La Asamblea General de Naciones Unidas arranca esta semana con Donald Trump de nuevo en el centro de la escena y con Oriente Próximo con más frentes abiertos que el año pasado. El presidente estadounidense llega a Nueva York con el discurso de quien reivindica avances hacia la paz, pero la realidad sobre el terreno le contradice, con el estrecho de Ormuz aún sometido a fuertes restricciones tras seis meses de hostilidades y el plan para consolidar el alto el fuego en Gaza muy lejos de completarse. Trump intervendrá el martes 22 de septiembre, en la primera jornada del debate general de la 81ª Asamblea General. Brasil abrirá la sesión y, después, será el turno de Estados Unidos. La agenda oficial se extenderá hasta el 26 de septiembre y se reanudará el día 28, con reuniones y actos oficiales durante toda la semana.
El regreso del presidente estadounidense se produce en un escenario muy distinto al de 2025. Entonces, el gran foco de Washington estaba puesto en cerrar la guerra de Gaza y en proyectar la imagen de Trump como negociador capaz de desbloquear un conflicto que llevaba dos años consumiendo vidas y recursos. Ahora, el expediente palestino sigue sin estar resuelto y la prioridad estratégica de la Casa Blanca se ha desplazado, en buena medida, hacia Irán y la seguridad de las rutas energéticas, muy mermadas tras el cierre de facto de uno de los pasos petrolíferos más importantes del mundo.
La contradicción será difícil de ocultar desde la tribuna de Naciones Unidas. Trump puede presentar el alto el fuego de Gaza y la arquitectura de su denominado Board of Peace como ejemplos de su diplomacia, pero sus palabras no se traducen a una aplicación real sobre el terreno. El plan estadounidense contempla el desarme de Hamás, una nueva administración palestina, una fuerza internacional de estabilización y la retirada progresiva de las tropas israelíes. La hoja de ruta publicada en julio estableció esas fases, pero las negociaciones y la reconstrucción continúan atascadas y no son, evidentemente, tan sencillas. El enclave ha dejado atrás la fase más intensa del genocidio, pero la devastación y la crisis humanitaria no se borran de repente.
Negados de nuevo los visados diplomáticos a representantes palestinos
El debate de la ONU estará marcado por un gesto que ya levantó mucha polémica en 2025: Estados Unidos ha vuelto a negar visados a altos representantes palestinos, incluido Mahmud Abás. La Asamblea General aprobó que el presidente palestino pueda intervenir mediante un mensaje grabado, como ya ocurrió el año pasado, pero no que estuviera presente en el debate. La resolución salió adelante con 152 votos a favor, tres en contra y cuatro abstenciones.
La otra gran carpeta será Irán. La guerra entre Washington y Teherán, iniciada hace más de seis meses, ha alterado el equilibrio regional y convertido la seguridad energética en una cuestión global. El estrecho de Ormuz, por donde circula una parte fundamental del petróleo y del gas mundial, sigue sometido a restricciones, mientras los hutíes han intensificado la presión sobre la navegación en el mar Rojo. Esta semana, Irán afirmó haber atacado un petrolero en el paso, elevando todavía más la tensión alrededor de una de las principales arterias comerciales del planeta. Por todo ello, se puede decir que los horizontes diplomáticos de Oriente Medio son más inciertos que el año pasado.
Trump llega, además, con la necesidad política y discursiva de demostrar que su estrategia hacia Irán ha producido resultados. La Casa Blanca sostiene que las capacidades nucleares iraníes han sido severamente dañadas y que su presión militar y económica persigue forzar a Teherán a aceptar un nuevo marco. Irán, por su parte, mantiene una posición desafiante y las conversaciones directas no han desembocado hasta ahora en un acuerdo duradero.
¿En qué lugar queda Naciones Unidas?
Dentro de todo este asunto aflora una pregunta clara, que es cuál es realmente el peso o el rol que juega la Organización de Naciones Unidas en este conflicto. Los precedentes no invitan al optimismo, y el organismo llega a la Asamblea General debilitado financieramente y sometido a una fuerte presión política. Estados Unidos, pese a su tradicional peso dentro de la organización, ha reducido financiación y ha cuestionado reiteradamente su funcionamiento. Esta semana, sin embargo, Washington realizó un pago de 725 millones de dólares que evitó que perdiera su derecho de voto por acumulación de cuotas pendientes.
Parecido a como pasa con la OTAN, Trump necesita a Naciones Unidas para influir en el escenario global, aunque su Administración ha preferido, durante buena parte de su mandato, valerse de mecanismos de negociación paralelos y acuerdos directos entre Estados sin pasar por el paraguas del organismo supranacional. El Board of Peace es el ejemplo más visible de esa tendencia.
En Nueva York también estarán sobre la mesa las relaciones de Israel con sus vecinos, la navegación en el mar Rojo, la situación del Líbano y Yemen y la posibilidad de recomponer algún tipo de diálogo con Irán. Israelíes e iraníes figuran entre los protagonistas del calendario de intervenciones: el primer ministro Benjamin Netanyahu y el presidente iraní Masoud Pezeshkian están previstos entre los líderes que se dirigirán a la Asamblea. Trump, entretanto, tendrá una agenda paralela intensa. Está previsto que mantenga contactos con dirigentes del Golfo y que se reúna con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, que asumió el cargo después de que Nicolás Maduro fuera depuesto y encarcelado.
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