El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a provocar una fuerte sacudida política y diplomática tras publicar en su red social Truth Social una imagen de Venezuela cubierta con la bandera estadounidense y acompañada por un mensaje tan breve como incendiario: “Estado 51”. La publicación llega apenas veinticuatro horas después de que el mandatario republicano asegurara en una entrevista con Fox News que contempla “seriamente” incorporar al país sudamericano como un nuevo estado de Estados Unidos.
La imagen, difundida sin más comentarios por Trump, fue posteriormente replicada por los perfiles oficiales de la Casa Blanca en redes sociales, alimentando aún más una polémica internacional que se ha intensificado desde la caída y captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Desde entonces, Trump ha multiplicado sus referencias a un supuesto control político y económico estadounidense sobre Venezuela, especialmente por el valor estratégico de sus reservas petroleras.
Durante los últimos meses, el dirigente republicano ha deslizado repetidamente comentarios sobre una posible anexión del país latinoamericano, mezclando provocación política, mensajes nacionalistas y alusiones al potencial energético venezolano. “Venezuela ama a Trump”, llegó a afirmar recientemente, llegando incluso a bromear con la posibilidad de presentarse a unas hipotéticas elecciones presidenciales venezolanas.
Las declaraciones han encontrado una respuesta inmediata desde Caracas. La presidenta encargada venezolana, Delcy Rodríguez, rechazó categóricamente cualquier posibilidad de anexión y reivindicó la soberanía nacional frente a las insinuaciones de Washington. “Jamás estaría previsto”, afirmó Rodríguez desde La Haya, donde participa en las audiencias de la Corte Internacional de Justicia sobre el litigio territorial del Esequibo con Guyana.
También la líder opositora María Corina Machado se distanció de la propuesta lanzada por Trump y defendió la independencia política de Venezuela, en un momento especialmente delicado para el país tras el colapso definitivo del chavismo.
La publicación de Trump ha generado además controversia y viralidad por un detalle geopolítico significativo: el mapa difundido por el presidente estadounidense excluye el territorio del Esequibo, una región rica en recursos naturales cuya soberanía es disputada entre Venezuela y Guyana y que actualmente se encuentra bajo análisis de la Corte Internacional de Justicia.
En paralelo, la Administración Trump continúa desplegando un ambicioso plan para, supuestamente, redefinir el futuro político y económico venezolano. El Departamento de Estado trabaja desde hace meses en una estrategia dividida en tres fases —estabilización, reconstrucción y transición— destinada a reorganizar las instituciones del país tras la caída de Maduro. Fuentes estadounidenses aseguran que la primera etapa del proceso ya habría concluido.
La polémica iniciativa vuelve a reflejar la deriva expansiva y maximalista de la política exterior impulsada por Trump durante su segundo mandato. En los últimos tiempos, el mandatario ya había planteado públicamente la posibilidad de incorporar territorios como Groenlandia o incluso Canadá a Estados Unidos, declaraciones que generaron tensiones diplomáticas y fuertes críticas internacionales.
Mientras tanto, en Venezuela persiste la incertidumbre política. Sectores opositores continúan reclamando la convocatoria urgente de elecciones democráticas que permitan estabilizar el país, mientras Washington incrementa su influencia sobre la reconstrucción institucional y económica venezolana en medio de un escenario cada vez más complejo y volátil.
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