La masacre de la carretera de Málaga a Almería fue el gran drama olvidado, el genocidio silenciado. Fue una auténtica vergüenza para el franquismo pero al mismo tiempo para la República. Hasta hace pocos años ni siquiera en Málaga conocían el que supuso el mayor y peor crimen colectivo de la contienda española. Una masacre muy superior a la acontecida en el bombardeo de poblacion civil en Guernica. En la localidad vasca murieron -perdón, asesinaron- a  250 personas. En el tramo de la muerte de la carretera a Almería fueron 5.000 los asesinados.

Más de 200.000 huidos, más de 5.000 fallecidos
Si Guernica ha sido conocido internacionalmente como un cruento episodio y banco de pruebas de Hitler afectando a 5.000 personas, en la "Desbandá" fueron 150.000 personas las que huían del terror derivado de la entrada en Malaga de las tropas franquistas, en su mayoría mujeres y niños malagueños. Cálculos actuales de historiadores como el profesor Miguel Ángel Melero de la UMA, elevan la masa humana perseguida y acosada hasta más de 250.000 y las bajas mortales hasta 8.000. También incrementan el número de fallecidos por hambre, frío y agotamiento físico o acribillados por tierra mar y aire, por el ejército franquista, los "camisas negras" italianos y aviones alemanes. Miles de familias, de criaturas humanas que huían de lo que presuponían que iba a ser una muerte segura en una "Málaga la Roja" en parte abandonada por la República. Una diáspora temiendo la feroz represión de un genocida y sádico llamado Gonzalo Queipo de Llano.

Acosados y masacrados por tierra, mar y aire
Como recordábamos en su aniversario, cientos de miles de personas fueron literalmente masacradas por tierra, mar y aire. Metralla, balas, cañonazos y bombas recibió esta muchedumbre humana, descalza, fatigada y con hambre. Acosados desde el aire por aviones alemanes e italianos mientras en un sandwich criminal, las tropas nacionales fascistas los acosaban bombardeándoles desde el mar. Niños, mujeres y ancianos en su mayoría, morían de hambre, de frío, de agotamiento físico y por las letales heridas de dos barcos, el Cervera y el Canarias, en paralela y siniestra compañía desde las playas. Pero también morían por el acoso de la aviación alemana más la metralla que les llegaba desde las sierras y montes de la zona .Todo un angustioso viaje realizado por el litoral que une las dos provincias y al que personas de otros pueblos del trayecto se unían en su huida por la pervivencia.

Nunca habló de "La Desbandá", una mudez provocada
Carmen, 92 años, vive en la popular barriada malagueña de Fuente Olletas. Carmen Pacheco Arroyo nació un 12 de enero de 1925. Es una sobreviviente de ese viaje a "alguna" parte y de esa trágica huída. Vivió con doce años ese horrible periplo desde Málaga hasta la capital del Poniente andaluz. Sufrió atrocidades con su familia, su madre y cuatro hermanos más. Durante ochenta años permaneció silente con esa masacre vivida en primera persona, como casi todo el mundo en Málaga. Jamás concedió una entrevista, jamás quiso hablar o rememorar el horror de “La Desbandá”. Miedo, terror al recuerdo pudieron ser su razones para esa afasia provocada. Más tarde, en un régimen de libertades recuperadas, Carmen permaneció callada. Ni con vecinas, ni tan siquiera con amigos comentó que fue una víctima más. Tal vez pesó el deseo de mandar al hemisferio del "no recuerdo" esas negras y luctuosas imágenes. En este momento me acuerdo del libro de Dulce Chacón, "La voz dormida" y su adaptación cinéfila. Ha sido muy emotivo, muy satisfactorio poder hablar con ella tras ocho décadas de mutismo y mudez.

Dos horas con Carmen, 120 minutos con otra "Voz dormida"
Llego a su piso de Fuente Olletas. Su familia, tan amable como ella, me pone un café. Siendo la fecha que es también mantecados y polvorones y estando en Málaga, de Antequera, por supuesto. No como ningún dulce, solo el café y repito un segundo. Estoy muy centrado en el poderoso atractivo del personaje y en la gran ocasión de entrevistarla. Me hallo delante de la historia, de la real, no de la escrita y a veces de manera falsa, subjetiva, fría y lejana. Carmen me dice “Come, come niño, ya pasó el tiempo de la hambre”. "Lela" atrae por su serenidad "inquieta", por cómo habla sin aspavientos ni rencor. Con una delgadez ágil y elegante, con una "salaura" simpática y pizpireta, atrae y cautiva. Si un sentimiento anida en su alma sería alguna porción de temor. Nada de resentimiento ni rencor sale de sus labios en dos horas largas de conversación. Me da la impresión de que la tragedia sigue aún vigente al menos en su alma. Han pasado 80 años, cuando era ella tan solo una niña pero parece como si fuera ayer.

"Olvido a medida"
Carmen, “Lela" (diminutivo de Carmela) está bien de salud física y mental aunque alguna laguna le arriba a lo largo de la conversación. No habla desde el rencor, si acaso desde el miedo aún a un hecho que no olvidará pero del que no habló jamás con nadie y ni mucho menos a la prensa. Es la primera vez que habla con un periodista. “No he querido saber nada... yo a mi vida y ya está". "No he hablado de política nunca", "No éramos de nada". Además me confiesa que no ha querido conocer a más personas que huyeron con ella. "No soy de nadie, soy de mi casa", dice como forma expeditiva de dar por zanjada esta cuestión. En Málaga hablar del pasado fue un tabú. Para José Luis Escobar, psicólogo y sobrino presente en las bambalinas de la entrevista, comprometido desde hace años con los valores democráticos y cómplice de la entrevista, se trataría de un "olvido a medida", una explicación científica que implica un recurso por el que una persona no quiere evidenciar determinadas realidades o recuerdos concretos.

Las primeras imágenes del inicio de la masacre le retrotraen a Málaga. Es la visión de cuatro aviones en la Alameda de Capuchinos. Habla de su padre y del fielato, lugar donde trabajaba su progenitor. “Por el Camino de Antequera están entrando las tropas de Franco”, les dijo poco antes de partir a esa particular hégira. "Vienen los moros que cortan el cuello a las mujeres y matan a los niños”. Rememora como todos repetían en Málaga “Vienen los nacionales matando a la gente de la zona roja". Como consecuencia de ello marchan de la Alameda a Puerto de la Torre. Le viene a la memoria como se llevaron unos colchones a esa zona supuestamente más protegida de Málaga de la amenaza de los nacionales. Solo "supuestamente".
Hay quien me recuerda a esta altura de la entrevista como en esos días dos militantes socialistas exhortaban a otro compañero de la siguiente manera: “Vámonos para el barco, hay que irse de Málaga”. Con la candidez de las personas honestas este militante les contestó: “Yo me quedo, no he hecho ná”. Y finalmente, fatalmente, no se fue, se quedó. A los pocos días fue fusilado por órdenes de ese bárbaro, sádico, genocida y borracho llamado Gonzalo Queipo de Llano.[[{"fid":"73667","view_mode":"default","fields":{},"type":"media","attributes":{"style":"font-size: 1em;","class":"img-responsive media-element file-default"}}]]El éxodo: Desde El Palo destino a Almería


En este contexto, Carmen junto a su familia también emprenden viaje a Almería junto a miles y miles de personas. Su abuela pidió a su compadre un carro y una mula. Los cinco hermanos, Carmen, Antonio, Teresa, Pepe y Manuela junto a su madre dejan Málaga. Esta última la más pequeña y a cuyo hijo, José Luis, debemos la intermediación para hacer posible esta entrevista. Unos andando y otros a pie. Nos destaca como su padre se tuvo que quedar pues era funcionario y si abandonaba el puesto "lo mataban seguro". "
Éramos cinco y ya no queda ninguno, nada más que yo", me dice inspirando aire al mismo tiempo que suspirando ternura. Se pone nerviosa. Bebe agua con una pastilla habitual para los momentos en que se altera.


Llegan a Almería. Encuentran a un familiar concejal de izquierdas de Málaga. Duermen en el suelo. Hace frío pues es febrero.Frío y humedad marítima se juntan con el hambre y el desfallecimiento físico. Recuerda como los nacionales abrían las compuertas del río para inundarlos de agua y que se fueran. Sadismo se llama eso. Paran en muchos pueblos del litoral. En algunos reciben ayuda de la población, en otros el miedo de la población a la represión lo impide. Malcomen con caña de azúcar. Hambre, frío, cansancio, fatiga, miedo, y acoso de los golpistas. La madre intenta recoger algo de dinero en distintos localidades del trayecto cosiendo uniformes y ropa de los militares. Así y lavando ropa llegan hasta Almería.

Y hasta Castellón
De Almería, ayudados por algún amigo de la familia emprenden viaje hasta Castellón. En la ciudad valenciana los reparten por casas ya que las tropas franquistas entraban en Barcelona. Vuelven destino a Málaga. Paran en Baza (Granada). Allí están unos meses ayudados por un sargento que conocían. Malviven a costa de nuevo de coser, lavar ropa, limpiar escaleras. Malviven sí… pero viven. Comienzan a llegar noticias de que Málaga está más “tranquilizada”. 

Y vuelta a Málaga pasando por Granada
Llegan a Málaga y vuelven con su padre. Pero la desgracia no vive sola en muchas ocasiones. Carmen, "Lela", tiene que sufrir aun más. A los pocos meses fallece su madre con tan solo 35 años. Esa puta amenaza a la mujer, ese puto cáncer de útero, se la lleva. Huérfanos de madre, con cuatro hermanos y el padre, Carmen se pone a trabajar en un laboratorio de vidrio fabricando ampollas para las inyecciones. Luego, más tarde en el que sería su trabajo de toda la vida como fue en un taller de costura de su tía, "costura de puntos" me subraya con cierto orgullo profesional. Allí labora hasta su jubilación rodeada de máquinas para tejer el punto y confección. Se jubila dos años antes gracias a la computación del primer trabajo. "Me queda la paga”, dice ufana y con un punto de orgullo.

En este momento y sin pregunta alguna me dice una de las frases que más me impactó de este encuentro. "Si estos -refiriéndose a los nacionalistas catalanes- hubieran vivido la guerra no harían tonterías, no armarían este jaleo”. (Esta entrevista se realizó 48 horas antes de las elecciones catalanas). Insiste y reitera “Esta gente que se ha puesto así en Cataluña!... la que van a liar estos… deberían haber vivido una guerra como yo. Se dejarían de tonterías".

Nunca volvió a viajar
Es curioso, pero nunca ha vuelto a salir de Málaga desde su regreso de Castellón. En 80 años no ha vuelto a viajar. Parece como si la “Desbandá” hubiera apagado cualquier ansia viajera. Si existe un horror vacui también podría existir un “horror a viajar”. Solo en una ocasión lo hizo y fue a Tánger donde residía parte de su familia. Una vez tan solo. Curiosidad que da que pensar.

Su día a día es su familia en su casa con la esposa de un sobrino y su sobrino nieto. Su compañero diario es su Cola Cao. A veces baja a tomárselo en un bar de su barrio de Fuente Olletas. “Un bar de un chino” dice con risa sorpresiva. No le gusta comer en la calle. La pizza se la preparan y se la come en su casa.

Terminamos la entrevista y seguimos hablando. Carmen me reseña aspectos de su familia, de sus costumbres, de sus programas de televisión, de su cotidianidad tranquila y habitual en su casa. Carmen, "Lela", me ha recordado al personaje de Julia Conesa de la "Voz Dormida". Aquella joven que horas antes de que su vida, arrebatada por los mismos que provocaron "La Desbandá", finalizaba una carta dirigida a su madre inquiriéndole a "Que mi nombre no se borre de la historia". Ochenta años después Carmen ha querido dejar su testimonio. No ha querido que ni su nombre ni el de miles y miles más se borren de la historia. Gracias, Carmen. Eres memoria, eres historia. Eres grande, Lela.