad.
Me pregunto cuáles han sido los principios sobre los que fundamos las leyes que moderan nuestra convivencia. En un mundo en el que no te puedes ir a vivir al bosque -legalmente no se puede – en el que cada centímetro cuadrado del territorio tiene propietario ¿Qué opción le queda a aquel que no consigue sobreponerse de un revés laboral? Si el sistema no está ahí para protegernos justo en momentos como ese ¿Cuándo está?
No deberíamos dejar a nadie morir de hambre si hay comida. No deberíamos dejar a nadie vivir con enfermedad si hay tratamiento médico. No deberíamos permitir que nadie duerma en la calle si hay terreno para construir vivienda. Discutamos sobre todo lo demás, sobre esto no.
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