La Semana de la ONU, en la celebración de su 81º Asamblea General, ha tenido como acto de apertura el discurso inicial de su secretario general, Antònio Guterres, en su último año de mandato, quien ha lanzado una seria advertencia sobre los tiempos que corren, percibiendo un mundo que se ha fracturado en “dos bloques rivales” en el que los derechos humanos “han sido pisoteados”. 

De esta manera, ha introducido que los conflictos actuales están sentando las bases de “la redefinición del poder” en un momento en el que la geopolítica avanza hacia la multipolaridad. “Las fracturas de nuestro mundo se están agrandando y las grietas se han convertido en abismos”, lamentando que tan sólo en la última década han estallado “guerras de consecuencias devastadoras que se prolongaron con una crueldad abyecta”, en clara alusión a la guerra de Ucrania, la de Irán y la masacre en la Franja de Gaza. 

El principal dirigente de la ONU ha situado el foco en la peor cara de estos conflictos, puesto que “se tomó de blanco a la población civil, se pisotearon los Derechos Humanos, se utilizó el hambre como arma, se asesinó a trabajadores humanitarios, se dejó de lado el Derecho Internacional”. Un escenario que ha ahondado con creces en “las divisiones geopolíticas, se han acentuado las desigualdades y se ha resquebrajado la confianza”. 

En este mismo periodo, ha advertido de que la crisis climática y sus efectos cada vez más devastadores dejaron de ser “una amenaza lejana y se volvió una realidad de todos los días”, con ejemplo de lo más recientes como la gran riada de Nepal y el Tíbet. Algo que coincide con el auge de la Inteligencia Artificial (IA), que ha avanzado “a una velocidad que ha tomado por sorpresa incluso a quienes la crearon”. Dos fenómenos que Gueterres no considera “crisis aisladas, sino de capítulos de una misma historia, la historia del poder”. 

“Multipolaridad interconectada”

Una redefinición del poder que, a ojos del secretario general de la ONU, se está materializando en tres ejes. El primero de ellos, “entre los Estados, ya que han urgido nuevos polos de influencia económica, política y tecnológica”. Le sigue “la extraordinaria transferencia de poder, de los gobiernos a un puñado de empresas privadas y particulares” porque “la influencia de esos actores se extiende ya a la política, la economía, los flujos de información, el desarrollo tecnológico y el espacio cívico del que dependen las sociedades”. En tercer y último lugar, que la humanidad está “cediendo cada vez más al poder de las máquinas”. 

Ante un escenario de estas características, ha alertado que la presencia de la multipolaridad “puede manifestarse de diferentes formas”, como un nuevo mundo en el que prime “la fragmentación y la transaccionalidad, de tensiones crecientes y desconfianza más profunda”, sin ir más lejos, “la trayectoria actual”. 

No obstante, ha situado un camino alternativo a ello: “la multipolaridad interconectada”, por el que el mundo actual estaría basado en “la interdependencia” a través de “una densa red de conexiones económicas, políticas, sociales y tecnológicas”: “Un mundo en el que coexisten múltiples polos de influencia dentro de un marco común de Derecho Internacional y normas compartidas. Un mundo así puede ayudarnos a evitar las tendencias hegemónicas y lo que he llamado 'la Gran Fractura': la división del mundo en dos bloques rivales, con sistemas económicos, tecnológicos y de seguridad distintos”, ha puntualizado.

El poder de las superpotencias

Guterres ha remarcado así el poder de influencia y control que marcan “las superpotencias, que deben reconocer que su poder no es tan superlativo como parece” porque “tiene límites”. Ejemplo de ello, que “el poderío militar no basta por sí solo para consolidar la paz. El poderío económico no basta por sí solo para asegurar la estabilidad. Y el poderío tecnológico no basta por sí solo para garantizar la seguridad”. 

Para enfrentar este marco, ha abogado por reforzar un sistema multilateral, “centrado en la ONU, equilibrado y representativo, con instituciones sólidas y eficaces que reflejen las realidades y la evolución progresiva del peso relativo de los países y las economías del mundo actual, y no las estructura de poder de hace 80 años. ¿Haremos algo para que el poder se rija por el derecho en vez de la fuerza? ¿Por la cooperación en vez de la coacción? ¿Por el sentido de responsabilidad hacia la juventud y las generaciones futuras en vez de la indiferencia ante su destino?”, se ha preguntado. 

En este siglo XXI, ha situado la gran prueba de poder en alcanzar “la paz y la seguridad” perdurable, primer punto del que ha señalado que no es sinónimo de la ausencia de conflicto, sino que va más allá: “Es la existencia de límites jurídicos al ejercicio del poder. (...) En todo Oriente Próximo, los conflictos se suceden en cadena. Los mal llamados 'alto el fuego' no han sido más que 'menos fuego', y son los civiles quienes siguen pagando el precio. Ya basta. Apelo a los líderes presentes en este salón para que aprovechen al máximo esta semana de alto nivel y procuren la distensión y el diálogo”, ha exigido. 

De esta manera, ha lanzado un mensaje de ‘no a la guerra’ hacia todos los frentes abiertos porque “los combates deben parar, la ayuda humanitaria tiene que fluir; y hay que restablecer por completo los derechos y las libertades de navegación de conformidad con el Derecho Internacional”, ha señalado, en clara alusión a la tensionada situación en el Estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico. 

Palestina, Ucrania y más conflictos actuales

Bajo el mapa geopolítico actual, especialmente en las zonas de conflicto, Guterres ha situado el foco en “la devastadora situación de los Territorios Palestinos Ocupados”, séase, la Franja de Gaza y Cisjordania por Israel: “Lo que siguió -a los atentados del 7 de octubre de 2023- fue una acometida contra la población palestina de Gaza cuyo grado de matanza y destrucción no vi nunca en todos mis años como secretario general. La violencia, los desplazamientos de la población y la expansión de los asentamientos por parte de Israel en la Cisjordania ocupada están arrasando el camino hacia la paz e invocando el fantasma de la limpieza étnica. No podemos permitir que la solución de dos Estados se esfume ante nuestros propios ojos”, ha denunciado. 

Sumado a ello, ha condenado que la invasión rusa sobre Ucrania siga en pie, porque “sumió a un país soberano en una guerra brutal, lo que constituye una flagrante violación de la Carta de la ONU”, teniendo en cuenta que los objetivos durante los años de conflicto han sido “viviendas, sistemas de energía y abastecimiento de agua y la infraestructura de transporte”. 

Guterres no ha olvidado Sudán, “atizada por actores externos, se ha convertido en una guerra contra los civiles”; tampoco Birmania, donde “hay otra crisis casi al borde del olvido, incluso con la escalada de la violencia, los desplazamientos masivos y la propagación de la delincuencia transnacional”. 

Una serie de conflictos, lejos de encontrar el horizonte de paz cercano, que son reflejo de lo que ocurre “cuando el poder escapa a todo control, la fuerza va por delante de la diplomacia, los presupuestos militares se van por las nubes y se pierde todo atisbo de rendición de cuentas. La prueba que tenemos ante nosotros consiste en determinar si el poder se ejercerá conforme al derecho, o por encima de él”, ha culminado.

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