Irán asegura que está dispuesto a abrir el estrecho de Ormuz en siete días, pero cuela la pelota en el tejado de Estados Unidos. La última palabra la tiene Donald Trump, que tendrá que aceptar las condiciones que Teherán ha puesto sobre la mesa. Así lo confirmaba el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, este viernes desde Nueva York, donde informó de que su gobierno ha trasladado a la Administración estadounidense, a través de Qatar, un plan concreto para recuperar el tránsito marítimo por una de las principales arterias energéticas del mundo.

La propuesta, de ser aceptada, activaría una cuenta atrás de una semana en cuanto Washington diera su visto bueno. “Si se cumplen las condiciones necesarias, el estrecho podrá reabrirse y se reestablecerá el tránsito marítimo normal en un plazo de siete días”, explicó el alto cargo iraní ante los medios de comunicación. El mensaje de Araqchi fue taxativo: “La decisión está ahora en manos de Estados Unidos”. Reuters confirma que la iniciativa fue transmitida a Washington a través de mediadores cataríes, aunque el calendario, en este punto de la historia, no ha empezado a correr. Algunas de las medidas que incluye el acuerdo podrían completarse incluso en cuatro o cinco días, lo que permitiría abrir el paso en la sexta jornada y utilizar el tramo final para ensanchar los márgenes de diálogo entre sendos países.

El acuerdo de junio

Teherán vincula dicha reapertura a una serie de condiciones para Estados Unidos. Entre ellas figuran el levantamiento del bloqueo sobre los puertos iraníes, la liberación de fondos congelados y exenciones a las sanciones que pesan sobre sus exportaciones de petróleo. Irán se comprometería, a cambio, a frenar las hostilidades en los distintos frentes de la guerra y a abrir una fase de negociación sobre las cuestiones aceptadas por ambas partes. El ministro de Exteriores iraní insiste en que el grueso de las peticiones no son nuevas, ya que estaban incluidas en el memorando de entendimiento que Washington y Teherán alcanzaron en junio. Por ello, Irán asume que su ejecución no debería plantear dificultades extraordinarias.

 “Si existe una voluntad seria por parte de Estados Unidos de llegar a un acuerdo y reabrir el estrecho de Ormuz, todo está ya preparado”, apunta el ministro iraní. Si Washington acepta, añade, ambos países podrían abrir posteriormente conversaciones sobre “temas acordados mutuamente”. Según explica Reuters, esas negociaciones podrían llegar a incluir el programa nuclear iraní, aunque un alto cargo de Teherán comentaba en privado que Irán no está dispuesto a realizar concesiones sobre cuestiones como el enriquecimiento de uranio.

En cualquier caso, la iniciativa iraní llega tras siete meses del inicio de la guerra, desencadenada el 28 de febrero por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. Desde entonces, el conflicto ha atravesado periodos de menor intensidad, combinados con nuevas ofensivas; mientras las restricciones al tráfico por Ormuz alteraban una de las principales rutas comerciales y energéticas del planeta.

La dimensión del bloqueo marítimo impacta en los datos de navegación. Antes del comienzo de las hostilidades, por el estrecho transitaban aproximadamente 125 grandes buques comerciales al día, según los datos recopilados por Reuters. El pasado lunes, sin embargo, los registros preliminares de Kpler detectaron tan sólo dos buques de mercancías. Una cifra que no incluye las embarcaciones que pudieran haber cruzado con sus sistemas de identificación apagados. El estrecho canalizaba antes de la guerra en torno al 20% del suministro diario mundial de petróleo y gas natural.

El jefe de la diplomacia aprovechaba el cónclave de Naciones Unidas para recordar que ya hubo un conato de recuperación tras el acuerdo del mes de junio. En palabras de Araqchi, durante las dos semanas posteriores a su aplicación, el tráfico marítimo alcanzó el 60% de los niveles anteriores a la guerra. El porcentaje procede de la versión de Teherán y no consta como una mediación independiente en la información disponible por la mencionada agencia, por lo que conviene atribuirlo expresamente al régimen iraní.

Sin respuesta oficial

El interrogante se sitúa ahora sobre Washington. Irán trasladó ya el 16 de septiembre su propuesta de reabrir Ormuz en el plazo de una semana si Estados Unidos rebajaba la presión militar y levantaba el bloqueo portuario. Un alto cargo de Teherán aseguró a Reuters que la delegación desplazada a Nueva York tenía luz verde del gobierno iraní para negociar indirectamente con Estados Unidos.

La posición de la Administración Trump, no obstante, aún no se ha formalizado públicamente, si bien funcionarios estadounidenses describieron en privado los contactos como “positivos y constructivos”. Horas después de que Araqchi presentara el plan, The Wall Street Journal, citando fuentes del Ejecutivo estadounidense, informó de que Trump ya lo habría rechazado y que incluso sopesa una nueva campaña de bombardeos. Sin embargo, Reuters señala expresamente de que no ha podido confirmar de manera independiente esta información.

En consecuencia, Irán continúa a la espera de una respuesta oficial de la Casa Blanca. Esa diferencia entre el presunto posicionamiento de Trump en privado y la ausencia de comunicación formal obliga a mantener con vida la propuesta iraní. El plan existe, pero no hay constancia de que Washington haya dado una respuesta en ninguno de los sentidos. El planteamiento iraní deja así el calendario completamente condicionado a una decisión de Estados Unidos, por lo que la cuenta atrás no empezaría hasta que esta cristalice y, por supuesto, lo haga en positivo. En caso contrario, la rueda seguiría girando.

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