Los bombardeos y los disparos no son las únicas armas de una guerra. Igual de importantes son las empleadas para hacerse con el relato del conflicto. Conocedores de ello, Estados Unidos e Israel, quienes iniciaran su ofensiva contra Irán el pasado fin de semana, tratan de silenciar a la prensa que informa desde sus territorios, haciendo creer a la población que las distintas cabeceras caen en la "propaganda iraní".

Recientemente, en territorio hebreo, dos presentadores de la CNN, situados en lo alto de una azotea en Tel Aviv, llevaban a cabo el informativo nocturno mientras que, fuera de plano, los misiles iraníes sobrevolaban el cielo hebreo. Mientras señalaba hacia el lugar donde ellos podían visualizarlos, la presentadora comunicaba que no iban a mostrarlos porque el Gobierno israelí no les permite ni siquiera enseñar cómo son interceptados en la cúpula de hierro: "No los mostraremos porque el Gobierno de Israel no nos permite ni quiere que enseñemos de dónde vienen los interceptores". 

Horas antes, el régimen israelí detuvo a dos periodistas de la cadena CNN Türk que informaban sobre los daños causados por los ataques con drones y misiles iraníes contra objetivos en territorios ocupados: el reportero Emrah Cakmak y el cámara Halil Kahraman, quienes fueron interceptados por las fuerzas israelíes en Tel Aviv mientras realizaban una conexión en directo.

Según el Sindicato de Periodistas de Türkiye (TGS), el equipo se encontraba frente al Ministerio de Asuntos Militares de Israel, un edificio clave en el centro de la ciudad, cuando las fuerzas armadas interrumpieron de forma abrupta su retransmisión. "Bloquear a periodistas responsables de informar al público y no protegerlos en zonas de guerra constituye una violación de la libertad de prensa", afirmó el TGS, exigiendo a los hebreos la liberación inmediata de "nuestros colegas". 

Mientras, en la tierra del Tío Sam, Washington ha afeado a la prensa lo que consideran caer en la "propaganda iraní". En concreto, sobre su implicación en al ataque a la escuela primaria femenina Shajareh Tayyebeh, en la ciudad de Minab. El Gobierno norteamericano responsabilizó a los informadores de difundir acusaciones infundadas y su portavoz, Karoline Leavitt, ha defendido que Estados Unidos “no ataca a civiles”, abanderando un discurso sobre la manipulación mediática. 

Leavitt advirtió a la prensa que no señale al país como responsable de este ataque que dejó más de 170 fallecidos, subrayando que parte de la prensa cayó en la "propaganda iraní": "Quiero decirle de manera muy firme que Estados Unidos no ataca a civiles, a diferencia del régimen deshonesto iraní que ataca a civiles, que mata niños, que ha matado a miles de su propia gente en las últimas semanas y usa propaganda con bastante eficacia", expresó al abordar la polémica. La portavoz de la Casa Blanca elevaba el tono y afirmaba rotundamente que "la prensa solo quiere hacer quedar mal al presidente, eso es un hecho".

Estos son solo los ejemplos más recientes de la batalla que libran por el relato. En el caso de Israel, su ejemplo más claro ha sido palpable a lo largo de estos últimos dos años. Desde 2023, cuando comenzara su nueva ofensiva sobre Gaza, los de Netanyahu prohibieron la entrada a territorio palestino de cualquier periodista internacional. Además, centenares de profesionales de la información palestinos han muerto dentro de sus fronteras en este tiempo.

Organizaciones como la International Federation of Journalists (IFJ) denunciaron que, entre el 14 y 17 de junio de 2025, al menos 26 periodistas -principalmente palestinos y corresponsales extranjeros- fueron agredidos, acosados, impedidos de acceder a zonas de impacto, o tuvieron su equipo requisado mientras cubrían ataques en Israel, con policías negando acceso o interrogando a reporteros, incluso cuando estos cumplían con las reglas de acreditación. La IFJ afirmó que estas acciones equivalen a un intento de limitar la cobertura del conflicto y controlar qué y cómo se informa al mundo.

Uno de los rostros más conocidos de la información en nuestro país, Almudena Ariza, quien fuera durante un tiempo corresponsal de TVE en Jerusalén, de hecho, denunció en más de una ocasión la censura y dificultades de ser periodista, sobre todo extranjero, en territorio israelí. En mayo de 2025, en una conexión con Silvia Intxaurrondo, la periodista confesaba que el hecho de español "es un dato a tener en cuenta y no precisamente en positivo desde hace tiempo": "Llevo aquí más de un año y medio y lo complica muchísimo. Bueno, complica en general la presencia de los periodistas. Aquí no somos bienvenidos. Lo primero que te dicen cuando te ven en la calle con una cámara es: '¿Estás con Israel o no estás con Israel?’. Hay otras veces que te preguntan ‘¿estás con Israel o estás con Hamas?’. Eso por no hablar de los insultos que recibimos a diario", explicaba. 

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