Mark Rutte no se caracteriza por ser un líder que no va de frente. Desde que asumió la Secretaría General de la OTAN, el ex primer ministro neerlandés nunca ha ocultado su debilidad por Donald Trump. A principios de marzo lo dejó claro: “La Alianza es una plataforma para que Estados Unidos proyecte su poder”. Una afirmación que conduce al próximo movimiento del político pues, tal y como ha confirmado la propia organización, en su agenda está previsto un viaje a Washington – del 8 al 12 de abril -, donde se citará con el presidente de Estados Unidos en plena ofensiva de la Casa Blanca contra sus presuntos socios históricos por su falta de implicación  - según el magnate – en la guerra ilegal que, junto con Israel, libran en Irán. Escalada verbal que incluso contempla amenazas de abandonar el bloque atlantista o comentarios vejatorios a su homólogo francés, Emmanuel Macron.

Con todo, la cabeza visible del Pacto Atlántico mantiene su férrea fe intacta en el empresario norteamericano. Tal es así que, hace escasas dos semanas, reclamó a los países de la Organización el apoyo a Trump porque “está haciendo un país mejor”. Elogios que chocan con las últimas intervenciones del inquilino de la Casa Blanca, quien ha regalado todo tipo de amenazas e insultos a sus aliados históricos. Primero fue España, pero - una a una – el resto de naciones occidentales se han desperezado y han plantado cara al líder estadounidense, cuyos bandazos y movimientos han desatado una amenaza a las economías mundiales. Un guiso que no están dispuestos a probar los países miembros.

Para Trump, sin embargo, la respuesta de Occidente para con Estados Unidos “debería haber sido automática”, homologando su ofensiva en Oriente Próximo con Ucrania. Por ello, siguiendo su lógica, la Casa Blanca sopesa su salida de la Alianza Atlántica. “Diría que está siendo más que considerado. Nunca me dejé influir por la OTAN. Siempre supe que era un tigre de papel”, advertía desde las líneas del diario británico The Daily Telegraph, insistiendo en que la invasión de Ucrania no era su problema. “Estuvimos allí por ellos, y siempre habríamos estado allí por ellos. Ellos no estuvieron allí por nosotros”, remató, aferrándose al primer argumento.

Rubio siguió las migas de pan que dejó su Comandante en Jefe por el camino. El portazo de España, Italia, Francia y Reino Unido a los desmanes bélicos del presidente no sientan bien allende los mares. Su mano derecha redundaba sobre la idea de abandonar la OTAN toda vez concluya la guerra con Irán, cuyo horizonte – pese a la retórica de Washington – parece cada vez más lejano. “Lamentablemente, tendremos que reevaluar esa relación y el valor de esa alianza para nuestro país”, adujo el secretario de Estado en declaraciones a la cadena Fox News, sugiriendo que “ahora se ha convertido en una calle de sentido único” donde Estados Unidos “simplemente está en posición de defender a Europa”.

Nuevo guiño de Rutte

En plena escalada verbal, el secretario general de la OTAN tiene previsto un viaje al otro lado del Atlántico para visitar a Trump en la Casa Blanca. Lo deslizaban este jueves desde la Alianza para confirmarlo el viernes. Alison Hart, portavoz del bloque atlantista, lo ratificaba a Europa Press, justificando que el tour de Rutte estaba “programado desde hacía tiempo” y, al mismo tiempo, desligándolo del contexto de tensión entre Washington y los Veintisiete.

Así las cosas, Rutte pisará terrenos estadounidenses el próximo miércoles, 8 de abril, donde mantendrá una cita con el presidente del país. El planning del viaje, según la OTAN, también prevé que en este encuentro estén presentes tanto el secretario de Estado, Marco Rubio, como el responsable de Guerra nortemericano, Pete Hegseth, quien en la madrugada de este jueves fulminaba al Jefe del Estado Mayor, Randy George, en plena escalada con Irán. 24 horas después de su amerizaje, el secretario general será parte del elenco en un debate de la Fundación del Instituto Ronald Reagan, antes de completar la visita con una participación en el Foro Bildeberg, que pondrá punto y final a su road trip por las Américas.

Plegado a Trump

Este es el último de una colección de genuflexiones al presidente de los Estados Unidos, que a la postre son una muestra contemporánea del espíritu histórico de una organización tendente a servir el deseo de la Casa Blanca – con matices puntuales -. En los escasos meses de vida de este 2026, Trump ha atacado Venezuela, amenazado a Dinamarca – y a Europa, por extensión – con invadir Groenlandia y, como colofón, iniciado una guerra en cooperación con Benjamin Netanyahu. A todo ello, además, hay que sumarle la declaración de una afrenta comercial universal y los intentos de que sus teóricos se tragaran el sapo del gasto en defensa.

Esta concatenación de sucesos derivó en una serie de carantoñas de Rutte al “líder del mundo libre” mientras respaldaba sus pretensiones imperialistas. “Trump y otros aliados tienen razón cuando dicen que tenemos que hacer más, que tenemos que proteger el Ártico de la influencia de Rusia y China”, esgrimió en pleno episodio de tensión con Groenlandia quien previamente se refirió al presidente de Estados Unidos como “daddy (papi)”, a la persona que reveló unos mensajes que dejaban al propio Rutte y a los líderes europeos en una posición delicada de cara al público.

En el debate del gasto militar, el secretario general de la OTAN fue un engranaje más en la cadena de pretensiones norteamericana. Rutte no dudó en atacar a países como España, que – una vez más – se opuso a los deseos de la Casa Blanca al exigir que elevara su partida presupuestaria en materia de Defensa hasta el 5%. “¿Alguien piensa que sin Trump grandes economías europeas como España, Italia o Bélgica llegarían al 2%? De ninguna manera. No hubiera pasado”, expresaba, en una de las intervenciones que retrataron las genuflexiones del líder del bloque atlantista al magnate.

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