Francesca Albanese, relatora de Naciones Unidas, llegó a Madrid ya sancionada, sin cuenta bancaria y bajo el peso de un sistema que busca castigar la verdad. Sin embargo, en sus encuentros con el Ejecutivo español, ha encontrado algo que escasea en el tablero geopolítico: valentía. Al agradecer el liderazgo de Pedro Sánchez frente a las "tácticas de amedrentamiento" de Washington, la relatora ha confirmado que el compromiso de España con Palestina y la legalidad internacional es hoy el único motor capaz de sacar a Europa del abismo moral. Un encuentro con ministros y una "epifanía" ante el Guernica marcan el inicio de una nueva era de soberanía española.
La presentación de ‘Cuando el mundo duerme’, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, este pasado miércoles 6 de mayo, se convirtió en algo más que un acto: fue un espacio de denuncia, memoria y conciencia crítica. Francesca Albanese, cuya labor como relatora especial de Naciones Unidas ha contribuido a visibilizar la realidad del pueblo palestino más allá de los discursos oficiales.
En este acto, Francesca Albanese estuvo acompañada por Olga Rodríguez, Carlos Bardem y Aitana Sánchez Gijón.
El ambiente en el Círculo de Bellas Artes de Madrid desbordaba la capacidad de sus muros. No era solo la sala principal; otras dos salas adyacentes y cientos de personas conectadas por streaming y una larga fila de personas que no pudieron entrar al acto, daban fe de que el silencio que suele rodear a las tragedias lejanas se había roto esa tarde. Sobre el escenario, cuatro voces se unieron para presentar ‘Cuando el mundo duerme’, el libro de Francesca Albanese, relatora de Naciones Unidas para Palestina, fue mucho más que una presentación literaria: fue un alegato contra la impunidad y el "necrocapitalismo".
Olga Rodríguez inició el acto con una cifra que pesaba en el aire: dos años y siete meses de genocidio en Gaza. Sus palabras recordaron que lo que ocurre hoy es fruto de las impunidades sembradas en el pasado. Rodríguez denunció la "oscuridad informativa" impuesta en Gaza, donde la prensa internacional sigue sin poder entrar, y recordó a los más de trescientos periodistas asesinados en Palestina y Líbano. El recuerdo de José Couso, asesinado en Bagdad en 2003, sirvió para ilustrar cómo los crímenes impunes de ayer facilitan la normalización de la violencia de hoy.
La poesía como último refugio
La actriz Aitana Sánchez-Gijón, visiblemente emocionada, tomó el micrófono para dar voz a los que ya no la tienen. Leyó el testamento vital y poético de Refaat Alareer , el profesor de literatura asesinado en un bombardeo israelí en diciembre de 2023. Las palabras de Alareer —«probablemente el objeto más peligroso que tengo en casa es un rotulador»— resonaron en la sala, seguidas de su poema ‘Si debo morir’, que pide que su historia se convierta en una cometa blanca que traiga esperanza a los niños de Gaza.
El robo de las palabras y la existencia negada
Carlos Bardem centró su intervención en la necesidad de "llamar a las cosas por su nombre". Relató una historia estremecedora contenida en el libro: un colono israelí que, ante la presencia de un palestino, afirmó tajantemente: «Palestina no existe... tú no existes». Bardem instó a la audiencia a no permitir que se roben las palabras: lo que los medios llaman "detenciones" en aguas internacionales son, en realidad, secuestros de civiles.
Francesca Albanese: El coste de la verdad y la "muerte civil"
Cuando Francesca Albanese tomó la palabra, lo hizo desde una doble condición: la de jurista rigurosa y la de ciudadana europea sancionada. Albanese reveló con crudeza las consecuencias personales de su labor como relatora. Desde julio de 2025, sufre sanciones impuestas por el gobierno de Estados Unidos que han tenido un impacto devastador en su vida cotidiana porque “me han denegado la posibilidad de tener una cuenta bancaria, tarjetas de crédito o incluso seguro médico”.
Albanese describió esta situación como una forma de "muerte civil" orquestada para castigar su independencia y su denuncia de las violaciones de derechos humanos. Sin embargo, enfatizó que ella no es el único objetivo de esta estrategia de asfixia “Estados Unidos ha extendido estas medidas a otros cargos de máxima relevancia internacional, incluyendo al Fiscal General del Tribunal Penal Internacional (TPI) y a los jueces de dicha corte”. Esta exclusión sistemática del sistema financiero y legal global busca, según Albanese, enviar un mensaje de miedo a cualquier funcionario internacional que pretenda aplicar el derecho contra los intereses de las potencias hegemónicas.
El papel del Gobierno español y Pedro Sánchez
En este contexto de aislamiento, Albanese agradeció el papel de España. Destacó el liderazgo del presidente Pedro Sánchez, quien ha sido uno de los pocos mandatarios europeos en elevar la voz públicamente contra estas sanciones. Albanese reveló que el apoyo de Sánchez no ha sido sólo retórico: el presidente ha defendido la integridad de los jueces y fiscales del TPI y de mi frente a las presiones de Washington.
La relatora compartió que durante su estancia en Madrid ha mantenido reuniones de alto nivel con diversos ministros y miembros del Gobierno, encontrando en España un refugio político y un ejemplo de soberanía europea. Afirmó que España está liderando un "bloqueo" simbólico y político contra las sanciones estadounidenses, intentando preservar la independencia del derecho internacional frente a lo que calificó como "tácticas de amedrentamiento mafiosas".
Necrocapitalismo y la epifanía del Guernica
La relatora desgranó el concepto de "necrocapitalismo": un sistema donde grandes corporaciones de tecnología, defensa y transporte (citando ejemplos como Volvo o Hyundai) lucran directamente con la ocupación y el genocidio. Denunció que, mientras la economía real sufre, los negocios de la muerte prosperan bajo un velo de impunidad.
Finalmente, confesó haber tenido una "epifanía" esa misma mañana frente al Guernica de Picasso en el Museo Reina Sofía. Al contemplar la obra tras sus conversaciones con los responsables del Ministerio de Cultura, comprendió que su último informe sobre la tortura sistemática trataba exactamente de lo que Picasso pintó: “no es solo la guerra como evento bélico, es el dolor crónico que rompe el alma de todo un pueblo”.
El acto concluyó con una llamada a la acción y a la esperanza, que Albanese definió como "un músculo que hay que entrenar". La presentación del libro no fue solo un evento cultural, fue un recordatorio de que, frente a la exclusión del sistema y el silencio ensordecedor del mundo, la palabra y la solidaridad política —encabezada en este caso por el gesto de España— son las últimas líneas de defensa de la humanidad.