La violencia en Oriente Medio se ha convertido en la noticia dominante de las últimas semanas tras una ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos en Irán, que ha desencadenado una escalada de ataques de misiles, drones y bombardeos en toda la región. Las fuerzas estadounidenses e israelíes han multiplicado sus operaciones contra infraestructuras militares iraníes, yihadistas y milicias aliadas, en lo que algunos analistas describen como una de las campañas más intensas en décadas en la región.

La confrontación ha generado una crisis de enorme incertidumbre global. Irán ha respondido con ataques contra bases estadounidenses en países del Golfo como Kuwait, Bahréin y Qatar, además de lanzar misiles hacia Israel y otros territorios. Numerosos países árabes que albergan activos estadounidenses han sido objetivo de represalias iraníes, ampliando el conflicto más allá de las fronteras tradicionales. Mientras tanto, la campaña militar ha afectado a civiles en múltiples frentes, con bombardeos contra zonas urbanas de Teherán y el sur del Líbano, incluyendo Beirut, que han provocado evacuaciones masivas y un número creciente de víctimas.

La escalada no solo tiene implicaciones humanitarias, sino también geopolíticas y económicas. El cierre efectivo del estrecho de Ormuz —un punto crítico para el tránsito de energía global— ha interrumpido el tráfico marítimo y disparado los precios del petróleo y el gas. Ante esta situación, la reacción de los países europeos ha sido diversa y en algunos casos contradictoria. Mientras gobiernos como el de Emmanuel Macron han autorizado el uso de bases francesas para apoyar operaciones estadounidenses alegando defensa de aliados regionales, otros como el gobierno español han rechazado la participación directa de sus fuerzas en acciones militares unilaterales.

En España, encuestas recientes muestran un rechazo mayoritario de la población a la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán, con cerca de siete de cada diez ciudadanos opuestos a la intervención y respaldando decisiones del Ejecutivo como negar el uso de bases españolas a las fuerzas estadounidenses. Esta polarización de opiniones refleja una tendencia más amplia en Europa, donde tanto gobiernos como ciudadanos debaten el papel que la Unión Europea debería jugar ante esta crisis de seguridad global.

Frente a este escenario, la pregunta sobre la autonomía estratégica europea se impone con fuerza. La dependencia histórica de la OTAN y la coordinación con la política militar estadounidense plantean dudas sobre si los países comunitarios están preparados para definir y ejecutar una política exterior propia, especialmente cuando las decisiones de Washington pueden arrastrarlos a conflictos que escapan a sus prioridades inmediatas. ¿Debe Europa marcar su propio rumbo en Oriente Medio sin depender de Washington?

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ENCUESTA: ¿Debe Europa marcar su propio rumbo en Oriente Medio sin depender de EEUU?

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