El exdirector del FBI Robert S. Mueller III, conocido por haber liderado la investigación sobre la presunta injerencia rusa en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016, ha fallecido a los 81 años, según ha informado su familia este sábado. La noticia ha generado una fuerte polémica tras la reacción del actual presidente, Donald Trump, quien celebró públicamente su muerte. Nacido en Nueva York en 1944, Mueller fue el sexto director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), cargo que ocupó entre 2001 y 2013. Llegó al puesto apenas una semana antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, que marcaron profundamente su mandato.

“Robert Mueller acaba de morir. Bien, me alegro de que esté muerto. ¡Ya no puede hacer daño a personas inocentes!”, ha apuntado Trump en su red social, Truth Social, en un mensaje que ha provocado críticas por su dureza y tono.

La familia de Mueller ha comunicado el fallecimiento con “profunda tristeza”, recordando que el exdirector del FBI había sido diagnosticado el año pasado con la enfermedad de Parkinson. “Con profunda tristeza, compartimos la noticia del fallecimiento de Bob anoche”, ha señalado en un comunicado.

Tras los ataques del 11S, lideró una profunda transformación del FBI, orientando la agencia hacia la lucha contra el terrorismo internacional. Bajo su dirección, el organismo modernizó sus estructuras y reforzó sus capacidades de inteligencia. Durante ese periodo, también destacó por su postura frente a los métodos de interrogatorio, rechazando prácticas abusivas y permitiendo que agentes del FBI denunciaran los excesos cometidos en las prisiones secretas de la CIA.

Años de enfrentamiento con Trump

La figura de Mueller volvió a situarse en el centro del debate político en mayo de 2017, cuando fue nombrado fiscal especial por el Departamento de Justicia para investigar los posibles vínculos entre la campaña presidencial de Trump y Rusia. La investigación, una de las más relevantes de la política reciente estadounidense, se prolongó durante casi dos años.

El informe final concluyó que Rusia llevó a cabo una amplia campaña de injerencia en las elecciones de 2016, mediante desinformación en redes sociales, hackeos y filtración de correos electrónicos de dirigentes demócratas. Sin embargo, no estableció una conspiración directa entre el entorno de Trump y el Gobierno ruso. A pesar de esta conclusión, la investigación tensó durante años la relación entre Mueller y Trump, quien criticó reiteradamente el proceso y calificó las pesquisas como una persecución política. Esa confrontación se ha reflejado nuevamente tras la muerte del exdirector del FBI. Las declaraciones del presidente han reavivado el debate sobre el tono del discurso político en Estados Unidos, así como sobre la figura de Mueller, considerado por muchos como un funcionario clave en momentos críticos de la historia reciente del país.

Su legado incluye no solo su papel en la investigación sobre la injerencia rusa, sino también su liderazgo del FBI en uno de los periodos más complejos para la seguridad nacional estadounidense. Su fallecimiento marca el final de la trayectoria de uno de los responsables más influyentes en el ámbito judicial y de inteligencia de Estados Unidos en las últimas décadas.

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