Lo que la jueza de Barcelona que instruía el caso no consiguió, el magistrado De la Mata,sí. Su Señoría, junto a la fiscal del caso, Belén Suárez, ha logrado información que demostraría que Jordi Pujol tuvo cuentas en el Principado Andorrano. Desplazándose in person a Andorra e interrogando a los presuntos implicados en la trama –se dice que son los testaferros de la familia Pujol en el país pirenaico, aunque el secreto de sumario nos impide confirmar tal extremo-, han vuelto a España con documentación que, presuntamente, probaría el conocimiento de Pujol en este asunto tan nebuloso y confuso.

Lo que el expresident de la Generalitat dijo acerca del dinero, al que se refirió como un simple legado de su padre, Fulgenci Pujol, se ha venido abajo.

La carta de la que habló en su día, en la que el padre de Pujol se dirigía a Marta Ferrusola explicando lo mucho que le preocupaba que su hijo se metiese en política y que por eso pensaba dejarle un “dinerito”, por si acaso, no sirve de nada al no estar firmada. Que ni su hermana ni su cuñado supiesen nada de tal legado, menos.

La acusación que pesa sobre su primogénito Jordi Pujol Ferrusola por blanqueo de capitales, y la relación que podría establecerse entre este caso y el suyo, tampoco le favorece. Los rumores que existen acerca de la conexión entre el caso del tres por ciento, por cobro de comisiones ilegales y financiación ilícita de su partido, Convergència, es el penúltimo clavo en el ataúd político y vital de los Pujol.

¿Cómo piensa, entonces, defenderse el padre del nacionalismo catalán, que se jactaba de que no podían darle lecciones de moral, que aplastó todo signo de oposición política en Cataluña a lo largo de casi tres décadas? Muy simple: adoptará lo que en círculos judiciales ya se conoce como la doctrina Infanta. No sabía, no le constaba, no lo recuerda.

Pero la entidad bancaria andorrana Adnbank si tiene memoria. En dos cartas les consta que Pujol padre conocía lo que pasaba y que su pretendido desconocimiento no era tal. En la primera, firmada por su hijo Jordi, éste dice claramente que su progenitor es el titular de una cuenta con un 1.800.000 euros. En la segunda, más aclaratoria si cabe, fechada en el 2001, es el propio Pujol padre el que reconoce ser el titular de la misma añadiendo que, en caso de fallecimiento, el dinero debe pasar a manos de su mujer.

¿En qué quedamos? ¿Sabía o no sabía? Lo que sí está claro es lo que desea saber el juez: el origen de esas cantidades, porque ahí radica el meollo del asunto. Si son capitales de origen familiar, el legado paterno, es una cosa; ahora bien, si proceden de otras fuentes, la cosa cambiaría y mucho para Pujol. Su Señoría no ha dudado en calificar a la familia Pujol como “organización criminal”, y mal lo tienen ante el sesgo de la instrucción.

Pujol padre sabe que no puede demostrar, al menos a día de hoy y a excepción de un golpe de efecto de última hora, la procedencia de ese dinero. El mismo lo dijo, insistimos, cuando compareció ante el parlamento catalán, al remarcar que la carta de su padre a Ferrusola no podía tener valor alguno. Quizás por eso acabó abroncando a los parlamentarios presentes. No era un ataque de ira. Era un ataque de miedo.




Es todo un sistema, es el oasis catalán el que comparece ante el juez De la Mata






Pero no hay que hacer recaer únicamente la ley sobre el viejo león nacionalista. Porque este miércoles, junto a Pujol y a su mujer, estarán sentados en espíritu todos aquellos políticos que pactaron con él a sabiendas de que “algo podía haber”, todos los seguidores y colaboradores necesarios para que todo esto pasase, todos los periodistas que se vendieron la conciencia y la ética por un plato de lentejas, o de caviar, lo mismo da. Es todo un sistema, es el oasis catalán el que comparece ante el juez De la Mata, la omertà terrible que aún, a día de hoy, pesa como una losa podrida en la vida catalana.

A Pujol se le juzga y deben ser los tribunales quienes dictaminen su culpabilidad o su inocencia. Pero sus herederos políticos siguen activos, muy activos. Y sus listas negras, sus simonías, sus cambalaches, también. Su concepto del monopolio de todo, en suma.

Pilar Rahola en una entrevista a Artur Mas en la emisora del Grupo Godó pidió que, para pactar con Pedro Sánchez, lo primero que debía exigírsele era que la Fiscalía retirase la querella contra él. Xavier Sardá, presente en el estudio, se asombró. “¿Tú crees que si Sánchez fuese presidente podría hacer tal cosa?”. Ella dijo que claro, porque todo estaba politizado, añadiendo que vivíamos en un estado policial. La calle, los medios de comunicación e incluso los jueces pretenden que sean suyos.