La 81º Asamblea General de la ONU dejó este martes una de las imágenes más trascendentales a nivel geopolítico: la ratificación del pacto entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia por la seguridad de la isla ártica. Un acuerdo que se enmarca dentro de las ambiciones personales del presidente estadounidense Donald Trump, aunque los términos a los que se ha llegado no eran los que él planteó en un primer momento. La seguridad de la zona y haber consolidado la soberanía danesa sobre el territorio son los ejes centrales, pero guarda una letra pequeña de aún más detalle.
Cabe recordar que, hace más de un año atrás, el inquilino de la Casa Blanca manifestó reiteradamente su plan de anexión de Groenlandia a territorio estadounidense como un gesto de protección y seguridad frente posibles acercamientos de las potencias de Rusia o China. Pese a no haber alcanzado sus primeros objetivos de anexión, lo que sí ha conseguido es reforzar la presencia militar en territorio danés para estos fines.
El propio Trump ha aplaudido que se trata de un acuerdo “tremendo” para Europa, Estados Unidos y Groenlandia y que la relación entre los países será “fantástica” y duradera, al tiempo que ha precisado que, por parte de su Gobierno, “comenzará de inmediato el proceso de despliegue militar” en la isla con la construcción de “dos bases militares de gran envergadura”.
Más allá de este primer anuncio tras haber ratificado la firma, urge acudir al detalle de los puntos que enmarcan el mencionado pacto. Por un lado, se alude a “la larga historia de cooperación” entre las partes, en concreto, ocho décadas en materia de defensa.
President Donald J. Trump officially signs the landmark Greenland security deal alongside Prime Minister Mette Frederiksen of Denmark and Prime Minister Jens-Frederik Nielsen of Greenland.
— The White House (@WhiteHouse) September 22, 2026
This HISTORIC deal is critical for American national security and defense in the Arctic… pic.twitter.com/OGoSWfjEhf
Soberanía e integridad de Dinamarca y Groenlandia
Asimismo, se hace mención explícita de “la soberanía e integridad territorial del Reino de Dinamarca” y que Groenlandia es “un pueblo de conformidad con el Derecho internacional, con derecho a la libres determinación”, del cual se sustraen “las respectivas obligaciones y compromisos de las partes en virtud del derecho internacional, así como de los marcos jurídicos nacionales, la necesidad de proteger el entorno prístino de Groenlandia y los derechos económicos, sociales y culturales del pueblo de Groenlandia con respecto a sus tierras y su modo de vida, incluyendo la caza, la pesca y otras actividades y desarrollos tradicionales, culturales, históricos y futuros”.
Un reconocimiento que también pasa por “las indispensables contribuciones históricas y actuales” de Washington al territorio ártico con “miles de millones de dólares gastados” incluso desde antes de la Segunda Guerra Mundial. También se alude a la creación de la OTAN y su “papel insustituible” en la defensa del territorio, tanto en pasado, presente como futuro.
La Alianza Atlántica, sobre esta cuestión, se suscribe en el acuerdo en nombre de las partes a la hora de apoyar “una mayor participación” de la organización en el Ártico “en lo que respecta a la planificación, la presencia, los ejercicios y la recopilación conjunta de inteligencia”.
Fuerte presencia, peso y control militar
Conforme a los cambios y novedades que se llevarán a cabo en términos militares, el documento hace énfasis en la cambiante situación en el Ártico, por lo que se necesitan de “mayores esfuerzos para garantizar la seguridad en la región” en el horizonte futuro, reconociendo así “el interés común” de las partes interesadas en que las fuerzas militares estadounidenses tengan acceso a la isla “en la medida necesaria para defender la zona del Tratado del Atlántico Norte, Groenlandia y el continente americano, incluso mediante el establecimiento de un sistema de defensa de la Cúpula Dorada”.
Bajo esta premisa, Washington podrá “modernizar y expandir” sus actividades en la base espacial Pituffik, además de disponer de un Área de Defensa adicional en las zonas de Narsarsuaq y Mestersvig. Ambas partes podrán a su vez fijar otras zonas de defensa del área, siempre y cuando se presente una propuesta con “la ubicación, el alcance, el tamaño y los tipos de actividades de la zona de defensa”.
A nivel empresarial y de ejecución en la isla, a partir de ahora Washington también podrá adjudicar contratos a empresas comerciales “para bienes y servicios relaciones con el establecimiento, mantenimiento y servicio”, como puede ser el caso de planes de construcción o desmantelamiento de zonas de defensa “a proveedores groenlandeses”.
En lo que concierne al resto del territorio ártico, no solamente las zonas de defensa y actividad militar, el pacto clarifica que el vecino norteamericano tendrá “derecho de libre acceso y circulación” para “sus buques y aeronaves públicas, sus fuerzas armadas y vehículos”, así como los aviones con operaciones de sobrevuelo y aterrizaje, “incluidas las aguas territoriales”. Unos derechos que, según reza el documento firmado, se deberán ejercer “de manera que se respete a la sociedad groenlandesa y su forma de vida, incluyendo la caza, la pesca y otras actividades tradicionales, culturales, históricas y futuras, en la mayor medida posible”.
Con respecto a la propia seguridad de la zona, las partes se comprometen a no vulnerarla incluso dentro del territorio, por lo que deberán “cooperar” conjuntamente en esta tarea: “Estados Unidos tendrá derecho a expresar su preocupación con respecto a la construcción o el cambio de uso de cualquier edificio, instalación o construcción en las proximidades de una zona de defensa que amenace dicha zona. (...) Las partes colaborarán para contrarrestar el espionaje en Groenlandia”.
Y no todo queda en casa. Teniendo en cuenta los movimientos del exterior, el pacto deja en claro que “ningún Estado que no sea miembro de la OTAN o Estado miembro de la UE podrá establecer su propia base militar o naval” en la isla, ni tener “control, influencia significativa o el orden público”, a menos que las partes consideren que no existe amenaza.
Un acuerdo “para siempre”
Tal y como ha confirmado a su vez el secretario de Estado de la Casa Blanca, Marco Rubio, el pacto se ha suscrito de forma permanente, “para siempre”, con el fin de que las próximas Administraciones mantengan el acuerdo y sus principales bases.
Y es que el pacto “no tiene fecha de finalización y sólo podrá modificarse por mutuo acuerdo”. En caso de que Groenlandia llegue en algún momento a ejercer su derecho de autodeterminación, es decir, a independizarse del mandato danés, tanto Dinamarca como Groenlandia “se asegurarán conjuntamente de que el Estado groenlandés independiente acepte permanecer en la OTAN, solicitando su ingreso como miembro si fuera necesario, y asuma todos los derechos y obligaciones especificados en el acuerdo”.
En lo que concierne a su entrada en vigor, se realizará cuando Washington reciba “una nota diplomática de la finalización de los trámites parlamentarios necesarios” entre Dinamarca y Groenlandia para ejecutar los cambios pactados.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.