El vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, ha vuelto a situar el debate sobre los fenómenos aéreos no identificados en el centro de la conversación pública tras unas declaraciones que han generado sorpresa y polémica a partes iguales. En una reciente entrevista en un pódcast conservador, Vance ha afirmado que no cree en los extraterrestres tal y como suelen describirse, sino que, en su opinión, estos fenómenos podrían tener una naturaleza “demoníaca”. Además, ha reconocido abiertamente que se encuentra “obsesionado” con el tema y que ha prometido investigarlo a fondo.

Sus palabras han llegado en un momento especialmente delicado para Estados Unidos, marcado por la guerra en Irán, el aumento de los precios de bienes básicos y el caos en aeropuertos debido al cierre parcial del gobierno. Sin embargo, lejos de centrarse en estas cuestiones, Vance ha mostrado un entusiasmo notable al abordar el fenómeno OVNI —o UAP (fenómenos anómalos no identificados, por sus siglas en inglés)—, asegurando que aún no ha podido dedicarle el tiempo suficiente, pero que planea hacerlo.

No he podido dedicarle suficiente tiempo, pero lo haré. Créame, estoy obsesionado con esto”, ha declarado. El vicepresidente también ha insistido en que utilizará su acceso a información clasificada para examinar documentos, instalaciones y testimonios oficiales. Incluso ha reconocido que ha intentado visitar lugares emblemáticos como el Área 51 o el supuesto Hangar 18 en Ohio, aunque sin éxito hasta ahora.

Una interpretación religiosa del fenómeno

Más allá del interés político o científico, Vance ha dejado clara su interpretación personal, profundamente influida por su fe cristiana. Según ha explicado, considera que muchas de las experiencias que se atribuyen a extraterrestres podrían ser en realidad manifestaciones espirituales.

No creo que sean extraterrestres, creo que son demonios”, ha afirmado. En su discurso, ha defendido que las grandes religiones del mundo han reconocido desde hace siglos la existencia de fenómenos difíciles de explicar, y que el error moderno ha sido reinterpretarlos exclusivamente desde una perspectiva extraterrestre. “Creo que uno de los grandes engaños del diablo es convencer a la gente de que nunca existió”, ha añadido. Esta visión ha reavivado un debate que mezcla fe, ciencia y política, generando tanto apoyo entre sectores conservadores como críticas desde ámbitos más escépticos.

El impulso político: desclasificación de archivos

El interés de Vance ha coincidido con una iniciativa impulsada por el presidente Donald Trump, quien ha ordenado recientemente a varias agencias federales comenzar el proceso de identificación y publicación de archivos relacionados con la vida extraterrestre y los UAP. Trump ha justificado esta decisión por el “enorme interés público” que despierta el tema, aunque no ha aclarado si la información se hará completamente pública.

En este contexto, agencias gubernamentales han dado pasos que han alimentado aún más la especulación. A principios de mes, la Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad ha registrado dominios web como alien.gov y aliens.gov, lo que ha provocado nuevas preguntas sobre qué información posee realmente el gobierno estadounidense. Cuando se le ha preguntado directamente si estos archivos se harán públicos, Vance ha respondido con cautela: “Estamos trabajando en ello”.

A pesar del creciente interés político, el Pentágono ha mantenido una postura prudente. En un informe publicado en 2024, ha concluido que no existen pruebas de tecnología extraterrestre en los fenómenos investigados, atribuyendo la mayoría de los casos a globos, satélites, aeronaves o errores de percepción. No obstante, la presión social y política ha continuado aumentando, impulsada también por declaraciones de figuras públicas. El expresidente Barack Obama ha tenido que matizar recientemente unas palabras en las que parecía sugerir que los extraterrestres eran reales, aclarando posteriormente que no había visto pruebas durante su mandato.

El interés por los ovnis no es nuevo, pero las recientes declaraciones de Vance han añadido un componente inusual al debate: la reinterpretación religiosa de estos fenómenos. Mientras instalaciones como el Área 51 han alimentado teorías durante décadas, documentos desclasificados han mostrado que muchas de estas bases se han utilizado principalmente para pruebas militares durante la Guerra Fría.

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