Una de las consecuencias de la guerra en Oriente Próximo, que Benjamin Netanyahu y Donald Trump desataron con su ofensiva sobre Irán, es el recrudecimiento de la ya de por sí delicada situación humanitaria en la Franja de Gaza. Israel ha aprovechado las bombas para cerrar todos los pasos del enclave palestino, el cual ocupa ilegalmente y asedia desde hace décadas. De esta manera, las organizaciones humanitarias que tratan de paliar como pueden las consecuencias del genocidio sobre la población gazatí, no pueden recibir suministros, ya que el Gobierno hebreo impide la entrada de los camiones que las transportan. Como suele ser habitual, las más perjudicadas son las mujeres y niñas de Gaza, que sufren "las peores consecuencias del colapso del sistema sanitario y del desplazamiento masivo", como denuncia Amnistía Internacional.

Esta asociación pone el foco en cómo "la destrucción física de la población palestina de Gaza", que Israel provoca a través de su genocidio, se ceba especialmente con las gazatíes: "Las mujeres sufren consecuencias más graves y potencialmente mortales materializadas en el desplazamiento masivo en curso; el colapso de la atención para la salud reproductiva, materna y neonatal; la interrupción de los tratamientos para enfermedades crónicas, incluido el cáncer; y una mayor exposición a enfermedades y condiciones de vida inseguras e indignas, así como a profundos daños físicos y mentales", señalan.

La interrupción de la entrada de suministros por el cierre ordenado por el Ejecutivo de Netanyahu provoca que falten en Gaza artículos de primera necesidad como alimentos, medicinas, dispositivos de asistencia médica o los materiales que se utilizan para construir refugios, para purificar el agua o para retirar escombros y restos de artillería.

Esto provoca situaciones especialmente delicadas para las mujeres, que por ejemplo "se ven obligadas a dar a luz sin atención médica adecuada, a vivir el embarazo y la recuperación posparto desplazadas en lugares superpoblados e insalubres, y a lidiar con el hambre, las enfermedades y el trauma con poca privacidad, protección y acceso a servicios esenciales a menudo mientras cuidan a otras personas".

Esta es una de tantas prácticas de Israel en Palestina que prohíbe el derecho internacional. En concreto la Convención sobre el Genocidio, como concluyó en marzo de 2025 la Comisión Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado. Este organismo dijo que "las autoridades israelíes destruían de forma sistemática y deliberada el sistema de atención a la salud sexual y reproductiva de Gaza", y apuntan que son "medidas destinadas a impedir nacimientos" para contribuir a la destrucción del pueblo palestino.

Ser madre entre los escombros de Gaza

Amnistía Internacional ha entrevistado a 41 mujeres desplazadas, entre ellas algunas pacientes de cáncer, embarazadas o que han dado a luz después del 'alto el fuego' que Trump y Netanyahu firmaron en octubre, y desde el que Israel ha asesinado a cientos de palestinos en Gaza. Sus testimonios -algunos recogidos bajo seudónimos- revelan la dramática situación que provoca la falta de asistencia sanitaria a las mujeres, especialmente durante la maternidad:

"Perdí muchísimo peso; pesaba sólo 43 kilos y en el hospital de campaña donde di a luz me dijeron que sufro malnutrición. Mi bebé nació con una infección pulmonar bilateral; estuvo varios días en la unidad de cuidados intensivos y ahora está algo mejor, pero sigue sin poder respirar bien por sí mismo y está en una incubadora. Tengo miedo de que se ponga más enfermo porque vivo en una tienda junto al mar y está haciendo mucho frío y no hay forma de mantenerse caliente. Además tengo otro bebé de 18 meses que también está enfermo por el frío". Hind es una madre desplazada que actualmente vive en el campo de refugiados de Al Mawasi, en el sur de la Franja. Dio a luz en enero de 2026.

La organización recoge otros testimonios similares, como el de Mariam, una joven de 22 años de Deir al Balah que dio a luz en diciembre: "No produce suficiente leche para amamantar y ahora tiene dificultades para comprar leche de fórmula y mantener a su bebé caliente, pues viven en una tienda sin calefacción", relatan.

Lo peor para ellas es que, mientras se enfrentan al desafío de la maternidad, tienen a su vez que mantener a las familias en medio de lo más parecido al infierno en la tierra. Así lo relataba una comadrona del hospital de Al Awda, Maysoun Abu Bureik: "Lo peor es cuando tienes que ayudar a una madre que ha perdido a su esposo o a su familia. No hay nada que puedas decir o hacer para ayudarla. Tiene que llevar su casa, tiene que ser el apoyo emocional de su bebé cuando ella misma necesita desesperadamente apoyo emocional, y en su mayoría no tiene un hogar adecuado al que volver", cuenta.

Israel condena a las enfermas de cáncer en los hospitales de Gaza

Otra de las consecuencias de las políticas genocidas de Israel es la dificultad para realizar evacuaciones médicas. Según Amnistía, más de 18.500 palestinos necesitan un tratamiento urgente al que no pueden acceder en Gaza. Las causas son claras: por un lado, la destrucción del sistema médico de la Franja, y por otro que desde que se agravó el genocidio, en octubre de 2023, Israel prohíbe las evacuaciones médicas a Cisjordania, el otro territorio palestino.

Esto tiene una especial afectación sobre las mujeres con enfermedades graves, como el cáncer de mama. Varios testimonios de pacientes recogidos por Amnistía coinciden en que los tratamientos se ven interrumpidos por la escasez de suministros médicos, que provoca que los hospitales tengan que priorizar a los heridos durante los incesantes bombardeos del ejército israelí. "No hay ningún hospital en Gaza que ofrezca actualmente radioterapia. También tenemos una grave escasez de equipos de diagnóstico. No hay suficientes aparatos de resonancia magnética operativos en toda Gaza. La ausencia de diagnósticos anteriores también hace que tengamos que seguir adivinando, lo que pone en peligro la vida de las pacientes y reduce la eficacia de nuestro tratamiento", cuenta una enfermera.

La asociación ha recogido también testimonios de pacientes -algunas también bajo seudónimos-, como el de Iman, que recibe tratamiento oncológico en un hospital de la Ciudad de Gaza: "Cuando tengo las suerte de recibir quimioterapia, duermo aquí uno o dos días para recuperarme, pero luego tengo que volver a mi tienda, donde tengo que beber agua que no está limpia, ducharme con agua que no está limpia, aunque lo peor de todo es que no puedo dormir ni descansar", explica. Desde que le diagnosticaron su cáncer, el año pasado, ha sido desplazada cuatro veces.

También lo sufre Nisrine, una madre de siete que padece un tumor cerebral. Su madre y sus hermanos fueron asesinados por Israel en un bombardeo sobre su casa en Ciudad de Gaza: "Caí en una depresión severa. El desplazamiento constante te va quitando la vida; te agota. Lo más duro es tener que empezar de cero de nuevo cada vez. Para nosotras es aún peor porque ya estamos agotadas físicamente", narra.

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