El Gobierno de España invitará a Delcy Rodríguez, actual presidenta encargada de Venezuela, a la próxima Cumbre Iberoamericana, que se celebrará en Madrid los días 4 y 5 de noviembre de 2026. Así lo ha confirmado el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, durante su visita oficial a República Dominicana, en el marco de una gira diplomática por América Latina y el Caribe para preparar una cita que Moncloa quiere convertir en un relanzamiento político del espacio iberoamericano.

La decisión supone un movimiento diplomático de calado. Rodríguez continúa incluida en la lista de sancionados de la Unión Europea, con restricciones que afectan a su entrada en territorio comunitario, pero el Ejecutivo español defiende que la Cumbre debe mantener su naturaleza institucional y convocar a quienes ejercen la representación internacional de cada Estado. “Se invita a quien tiene la representación internacional de cada país”, ha venido a resumir Albares al ser preguntado por el caso venezolano, en una respuesta que sitúa la invitación en el terreno de la normalidad protocolaria y no en el del respaldo ideológico.

Madrid busca recuperar el pulso iberoamericano

La invitación a Rodríguez forma parte de una estrategia más amplia del Gobierno para garantizar una asistencia de alto nivel a la XXX Cumbre Iberoamericana. España quiere que la cita de Madrid no sea un encuentro de trámite, sino una demostración de influencia diplomática en un momento en el que el foro ha perdido peso político por la fragmentación regional, las tensiones ideológicas y la distancia creciente entre algunos gobiernos latinoamericanos.

Albares ha iniciado una ronda de contactos para cursar invitaciones oficiales y reforzar la presencia de líderes de la región. En República Dominicana, el ministro se ha reunido con el canciller Roberto Álvarez y con las autoridades del país, uno de los actores con mayor implicación en el espacio iberoamericano. La agenda española incluye también contactos con otros gobiernos latinoamericanos, entre ellos México, cuya presidenta, Claudia Sheinbaum, es considerada una presencia clave para dar relevancia política a la cumbre.

El caso de Venezuela, sin embargo, introduce una dificultad añadida. Delcy Rodríguez asumió la presidencia encargada tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas por parte de Estados Unidos el pasado mes de enero, según recogen las informaciones publicadas este martes. Su figura concentra ahora buena parte de las tensiones entre la nueva etapa política venezolana, el reconocimiento internacional y las sanciones que la Unión Europea mantiene vigentes.

España sostiene que la presencia de la mandataria venezolana puede encajar en las excepciones previstas para reuniones internacionales de este tipo, aunque la situación no está exenta de obstáculos. Las sanciones europeas contra Rodríguez, impuestas desde 2018, fueron justificadas por la UE por su papel en el deterioro democrático y las violaciones de derechos humanos en Venezuela. El Gobierno español ha pedido que se revise esa situación, pero el levantamiento de las medidas requiere unanimidad entre los Veintisiete, un consenso que no se da por hecho.

La posición de Madrid responde a una lógica que Exteriores viene defendiendo desde hace años: mantener canales abiertos con América Latina incluso cuando existen diferencias políticas profundas. En el caso venezolano, esa apuesta se traduce ahora en una normalización gradual del contacto institucional, en línea con el nuevo tablero abierto tras los cambios políticos en Caracas y con el respaldo tácito de Washington a la actual autoridad venezolana, según las informaciones publicadas.

La invitación, no obstante, previsiblemente provocará críticas en la derecha española, que ya ha convertido la relación del Gobierno con Venezuela en uno de sus ejes de desgaste político. La presencia de Rodríguez en Madrid serviría al PP y a Vox para reactivar sus acusaciones contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez, pese a que Exteriores insiste en que la Cumbre Iberoamericana no puede funcionar con exclusiones selectivas si aspira a representar al conjunto de la comunidad iberoamericana.

Para Moncloa, el cálculo es distinto. La Cumbre de Madrid ofrece a España la posibilidad de reivindicar su papel como puente entre Europa y América Latina, especialmente en un momento en el que la UE busca reforzar sus alianzas exteriores y diversificar sus relaciones políticas y económicas. La participación de Venezuela, incluso con una dirigente sancionada, sería presentada por el Gobierno como una cuestión de eficacia diplomática: hablar con todos para poder influir en todos.

La cita se celebrará bajo el lema “Iberoamérica. Juntos construimos nuestra comunidad. Juntos la proyectamos hacia el futuro y hacia el mundo”, una formulación que resume la intención española de proyectar el foro más allá de las declaraciones finales habituales. El reto será transformar ese lema en una cumbre con contenido político real, capaz de reunir a gobiernos de distinto signo y de sortear las tensiones entre democracia, derechos humanos, sanciones y reconocimiento institucional.

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