Durante unos segundos, en mitad del mayor espectáculo televisivo del año, el ruido se detuvo. No por un touchdown ni por un anuncio millonario, sino por una imagen conocida: Brad Pitt caminando con esa calma peligrosa que convirtió a Cliff Booth en uno de los personajes más memorables del cine reciente. Bastó ese gesto para entender que no era un simple guiño nostálgico. Era el comienzo de otra historia.

La aparición del primer adelanto de The Adventures of Cliff Booth en la Super Bowl LX confirmó lo que hasta ahora era solo rumor: el universo de Once Upon a Time in Hollywood continúa. Y lo hace con una combinación difícil de ignorar. El guion vuelve a llevar la firma de Quentin Tarantino, pero la dirección pasa a manos de David Fincher, en una alianza tan improbable como fascinante. Netflix, además, respalda el proyecto, consolidando su apuesta por el cine de autor de gran escala.

Un regreso que mira hacia adelante

Volver a Cliff Booth no significa repetir la película de 2019. Aquella historia funcionaba como un cuento crepuscular sobre el final de una época en Hollywood, con la sombra de 1969 y la violencia real transformada en fantasía cinematográfica. Esta nueva entrega se sitúa varios años después, ya en plena década de los setenta, cuando el mito empieza a mezclarse con la resaca.

El tráiler apenas revela detalles argumentales, pero sí deja entrever un tono distinto. Booth ya no es solo el doble de acción fiel que acompaña a una estrella en decadencia. Ahora parece moverse solo, atravesando rodajes, carreteras y espacios donde el glamour convive con algo más áspero. Como si el personaje, liberado de su antiguo compañero, tuviera que enfrentarse por fin a su propio lugar en la historia.

La ausencia de Rick Dalton -el actor interpretado por Leonardo DiCaprio en la primera película- marca inevitablemente ese cambio. Sin ese contrapunto casi cómico y melancólico, todo apunta a una narración más introspectiva, quizá más cercana al western crepuscular que al juego cinéfilo original.

Los setenta como territorio moral

Si algo sugiere el adelanto es una reconstrucción minuciosa de la atmósfera setentera: música con polvo, coches que rugen demasiado, platós donde aún se fuma sin pedir permiso. Pero no se trata solo de estética. En el cine de Tarantino -y previsiblemente también en esta continuación- el pasado funciona como una pregunta más que como refugio.

Mirar a los setenta desde 2026 implica hablar de una industria en transformación, de mitos que empiezan a agrietarse y de una violencia que deja de ser espectáculo para convertirse en memoria incómoda. Cliff Booth, siempre en los márgenes, parece el guía perfecto para ese viaje: alguien que pertenece al sistema sin formar realmente parte de él.

A esa travesía se suman nuevos nombres como Elizabeth Debicki, Yahya Abdul-Mateen II y Scott Caan, ampliando un reparto que sugiere conexiones todavía ocultas. El misterio, por ahora, sigue siendo parte esencial de la propuesta.

La verdadera rareza del proyecto está detrás de la cámara. Tarantino, conocido por su control absoluto sobre cada plano, cede aquí la dirección para centrarse en su anunciada décima y última película. En su lugar aparece Fincher, cineasta de precisión milimétrica, obsesionado con el detalle y la psicología de sus personajes.

Netflix y el nuevo mapa del cine adulto

Que una película de este calibre nazca vinculada a Netflix confirma un cambio que ya no parece provisional. Las plataformas no solo compiten en cantidad, sino también en prestigio y autoría. Fincher ha sido una figura clave en ese tránsito, y esta producción refuerza la idea de que cierto cine adulto encuentra hoy más libertad fuera del circuito tradicional.

No es un detalle menor: el Hollywood que retrata la película -analógico, físico, imprevisible- contrasta con la forma contemporánea de consumir imágenes. Quizá por eso el proyecto despierta tanta expectación. Porque promete, de algún modo, reconciliar dos tiempos distintos del cine.

Todavía no hay demasiadas certezas sobre The Adventures of Cliff Booth. Ni trama completa, ni fecha definitiva, ni pistas claras sobre su desenlace. Y, sin embargo, la conversación ya está en marcha.

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