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ENTREVISTA
Internacional

Raúl Incertis: "No puede haber recuperación emocional para Gaza, el bloqueo existe e Israel no para de apretar la soga"

El anestesista presenta su libro, 'Ojalá curar fuera más fácil', en el que desgrana sus vivencias en Gaza, donde estuvo trabajando en dos ocasiones durante la masacre de Israel

Marta Alberca

Entrevista a Raúl Incertis, médico en Gaza: "Que un político sea inhumano o se calle ante el asesinato de niños debería estar prohibido"

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La barbarie que se ha asentado sobre el pueblo palestino desde los atentados de Hamás del 7-O en Israel y la consiguiente escalada de violencia en la Franja de Gaza por parte del Ejército hebreo a modo de genocidio aún es una realidad; un escenario que está lejos de recomponerse en el horizonte próximo. Uno de los alegatos más desgarradores viene de los sanitarios, aquellos que han trabajado de cerca con la muerte, y es el testimonio de Raúl Incertis el que sobrecoge y pone contra el espejo una masacre sin precedentes en los tiempos que corren en Oriente Próximo. 

El médico anestesista concede una entrevista a El Plural por la publicación de su libro, Ojalá curar fuera más fácil (Plaza & Janés, Penguin Random House), en el que relata los dos periodos en los que trabajó en Gaza, nada más comenzar la escalada del conflicto y, posteriormente, cuando la devastación y las ruinas eran el único horizonte visible.

PREGUNTA (P): El título guarda un tono de impotencia. ¿Por qué no parece una prioridad garantizar la atención sanitaria en situaciones de guerra? 

RESPUESTA (R): La atención sanitaria está puesta en duda desde hace no mucho tiempo, aproximadamente desde la guerra de Siria, cuando los ataques a las infraestructuras sanitarias empiezan a ser la norma y no la excepción. Pero quien ha llevado estos ataques a la sanidad, sus infraestructuras y trabajadores a un nivel nunca visto en la historia ha sido Israel, que está provocando un genocidio en Gaza.

P: A través del libro, ¿qué puede contar un médico que no puede hacer un periodista de guerra?

R: El médico puede contar el trabajo de atención a las víctimas, un periodista podrá contar hasta que esas víctimas entran en el box de críticos. Mi trabajo permite contar las historias de cómo eran las personas que habían sido bombardeadas o tiroteadas por el Ejército israelí, qué ideas tenían, cómo esperaban sus familiares en la UCI, si salían, si sobrevivían o no; también cómo los propios trabajadores sanitarios eran atacados. 

Cuento el caso de una compañera mía que perdió a nueve de sus diez hijos en un bombardeo o un compañero mío que era enfermero que fue bombardeado. Un día fuimos a trabajar a quirófano y no estaba porque había sido bombardeada su tienda de campaña matándole a él y a sus dos hijos pequeños.

La carga explosiva de las toneladas de bombas que Israel ha lanzado sobre Gaza es igual a cinco bombas atómicas de Hiroshima

P: Más allá de la escalada del conflicto a partir de los atentados del 7-O, la opresión del pueblo palestino a manos de Israel viene de lejos. Cuando llegó a Gaza, ¿qué realidad se encontró?

R: La primera vez me tocó el 7 de octubre allí, llegué cuatro días antes del 7 de octubre, cuando Hamás lanzó los ataques contra Israel y yo vi que Gaza era un lugar donde no se vivía cómodamente para nada. Estaba lleno de gente y había mucho paro, pero no había una pobreza extrema como la que puede haber en muchos lugares de África, Afganistán o Yemen. En Gaza me encontré con hospitales más que decentes, universidades, avenidas, supermercados, restaurantes, centros comerciales... Todos tenían un techo y todos tenían algo que llevarse a la boca.

La segunda vez que entré, un año y poco después, no sé si alguna vez habrá visto el espectador algún documental de Hiroshima, pues en Gaza han caído cinco bombas atómicas. No han caído realmente pero suma toda la carga explosiva de las más de 100.000 toneladas de bombas que Israel ha lanzado sobre Gaza, es igual a cinco bombas atómicas de Hiroshima. Todo arrasado. Bombardean sobre las ruinas donde vive la gente. Es un genocidio. No lo digo yo, lo dicen los expertos, pero lo que vieron mis ojos fue algo fantasmagórico.

P: Una de las peores caras de esta guerra es la crisis humanitaria que ha desencadenado, la escasez de recursos para atender a las víctimas. ¿Cómo se toman decisiones, a nivel médico, cuando hay que decidir entre la vida y la muerte? 

R: Con una sensación de fractura interior muy grande. Teníamos que elegir con muchísima frecuencia, imagínense un hospital pequeño de 270 camas que tiene que atender a una población de un millón de personas y que todos los días se produce un 11-M, porque todos los días llegaban 70, 80, 100, 200 heridos a la vez: pacientes por el suelo, niños atravesados por metralla.

Cuando habían niños y eran muy pocas las manos porque el hospital era pequeño te ibas rápidamente a los niños y olvidabas a los adultos, pero es que entre los niños tenías que elegir también. "Con este niño lo voy a intentar, con este no". No había camas de UCI suficientes, muchos se morían porque el hospital no daba abasto y luego también muchos se morían porque Israel impedía la entrada de medicamentos esenciales. Se vivió muy mal, con mucha rabia y mucha frustración.

P: Desde el lado sanitario, ¿cómo se vive ese desgaste emocional, físico y mental?

R: Gaza tenía una red sanitaria robusta, pero sufría mucho. Habían 36 hospitales, 16 de ellos públicos. Cuando llegué, el Ejército ya había inutilizado a 14, realmente solo quedaban dos operativos, el hospital Nasser y Al-Aqsa. Mis compañeros llevan tres años en una circunstancia que hacen turnos de 60-70 horas a la semana, no tienen casa porque todos la han perdido su casa, viven en chabolas. Todos ellos perdieron muchísimo peso, 20-30 kilos; yo perdí 13 kilos. 

Lo peor de todo es que todos ellos habían perdido a familiares de primer grado o de segundo, pero muchos de ellos de primer grado. Están deprimidos, cansados, destrozados, descorazonados; pero no les queda otra porque la alternativa es la muerte. 

No hay recuperación emocional para Gaza (...) El bloqueo existe e Israel no para de apretar la soga

P: Se comprende la magnitud de una guerra con los muertos, pero, ¿qué les queda a los heridos, a los supervivientes que hacen frente a una tierra en ruinas?

R: No hay posibilidad de recuperación para ellos porque no está habiendo reconstrucción de ningún tipo y siguen los ataques. Israel no ha dejado de bombardear la Franja, aunque con menos intensidad que antes. Es mentira que hay un alto el fuego, fue una estrategia de Estados Unidos e Israel para que no se hablara tanto de Gaza. No puede haber una recuperación emocional, ya no digamos física, si no han cesado los bombardeos y si llevas tres años viviendo de chabola en chabola.

El daño perdurará durante muchas generaciones, y es muy triste. El bloqueo existe e Israel no para de apretar la soga, están entrando muy pocos medicamentos, poca comida, no hay reconstrucción, es decir, creo que son 61 millones de toneladas de escombros e Israel no quiere dejar que se reconstruya.

P: Desde su punto de vista profesional, ¿por qué se permite que la atención médica se vea condicionada por el orden político o del lugar donde uno nace? Porque el hambre se está utilizando como arma de guerra.

R: El hambre se usa como arma de guerra porque es un genocidio y porque antes existía algún tipo de respeto por las normas de los conflictos, la Convención de Ginebra o el Estatuto de Roma, es decir, había una legalidad internacional. Estados Unidos y la Unión Europea son coautores de este genocidio. Las bombas que lanza Israel están producidas en Estados Unidos, en Alemania, en Italia, en Inglaterra. España tiene negocios armamentísticos con Israel. 

Lo peligroso de todo esto es que se están violando sistemáticamente los Derechos Humanos, se está produciendo un genocidio en el cual Occidente y los países ricos son los responsables. ¿Por qué se utiliza como arma de guerra? Porque les importa más el poder económico y el poder geoestratégico que la vida de las personas.

P: ¿Cree que la respuesta de la Comunidad Internacional, como se ha podido comprobar en citas como la Asamblea de la ONU, está siendo tibia?

R: Está siendo tibia la respuesta de los países de la Unión Europea, Estados Unidos; los países ricos en esencia. Las Naciones Unidas son lo que los países que las integran,  quieren que sea, pero existe un derecho a veto a través del Consejo de Seguridad de la ONU. La respuesta de gran parte de los ciudadanos no está siendo tibia, la respuesta de muchas naciones que no tienen poder no está siendo tibia, pero la respuesta de los países que tienen poder es que son coautores del genocidio: venden armas a Israel. Deberíamos de cortar cualquier tipo de relación, cualquier tipo, con un estado que es genocida. Ya se hizo con Sudáfrica en los 90 y el Apartheid con una respuesta de aislamiento; se ha hecho más recientemente con Rusia. ¿Por qué no se aísla Israel? ¿Qué tiene Israel de especial?

Políticos de la derecha, Ayuso, Feijóo o el alcalde de Madrid, apoyan a Israel, es una cosa impresionante

P: Al volver a España, más allá de la movilización ciudadana ¿cómo valora la respuesta del plano político, entre aquellos que sí se posicionan y otros que se ponen de perfil? 

R: Tengo muchos compañeros o amigos que son liberales, de derechas y están totalmente fracturados o afectados por el genocidio. Lo que sí que vemos en España es que los representantes políticos, los que verdaderamente tienen responsabilidad, por ejemplo, de la derecha, hablo de (Isabel Díaz) Ayuso, de (Alberto Núñez) Feijóo o del alcalde de Madrid, estos representantes apoyan a Israel, es una cosa impresionante. El otro día (José María) Aznar dijo que no había un genocidio en Gaza, ¿el señor Aznar sabe más que las Naciones Unidas, que los expertos internacionales?

El hecho de que esto ha sido catalogado de genocidio no lo ha dicho un advenedizo, lo ha dicho la Asociación Internacional de Estudiosos del Genocidio, los expertos de las Naciones Unidas. Estos representantes políticos, cuando hacen una declaración, le siguen muchos ciudadanos. Si Feijóo mañana abre la boca mucha gente le escucha. Entonces a mí me genera mucha rabia el darme cuenta de que los representantes políticos de la derecha o del centro derecha directamente están del lado de los opresores, de los asesinos.

Y en cuanto al Gobierno de Pedro Sánchez a nivel internacional lo está haciendo muy bien. Toca hacer lo que está haciendo, todavía podría hacer más. Pero bueno, ya veremos el tiempo que le queda.

P: ¿Cree que esta cuestión a nivel político se está banalizando o primando más el color político que la gravedad en sí?

R: Sí se ha convertido en un asunto de color político, pero es una estrategia publicitaria de Israel también. Todos aquellos que osan a criticar cómo Israel se está comportando en gaza pasan a ser comunistas o proHamás. Los derechos humanos no tienen color político. 

P: Líbano, Afganistán, Yemen y ahora Gaza, ¿por qué el mundo parece olvidar la huella de la guerra conforme pasa el tiempo? 

R: Los que hacen la guerra no la sufren, la gente que realmente toma las decisiones desde un despacho no está en las puertas de urgencias de un hospital recogiendo trozos de cuerpos de niños del suelo o intentando calmar a madres histéricas porque acaban de perder a sus hijos. Si esa gente tuvieran que ver el efecto de todas sus decisiones, quizás todo cambiaría un poco. La deshumanización y el racismo, que ahora está por desgracia otra vez de moda, en España hay muchísimo racismo, no debería de permitírsele a los políticos que gobiernan un país. Que un político sea inhumano, que estuviera dispuesto a asesinar niños, o aquí en España que un político se calle ante el asesinato de niños debería estar prohibido. 

La deshumanización y el racismo no debería de permitírsele a los políticos

P: ¿La historia está condenada a repetirse?

R: Espero que no, espero que vayamos aprendiendo. Parece que estamos en un periodo muy complicado porque la verdad cada vez tiene menos peso y las opiniones infundadas tienen más peso. En estos momentos de zozobra lo que hay que resistir, y resistir significa hacer un esfuerzo por conocer la verdad de los hechos y por exigir justicia. Justicia y respeto de los Derechos Humanos. 

P: Quizás esto es un poco duro de preguntar, pero, ¿cuál fue el caso o la historia más dura que llegó a atender allí?

R: Fueron cientos de pacientes, tengo una nube mental de escenas de niños mutilados o el Ejército que les disparaba a propósito en la cabeza o en el tórax. Recuerdo una niña de un añito que iba en los brazos de su madre y un soldado le disparó en el pecho a la niña de un año. La de otro niño que fue bombardeado, logró sobrevivir, estuvo en la UCI tres semanas y lo seguí durante los meses que estuve allí y a través del él habló del estrés postraumático. Es un niño que lo pasó muy mal, que tenía muchos síntomas, depresión, mutismo, cambios conductuales, pesadillas constantes, pero poquito a poquito fue mejorando y a mí me hace ver que si Israel deja de atacar la franja de Gaza y dejan de caer bombas, la recuperación psicológica podrá empezar. 

P: Con este libro y dando voz a los sanitarios en Gaza, ¿busca recordar, denunciar o hacer justicia? 

R: Cuando salí de allí mis compañeros me pidieron un mandato. Me dijeron: "Dr. Raúl, no se olvide de nosotros, cuéntele al mundo lo que estamos pasando, por favor". Es un ladrillo más, los periodistas gazatíes que son los verdaderos héroes y causantes de que el mundo sepa lo que está pasando y que han sido asesinados por decenas. Pero yo quería poner un pequeño ladrillo más para que se sepa.

Hay un lugar para la esperanza en el libro. A través de las historias de los gazatíes dejo entrever que incluso en las peores circunstancias hay espacio para ser amable, cariñoso, afectuoso. Lo están pasando muy mal, pero intentan mantener los valores atados fuertemente, intentan no deshumanizarse. Nunca escuché un insulto hacia los israelíes estando allí, curiosamente.

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