El Ministerio de Asuntos Exteriores ha elevado este miércoles a 26 el número de españoles fallecidos por los terremotos que sacudieron Venezuela la pasada semana, una cifra que confirma el fuerte impacto de la tragedia también entre la comunidad española residente o desplazada en el país. El balance, trasladado por el ministro José Manuel Albares, mantiene además en 150 los españoles desaparecidos y en 12 los compatriotas localizados bajo los escombros, mientras los equipos de emergencia continúan trabajando en condiciones extremas.

La situación sigue siendo crítica una semana después del doble seísmo. Las autoridades venezolanas cifran ya en cerca de 2.000 las víctimas mortales y en más de 10.500 los heridos, en un escenario marcado por la destrucción de edificios, el colapso sanitario y las enormes dificultades logísticas para acceder a algunas de las zonas más castigadas. Los hospitales, especialmente en Caracas y su entorno, continúan recibiendo heridos en condiciones muy precarias.

Una búsqueda contra el reloj

Las labores de rescate se han convertido en una carrera desesperada contra el tiempo. Según los últimos datos difundidos por las autoridades venezolanas, 6.461 personas han sido rescatadas con vida desde que se produjo la catástrofe. Sin embargo, el paso de los días reduce las posibilidades de encontrar supervivientes bajo los restos de viviendas, comercios y edificios públicos derrumbados.

En varias zonas afectadas, los equipos de emergencia trabajan en silencio para tratar de detectar golpes, voces o cualquier señal procedente del interior de los escombros. La presencia de rescatistas locales e internacionales ha permitido mantener activos numerosos puntos de búsqueda, aunque la magnitud de la devastación complica las tareas. A la falta de maquinaria pesada se suman los cortes de suministros, los daños en infraestructuras básicas y el riesgo de nuevos desprendimientos.

El Gobierno español mantiene abierto el seguimiento consular de los afectados y continúa actualizando el recuento conforme avanzan las identificaciones. La cifra de fallecidos españoles ha ido aumentando en los últimos días, lo que evidencia la complejidad del proceso y la dificultad para localizar a todos los ciudadanos en medio del caos posterior al desastre.

Para muchas familias, la espera se ha convertido en una agonía. La confirmación de nuevos fallecimientos convive con la incertidumbre de los desaparecidos y con la esperanza, cada vez más frágil, de que todavía pueda producirse algún rescate con vida. Exteriores insiste en que el balance sigue siendo provisional y sujeto a cambios a medida que se reciba información sobre las personas no localizadas.

La catástrofe ha golpeado con especial dureza al norte del país y ha dejado una imagen de devastación que desborda la capacidad de respuesta de las autoridades venezolanas. A los miles de muertos y heridos se suma una emergencia humanitaria que amenaza con agravarse por la falta de alimentos, agua potable, atención médica y alojamiento para quienes han perdido sus viviendas.

La prioridad inmediata sigue siendo rescatar a quienes puedan permanecer atrapados, atender a los heridos y garantizar asistencia básica a la población desplazada. Mientras tanto, España sigue pendiente de la evolución del balance de víctimas y del estado de los compatriotas desaparecidos, en una tragedia que ya deja 26 españoles muertos y que mantiene en vilo a decenas de familias.

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