El régimen iraní ha activado con rapidez su mecanismo constitucional tras la muerte del líder supremo Ali Jamenei. Apenas 48 horas después del ataque que acabó con su vida y la de varios altos mandos militares, Teherán ya ha perfilado el nuevo esquema de poder provisional. La pieza que faltaba era la del estamento religioso. Y esa ficha la ocupa ahora el ayatolá Alireza Arafi, un “joven” de 66 años en medio de la gerontocracia del poder iraní.
La Asamblea de Discernimiento de Conveniencia del Sistema confirmó su nombramiento como tercer miembro del Consejo de Liderazgo interino. Arafi completa el órgano provisional junto al presidente Masoud Pezeshkian y el jefe del Poder Judicial, Gholam-Hossein Mohseni-Eje'i. Este mecanismo colegiado asumirá temporalmente las funciones del líder supremo mientras la Asamblea de Expertos activa el procedimiento para elegir a su sucesor.
Perfil religioso e institucional
Nacido en 1959 en Maybod (provincia de Yazd), Arafi procede de una familia clerical vinculada históricamente al poder religioso iraní. Su padre fue cercano al Ayatolá Jomeini, fundador de la República Islámica. Su trayectoria se ha desarrollado en los núcleos más sensibles del sistema habiendo sido miembro del Consejo de Guardianes desde 2019, órgano que examina leyes y candidaturas electorales. Integrante de la Asamblea de Expertos desde 2022, encargada de elegir al líder supremo. Segundo vicepresidente de la Asamblea de Expertos, Director de los Seminarios Islámicos de Irán desde 2016, Imán de la oración del viernes en Qom y Rector de la Universidad Internacional Al-Mustafa (2008-2018).
Arafi no procede del aparato militar ni del sector de seguridad, pero su influencia está muy integrada en la estructura de poder del país. Controla espacios clave en la formación religiosa y participa en los órganos que validan tanto leyes como candidaturas.
El peso real del cargo de líder supremo
El líder supremo de Irán - máxima autoridad política y religiosa del país - ejerce el control sobre las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial, la televisión estatal. Influye decididamente en los principales nombramientos estratégicos y en las decisiones finales en política exterior y defensa. Es decir, prácticamente todo. Nada escapa a su poder, pues la Constitución iraní, inspirada en el principio de la tutela del jurista islámico, otorga a esta figura la última palabra en los asuntos esenciales del Estado.
La muerte de Jamenei en el ataque de Israel y Estados Unidos ha abierto una etapa de incertidumbre regional. Con Arafi en el triunvirato, el mensaje del régimen es claro que no es otro que el poder religioso mantiene su cuota y la maquinaria institucional sigue en pie.
Más allá del carácter provisional del cargo, su posición como segundo vicepresidente de la Asamblea de Expertos lo sitúa en el epicentro del proceso sucesorio. No solo participará en la elección del próximo líder supremo sino que es uno de los nombres que ya suenan en las quinielas internas.
En un sistema donde religión y política son inseparables, Alireza Arafi encarna la continuidad doctrinal del régimen en un momento decisivo para el futuro de Irán.
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