La volatilidad intrínseca a Donald Trump invita a los líderes europeos a mantener la prudencia por lo que pueda ocurrir. El presidente movió ficha el viernes, delegando en el Pentágono el anuncio de un primer recorte de 5.000 soldados norteamericanos desplegados en suelo alemán que irá a más en los “próximos seis o doce meses”. Berlín y la OTAN mostraron – con muchos matices – su sorpresa ante la maniobra del magnate, que ha encontrado más oposición entre las filas del Partido Republicano que en la Alianza e incluso en la Unión Europea. Pocas voces se atrevieron este sábado a adentrarse en terreno pantanoso. Tan sólo Donald Tusk, primer ministro de Polonia, alzó ligeramente la voz al denunciar la “desintegración” del Pacto Atlántico y no por la injerencia de “enemigos externos”. La ausencia de voces críticas ha motivado al magnate a redoblar su órdago a sus presuntos socios, aventurando que el recorte militar será mucho mayor.
En la madrugada del sábado al domingo – hora local - Trump atendía a un grupo de periodistas desde Florida, desde donde agitó el fantasma del miedo europeo a un posible efecto dominó. Los 5.000 efectivos que retiraría de territorio germano no serían los únicos. El tijeretazo militar será mucho más grande que lo que barruntaba el anuncio inicial del Pentágono, lo que lleva intrínseco un órdago a la grande a todo el Pacto Atlántico y a una Unión Europea que, en paralelo, estudia las posibles acciones contra la reanudación de la guerra arancelaria que el propio republicano anunció el viernes.
En ese terreno de juego se disputa un partido que amenaza con mover las fichas de un tablero geopolítico inamovible desde los tiempos de la Guerra Fría. Trump, fiel a su incontinencia verbal y amenazadora, deslizaba ante los medios que su Administración pretende ampliar la retirada de tropas desplegadas en Alemania más allá de la cifra comunicada por el Departamento de Defensa – o de Guerra -. “Vamos a reducirlo considerablemente”, advertía el magnate, antes de precisar que lo recortarán “mucho más allá de los 5.000” efectivos iniciales.
El viernes, un portavoz del Departamento de Defensa diseccionaba que el proceso de repliegue se completaría en un plazo aproximado de doce meses, si bien aún la Administración no ha concretado el alcance final de la maniobra ni cómo será la redistribución de las fuerzas tras su ejecución. Amenazas mediante, el movimiento de la Casa Blanca se encuadra en un marco de máxima tensión diplomática con Berlín, acentuado tras un desencuentro público entre el líder republicano y el canciller alemán, Friedrich Merz, a principios de esta semana, cuando el premier germano sugirió que Irán había “humillado” a Estados Unidos.
Las palabras de Merz, sumadas a la tensión constante con Washington por – según denuncia Trump - estafar a Estados Unidos durante años y no brindarle apoyo en su cruzada imperialista en Irán, desataron la ira del magnate. Pese a todo, la Unión Europea, que ya advirtió a la Casa Blanca de que mantiene “todas las opciones abiertas” para proteger a los Estados miembros ante su nueva cruzada arancelaria, aún no se ha pronunciado abiertamente sobre el presunto agravio contra uno de sus principales pilares.
Oposición interna
El primer ministro polaco, Donald Tusk, fue quien pronunció las palabras más duras al advertir de la “desintegración” de la OTAN. “La mayor amenaza para la comunidad transatlántica no es la de enemigos externos, sino la desintegración en marcha de nuestra alianza”, precisaba el premier europeo a través de un mensaje en redes sociales. En este sentido, sin profundizar en exceso, hacía un llamamiento al conjunto de los aliados para “hacer todo lo necesario” con el fin de “revertir esta tendencia desastrosa”. Eso sí, sin una mención expresa al agravio de los Estados Unidos.
De hecho, las reacciones más críticas a la maniobra del inquilino de la Casa Blanca llegaban desde su propio partido. Los congresistas republicanos Roger Wicker (presidente de la Comisión de Servicios Armados del Senado) y Mike Rogers (presidente de la Comisión de Servicios Armados de la Cámara de Representantes), manifestaban su “preocupación” por la decisión de Washington y reclamaban a su líder que cualquier cambio en el ámbito del despliegue militar en el Viejo Continente debe ser revisado y coordinado con el Congreso, así como con los aliados de Estados Unidos.
Sendos congresistas alertaban sobre las “implicaciones para la disuasión y la seguridad transatlántica”, dado que aunque los países europeos eleven al 5% el gasto militar, alcanzar las capacidades disuasorias convencionales no se consigue de la noche a la mañana. Por supuesto, apuntaban, la retirada prematura de las milicias estadounidenses del Viejo Continente no sólo no ayuda, sino que “podría socavar la disuasión y enviar un mensaje equivocado al presidente ruso, Vladimir Putin”.
Berlín y la OTAN se amilanan
Las reacciones de Tusk y de los legisladores republicanos contrastan, sin embargo, con el acto de genuflexión de la OTAN y la rebaja del tono de Berlín. La Alianza reclamaba este sábado a Estados Unidos que aclare los pormenores de su decisión. A través de una publicación en redes sociales, la portavoz Allison Hart, sugería que se está trabajando con la Casa Blanca para “comprender los detalles” del recorte militar en Alemania.
La portavoz de la OTAN, que dulcificó la decisión de Trump para rebajarla a un mero “ajuste”, entiende que el movimiento “subraya la necesidad de Europa para seguir invirtiendo más en defensa” y “asumir una mayor parte de responsabilidad en la seguridad conjunta”. La Alianza recordó los “progresos” realizados hasta la fecha en el compromiso de los aliados de Estados Unidos para invertir un 5% de su PIB en Defensa, tal y como se acordó en la cumbre de La Haya del pasado año. “Seguimos confiando en nuestra capacidad para garantizar nuestra capacidad de disuasión y defensa a medida que continúa este cambio hacia una Europa más fuerte en una OTAN más fuerte”, remató.
Un carril que siguieron también desde Berlín. El ministro de Defensa de Alemania, Boris Pistorius, diluyó el órdago del magnate entre los intentos europeos por la emancipación comunitaria en el ámbito de la seguridad. Incluso tachó de “predecible” el recorte militar de Estados Unidos. Para Berlín, supone un indicio de que los aliados europeos en la OTAN deben reforzar su cooperación para garantizar su seguridad mutua.
“Como europeos, tenemos que asumir una mayor responsabilidad sobre nuestra propia seguridad”, deslizaba el titular de Defensa germano en declaraciones a la agencia DPA, en un intento por rebajar la tensión con Washington que adornó con la garantía de una colaboración estrecha con Estados Unidos “por la paz y la seguridad en Europa, por Ucrania y la disuasión conjunta”.
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