Pedro Sánchez aterriza este jueves en Bruselas con una doble prioridad bajo el brazo: reclamar un presupuesto comunitario más ambicioso y evitar que la Unión Europea derive hacia una confrontación económica con China que, a juicio del Gobierno español, podría tener consecuencias perjudiciales para el conjunto de los Veintisiete.

El presidente del Gobierno participa en una nueva reunión del Consejo Europeo, una cita en la que los jefes de Estado y de Gobierno abordarán algunos de los principales desafíos que afronta la Unión, desde la futura arquitectura financiera comunitaria hasta la competitividad europea, pasando por las guerras de Ucrania y Oriente Próximo, la política migratoria o las relaciones comerciales con Pekín.

Moncloa rechaza cualquier recorte en las cuentas comunitarias

Uno de los principales frentes de la cumbre será la negociación del próximo marco financiero plurianual, el presupuesto que marcará las prioridades económicas de la Unión durante los próximos años. La posición española es clara: más recursos y menos ajustes.

El Ejecutivo ya había expresado sus reservas ante la propuesta inicial presentada por la Comisión Europea y considera aún más preocupante la alternativa impulsada por Chipre, país que ostenta la presidencia rotatoria del Consejo de la UE durante este semestre. El nuevo planteamiento contempla una reducción cercana al 2% respecto al borrador original, una posibilidad que Moncloa rechaza frontalmente.

Fuentes gubernamentales sostienen que, aunque la propuesta chipriota protege parcialmente las partidas destinadas a agricultura y cohesión territorial, lo hace sacrificando programas considerados estratégicos para el futuro de la Unión, especialmente aquellos relacionados con la competitividad y con las interconexiones energéticas, una cuestión que España considera prioritaria.

Por ello, Sánchez defenderá ante sus socios la necesidad de reforzar las inversiones comunes y dotar al próximo presupuesto de una mayor ambición para responder a los retos económicos y geopolíticos de la próxima década.

Pragmatismo frente a Pekín

Otro de los asuntos que monopolizarán las conversaciones será la relación económica con China. El déficit comercial europeo con el gigante asiático, que ronda los 350.000 millones de euros anuales, preocupa a los Estados miembros, que coinciden en la necesidad de corregir el desequilibrio, aunque discrepan sobre el camino para lograrlo.

Frente a las posiciones que abogan por endurecer las relaciones comerciales con Pekín, España apuesta por una estrategia más pragmática. El Ejecutivo considera que una guerra arancelaria podría provocar represalias de gran calado por parte de China y perjudicar a sectores clave de la economía europea.

Sánchez, que ha visitado el país asiático en cuatro ocasiones durante los últimos años, defenderá una vía basada en la negociación y el diálogo, evitando medidas que puedan desembocar en una espiral de tensiones económicas.

Defensa de la cohesión territorial

Antes del inicio formal del Consejo Europeo, el presidente del Gobierno participará en dos encuentros previos. Por un lado, asistirá a la reunión de líderes socialdemócratas europeos y, posteriormente, tomará parte en la cita del denominado grupo de Amigos de la Cohesión, integrado por una quincena de países que reivindican mantener y reforzar los fondos destinados a reducir las desigualdades territoriales dentro de la Unión.

La defensa de estas partidas constituye una de las prioridades de España, especialmente ante el debate abierto sobre la redistribución de recursos comunitarios y el peso creciente de las nuevas políticas de seguridad y defensa.

Feijóo también se desplaza a Bruselas

La capital comunitaria reunirá igualmente al líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, que participa en una reunión del Partido Popular Europeo junto a otros dirigentes conservadores. La presencia simultánea de Sánchez y Feijóo en Bruselas coincide con un momento de intenso debate sobre el futuro económico y político de la Unión, en un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica y la redefinición de las prioridades comunitarias.

En ese escenario, España acude a la cita europea con una posición clara: reclamar más recursos, preservar los fondos de cohesión y evitar una nueva fractura comercial con China que, según Moncloa, podría acabar debilitando la competitividad y la estabilidad económica del conjunto de la Unión.

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