Las mulas tienen fama de obstinadas. Avanzan cuando quieren, se detienen donde les parece y no siempre obedecen a quien sostiene las riendas. Pocas películas han hecho tanto honor a su título como La mula, una producción rodada en 2009 que necesitó casi cuatro años para encontrar el camino hasta las salas de cine.

La cinta adapta la novela homónima de Juan Eslava Galán y sigue a Juan Castro, un humilde acemilero interpretado por Mario Casas durante los últimos meses de la Guerra Civil. El joven soldado encuentra una mula extraviada, decide esconderla entre los animales de su compañía y comienza a imaginar un futuro junto a ella cuando termine la contienda. Entre el estruendo de las bombas, el hambre y la disciplina militar, el animal representa para Juan algo parecido a una promesa de vida normal.

La película pretendía mirar la guerra desde abajo, desde la perspectiva de quienes rara vez deciden nada, pero acaban cargando con las consecuencias. Sin embargo, mientras el personaje de Casas intentaba proteger a su mula de los oficiales y del frente, el propio largometraje comenzaba a perderse en otro campo de batalla.

Michael Radford y el rodaje que saltó por los aires

El director original era Michael Radford, cineasta británico conocido por películas como 1984El mercader de Venecia y, sobre todo, El cartero (y Pablo Neruda), nominada a varios premios Óscar. Radford también había trabajado durante años en el guion de La mula junto a Juan Eslava Galán y participaba en el proyecto como coproductor.

El rodaje se desarrolló principalmente en Andalucía, con localizaciones en la provincia de Córdoba, y estaba prácticamente terminado cuando estalló el conflicto. Según las informaciones publicadas en el momento del estreno, Radford dejó el set cuando solo faltaban cuatro días para concluir la filmación.

Aquí empieza una guerra de versiones en la que cada productora manejaba su propio parte de bajas.

Radford sostuvo que la productora española Gheko Films, encabezada por Alejandra Frade, no había firmado cierta documentación necesaria para acceder a las aportaciones previamente reservadas por el UK Film Council y el Irish Film Board. Según su relato, estaba en juego aproximadamente un millón de libras de financiación británica y otros 850.000 euros procedentes de Irlanda. El director aseguró que había suspendido temporalmente el rodaje para no cerrar la película antes de garantizar esos fondos y poder pagar a parte del equipo.

La productora española ofreció una versión completamente diferente. Frade acusó a Radford y a su empresa de incumplir sus compromisos financieros como coproductores y defendió que los contratos esenciales ya se habían firmado antes del inicio de la filmación. También afirmó que su compañía había adelantado cantidades que correspondían a los socios británicos e irlandeses.

No fue, por tanto, una sencilla huelga ni un desencuentro sindical al uso. Fue una pelea por contratos, derechos, financiación internacional y control sobre la película. En otras palabras, el tipo de discusión en la que nadie levanta la voz para pedir silencio en el plató porque todos están demasiado ocupados llamando a sus abogados.

Radford no regresó. El equipo, sin embargo, todavía tenía que terminar algunas escenas. El lunes siguiente a la marcha del cineasta británico apareció en el rodaje un nuevo director con el rostro oculto por un pasamontañas. Diversas informaciones identificaron posteriormente a aquel hombre como Sebastián -o Sébastien- Grousset, un realizador publicitario nacido en París y vinculado profesionalmente a España.

El sustituto se cubrió para no ser reconocido debido a la enorme tensión que se vivía durante aquellos últimos días de trabajo. La escena resulta difícil de mejorar incluso para un guionista con barra libre; Mario Casas caracterizado como soldado, una mula en mitad de un paisaje de guerra y, detrás de la cámara, un francés encapuchado intentando concluir una película abandonada por su director.

En algunos relatos se ha relacionado el pasamontañas con posibles problemas sindicales o con el temor a ser identificado como quien sustituía a Radford. Sin embargo, las fuentes periodísticas más sólidas no acreditan que una norma sindical obligara al realizador a ocultarse. Lo que sí sostienen es que se trató de una medida provocada por el ambiente de enfrentamiento y por el deseo de mantener en secreto la identidad de quien estaba rematando el rodaje.

Después del rodaje llegó la posproducción, que tampoco estuvo exenta de polémica. Radford acusó a la parte española de elaborar un montaje que él no reconocía como propio y trató de impedir que la obra se estrenara con su nombre. La productora siguió adelante y la montadora Teresa Font participó en la construcción de la versión finalmente exhibida.

El resultado fue una película cinematográficamente huérfana

Cuando La mula se presentó en 2013 en el Festival de Málaga, la dirección aparecía atribuida a “Anónimo”. También la parte correspondiente a Radford en el guion quedó escondida detrás de esa palabra. Era la consecuencia visible del acuerdo por el que el cineasta británico retiraba su nombre del largometraje.

Pocas películas españolas han tenido una autoría tan discutida y, al mismo tiempo, tan reconocible. Secun de la Rosa, integrante del reparto, defendió públicamente que la obra era esencialmente de Michael Radford porque el director había trabajado durante meses con los actores, había preparado los ensayos y había filmado casi todo el material. “Solo nos quedamos solos los últimos días”, explicó durante la presentación en Málaga.

Radford dirigió la inmensa mayoría del rodaje, Grousset habría completado las últimas jornadas y la versión definitiva fue montada sin la aprobación del primer director. La mula no carecía exactamente de realizadores, tenía demasiados, pero ninguno quiso -o pudo- asumir completamente la criatura resultante.

Tribunales, ayudas públicas y cuatro años de espera

El conflicto no terminó cuando se apagaron las cámaras. Las productoras se enfrentaron en procedimientos judiciales en España y Reino Unido, con reclamaciones económicas, discusiones sobre los derechos de explotación y acusaciones de incumplimiento contractual.

Además, la película quedó atrapada durante aproximadamente dos años en una disputa administrativa con el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales. La concesión de la calificación y de la nacionalidad española quedó bloqueada mientras se discutían los cambios producidos en los responsables del proyecto y la legitimidad de la versión presentada por los productores. Una resolución judicial acabó permitiendo que la cinta fuera reconocida y pudiera estrenarse comercialmente.

Finalmente, La mula llegó al Festival de Málaga en abril de 2013 y se estrenó en los cines españoles el 10 de mayo de ese mismo año. Mario Casas obtuvo la Biznaga de Plata al mejor actor, un premio que concedió a la película una victoria artística después de tantos años de derrotas burocráticas.

La respuesta a la pregunta “¿quién dirigió La mula?” depende de cuánto pese para cada espectador el rodaje, el montaje o la firma de los créditos. Michael Radford dirigió casi toda la filmación. Sebastián Grousset completó sus últimos días. La productora y la montadora dieron forma a la copia estrenada.

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora