El primer ministro británico, Keir Starmer, anuncia que no va a dimitir, a pesar de que más de 70 diputados del Partido Laborista, además de su propia ministra del Interior, Shabana Mahmood, están pidiendo su cabeza. El premier ha asumido "la responsabilidad" por la dura derrota de su partido en las elecciones locales del pasado viernes, pero asegura que "el país espera" que su Gabinete siga en pie, según ha dicho tras la reunión rutinaria de sus ministros este martes.

Los parlamentarios le piden a Starmer que establezca ya un calendario de retirada y se celebren unas primarias, que de llegar a 81 los diputados serían automáticas, según las normas del partido, y que propiciarían un cambio en la jefatura de Gobierno. La fuerza socialista británica se hundió en los comicios municipales de Inglaterra y locales de Escocia y Gales, en los que arrasó la ultraderecha de Reform UK, el partido de Nigel Farage.

Esto ha propiciado una crisis en el seno del Partido Laborista, que asoma al Reino Unido a una nueva etapa de caos político como la que protagonizaron los conservadores en 2022, con la dimisión de Boris Johnson y los breves mandatos de Liz Truss y Rishi Sunak, antes de llegar Starmer al número 10 de Downing Street, rompiendo una sucesión de 14 años de gobiernos conservadores.

Esto fue en 2024, desde lo que la reputación del premier laborista no ha hecho más que caer en picado. A su perfil frío y poco emocional, se suma que gran parte de las promesas que hizo al llegar al poder, cuando aseguró que acabaría con el caos conservador, no se han cumplido. La percepción de los británicos, según los sondeos, es que el Gobierno progresista no les ha traído una mejora tangible en el coste de la vida, los servicios públicos, la inmigración, la vivienda o la economía, sus grandes preocupaciones.

El posicionamiento internacional, con un servilismo ciego a Donald Trump, tampoco ayuda. Reino Unido fue de los países de la OTAN más propicios a aumentar el gasto en defensa, aprobando Starmer una subida al 2,5% del PIB en 2027 que conllevará recortes en cooperación y partidas sociales. El descontento por esta decisión abrió una crisis de Gobierno, con la dimisión de Anneliese Dodds como ministra de Desarrollo Internacional y críticas a Starmer en el seno del Partido Laborista.

Starmer trata de salvar los muebles

Pero todo tocó techo el pasado viernes, con la derrota en las urnas. Starmer fió su futuro al discurso de este lunes en Londres, en el que tenía la misión de convencer a las voces críticas que llevaban surgiendo desde los comicios. El premier prometió "un cambio incremental" para llevar a cabo esas promesas incumplidas desde 2024.

"No voy a ignorar el hecho de que muchas personas duden de mí o estén frustradas conmigo, dentro de mi propio partido, pero voy a demostrarles que están equivocados", aseguró. Starmer tiró de pasión para advertir a sus compañeros de filas de que el "caos" que están propiciando solo beneficiará a la extrema derecha. "El daño que algo así puede provocar al país, no es una mera discusión académica", dijo. El laborista se comparó también con sus rivales conservadores: "Ya hemos comprobado la destrucción que provocó con los gobiernos anteriores, nunca se perdonaría a un Gobierno laborista que repitiéramos aquello".

Donde más se enfocó su tiro fue en el auge de Reform UK. El partido de ultraderecha que lidera Nigel Farage fue el principal impulsor del Brexit en 2016, por lo que Starmer ha prometido ahora una mayor cooperación con la Unión Europea. "El Gobierno anterior será recordado por romper nuestra relación con Europa. El Gobierno laborista será recordado por reconstruir esa relación, por volver a poner al Reino Unido en el corazón de Europa, para volver a ser más fuertes económica, comercial y militarmente", prometió. Más allá de eso, Starmer trató de hacer las paces con los sindicatos, que rechazan a su Gobierno desde que incumplió sus promesas sobre la reforma laboral, prometiendo la nacionalización de una de las empresas siderúrgicas más importantes del país, British Steel.

El discurso no convence a los laboristas

El discurso salvavidas del primer ministro no ha terminado de convencer en el Partido Laborista, pues desde que lo pronunció más diputados se han sumado a la corriente que pide su cabeza. Son ya más de 70, entre los cuales hay cuatro secretarios privados, el enlace del Gobierno con el grupo parlamentario, que han dimitido. Entre ellos está el del ministro de Sanidad, Wes Streeting, que es uno de los principales candidatos a sustituir a Starmer.

A ellos se suman otros como Catherine West, que fue la que dejó su decisión de propiciar la caída del premier pendiente de su discurso del lunes, y que ha anunciado que consultará con sus compañeros de bancada si exigen a Starmer que de un calendario para retirarse, a lo que se han sumado, al menos, setenta diputados. Entre ellos también están otros nombres de confianza de Starmer, como el de David Smith, que entre sus palabras de agradecimiento al premier le ha pedido "una retirada ordenada y digna". Es el caso también de la ministra del Interior, Shabana Mahmood, que representa a la corriente dentro del Ejecutivo, aún minoritaria, que también le pide al laborista una salida anticipada de Downing Street.

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