El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la líder de la oposición en Venezuela, María Corina Machado, se ven este jueves en la Casa Blanca por primera vez después de los ataques aéreos que la Administración de Trump perpetró sobre Venezuela el pasado 3 de enero, así como la detención de su presidente, Nicolás Maduro. Este encuentro, además, llega después de que el magnate estadounidense haya cerrado la puerta a la opositora venezolana desautorizándola para ser quien suceda a Maduro en la presidencia del país y con un Premio Nobel que Machado recibió el pasado mes de octubre y que ha utilizado en las últimas semanas para tratar de acercar posturas con Trump, llegando incluso a ofrecerle el premio.
Pasaban apenas pocas horas de los bombardeos, cuando el presidente estadounidense respondía tajante a Machado, rechazando la idea de la opositora venezolana de ser ella quien cogiera el relevo de Maduro. "No tiene el apoyo ni el respeto suficientes dentro del país", aseguraba el magnate. Sin embargo, en lo que sí cedía era en hacerse él con el control de Venezuela. "Vamos a controlar Venezuela hasta que haya una transición segura. Hemos llevado a cabo un asalto contra una fortaleza para llevar al dictador Nicolás Maduro ante la justicia. Tanto él como su esposa se enfrentarán a todo el poder de la justicia estadounidense. Ahora mismo están viajando en un barco que les llevará al sur de Nueva York, donde serán juzgados”, defendía tras los ataques.
En líneas similares, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, replicaba la postura de Trump, alejando en una entrevista concedida a la cadena NBC las expectativas de que fuera Machado la que sucediera a Maduro en el poder. De esta forma, el secretario de Estado reconoció que “María Corina Machado es fantástica y alguien a quien conozco desde hace mucho tiempo”. Sin embargo, ese reconocimiento quedó inmediatamente matizado por una advertencia clave: Estados Unidos, dijo Rubio, está gestionando “la realidad inmediata” del país. “Desafortunadamente, y tristemente, la gran mayoría de la oposición ya no está presente en Venezuela. Tenemos asuntos urgentes que deben abordarse de inmediato”, afirmó.
Sin embargo, frente a la negativa de Trump respaldada por Rubio para que sea la opositora quien se sitúe al frente de la presidencia de Venezuela, Machado trató de contentar al magnate utilizando su Premio Nobel de la Paz como herramienta para acercar posturas. Pese a que el pasado mes de octubre, cuando fue galardonada, ya le dedicó el premio a Trump, ahora, tras la escalada de tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, Machado redobló su apuesta afirmando que “el premio es para los venezolanos y para Trump”, a la vez que definió la operación militar estadounidense como “un enorme paso para la humanidad, para la libertad y la dignidad humana”. Todo ello no ha conseguido que el magante recule en su postura y reconozca a Machado como candidata para tomar la presidencia de Venezuela, aunque ha llegado a deslizar que se abre a recibir ese premio. “Sería un gran honor”, expresó el presidente estadounidense. "Puse fin a ocho guerras, ocho y un cuarto porque Tailandia y Camboya volvieron a las andadas. Ha sido una gran vergüenza para Noruega (no entregarle el Premio Nobel, cuya sede está en Oslo). Cuando se pone fin a ocho guerras, en teoría debería haber uno por cada guerra. Salvé millones y millones de vidas”, añadió el magante en sus méritos para recibir el galardón.