El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, agitó el fantasma del fraude electoral de las elecciones que perdió en 2020 contra Joe Biden en un discurso dirigido a la nación el pasado jueves que algunas de las principales televisiones se negaron a dar en directo. Lo hizo, eso sí, con la mirada puesta en las elecciones legislativas de medio mandato -las conocidas como midterms- que tendrán lugar el próximo mes de noviembre.
Las encuestas vaticinan una derrota republicana en esta llamada a las urnas, y para evitarlo, Trump está dispuesto a activar toda su maquinaria, de la que forman parte también las mentiras.
En este sentido, el magnate resucitó una de sus obsesiones más recurrentes: la del fraude electoral. Concretamente, mantiene que Biden le robó los comicios de hace seis años, en las que el candidato del otro partido le sacó una ventaja de siete millones de votos.
Donald Trump se pronunció en estos términos en horario de máxima audiencia (a las 21:00 horas de Washington, seis más en España), y nada menos que en un discurso dirigido a la nación, un formato que los presidentes han reservado históricamente para las ocasiones más solemnes, como puede ser una crisis.
Sin embargo, haciendo gala de la actitud a la que acostumbre, el estadounidense se dirigió a la ciudadanía con un discurso basado en las mentiras y las exageraciones. A más a más, lo dio horas después de despedir a uno de sus técnicos por utilizar información privilegiada para enriquecerse apostando sobre los mensajes presidenciales.
Telepromter en frente, el responsable de la Casa Blanca anunció la “desclasificación y divulgación inmediata de la información de inteligencia crítica que revela vulnerabilidades alarmantes” en el sistema electoral.
Trump señaló a China por, a su juicio, intentar influir en las elecciones de EEUU, algo que, dice, queda demostrado en una suerte de documentos que enmarca bajo el título Integridad Electoral, recogidos en la web de la presidencia, que colapsó durante su discurso.
Documentos ya conocidos o considerablemente censurados
Estos papeles procederían de la CIA, el FBI, el Consejo Nacional de Inteligencia y la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras (CISA), ya conocidos en buena parte y considerablemente censurados. Según el presidente estadounidense, esta información reflejan los esfuerzos del país asiático para influir en el correcto desarrollo del sistema, pero no demuestran que dichos esfuerzos tuvieran un reflejo decisivo en su derrota.
En el transcurso de sus palabras, el responsable americano acusó a Pekín de llevar a cabo “lo que considera la mayor filtración de datos electorales de su historia”, cuando el gigante asiático “adquirió ilícitamente” los registros de “220 millones de votantes estadounidenses”, siempre según lo indicado por uno de los hombres más influyentes del planeta.
La información, mantiene, “incluye nombres, direcciones, números de teléfono, preferencias de partidos políticos y otros datos sensibles necesarios para registrarse para votar”. A la vez, criticó que Pekín estaba sobornando a periodistas críticas con Biden porque China prefería que perdiera Trump, al que consideraban “demasiado listo” y temían por el tema de los aranceles.
Contradicciones con su equipo
Entre las contradicciones del presidente el pasado jueves se encuentra la cita a un análisis del Departamento de Seguridad Nacional que éste encargó a una firma privada y que cifra en “aproximadamente 278.000” las personas que “no son ciudadanas” y están “registradas para votar en las elecciones generales”.
Se trata de un dato que choca frontalmente con cualquier estudio anterior sobre el voto de los indocumentados, un asunto que obsesiona a la administración, pero no a los expertos, que le restan importancia. El líder del país de las estrellas y barras presionó a sus suyos en el Capitolio para que actúen del modo en que sea antes de los comicios de medio mandato.
Acusaciones desmontadas
Trump sigue topándose contra el muro de la evidencia, en cualquier caso, y es que las agencias de inteligencia del territorio ya concluyeron en 2021 que, aunque hubo intentos de Irán, Rusia y China, en ningún caso se dieron interferencias significativas no fueron, ni se dio manipulación de ningún tipo en las máquinas de conteo u otros aspectos electorales.
Las teorías conspiranoicas ya se tumbaron también en los tribunales. Pese a todo, los mensajes de Trump, que nunca ha vertido cuando ha ganado, han tenido consecuencias, siendo seguramente la más grave el asalto al Capitolio por simpatizantes el 6 de enero de 2021.
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