El líder liberaldemócrata británico, Nick Clegg, dimitió hoy tras el hundimiento de su formación política en las elecciones del jueves, que recibió un duro castigo del electorado por los cinco años de coalición gubernamental con el conservador David Cameron, gran triunfador de los comicios. El partido de Clegg perdió 48 escaños en la Cámara de los Comunes donde se queda solo con ocho diputados y es desplazado por los nacionalistas escoceses como tercera fuerza política del Reino Unido.

"La responsabilidad del resultado es mía y solo mía", dijo Clegg en una intervención pública en la que anunció su dimisión como consecuencia de lo que denominó "catastróficos resultados" obtenidos en una "noche de castigo" para los liberaldemócratas. Muy emocionado, tras asegurar que en estos comicios "ganó el miedo" y ataviado con una corbata amarilla (el color de su partido) Clegg dijo que el liberalismo "es ahora más necesario que nunca" y prometió que su partido "volverá" .

La historia "nos juzgará"
Clegg justificó la decisión que adoptó hace cinco años de coligarse con Cameron en la necesidad de facilitar el gobierno del país en momentos de crisis y consideró que la historia "nos juzgará" por esa actuación. La renuncia de Clegg era esperada desde que se conoció el fiasco electoral que sufrieron los liberaldemócratas con la pérdida de la inmensa mayoría de sus escaños y después de que algunos de los pesos pesados del partido, como el secretario de Estado del Tesoro, Danny Alexander, y el ministro de Energía, Ed Davey, se quedaran sin sus escaños.

Clegg logró retener el suyo, pero ello no fue suficiente para atajar la crisis abierta por unos resultados tan adversos como los cosechados en las elecciones del jueves en las que arrasaron sus socios de Gobierno, los conservadores de Cameron, quienes superaron la mayoría absoluta que les permitirá gobernar en solitario.

Un precio muy alto
Ed Davey, uno de los damnificados de los liberaldemócratas, que perdió su escaño en beneficio de los conservadores, sostuvo que aunque su partido "pagó un precio" por la coalición de gobierno, también ve tras su derrota las consecuencias de las advertencias "tories" durante la campaña sobre el peligro de que se formara un gobierno entre los laboristas y los nacionalistas escoceses.

El exlíder liberal Paddy Ashdown declaró a la cadena pública BBC que pese a los resultados se siente "inmensamente orgulloso de que en 2010 pusimos los intereses nacionales por delante" de los del partido al formar la coalición con los conservadores.

Agradecimiento de Cameron
Hoy, el primer ministro y gran triunfador de los comicios, David Cameron, tuvo palabras de agradecimiento a Clegg al asumir su segundo mandato por su actuación de hace cinco años, que le facilitó la formación de gobierno. Clegg, de 48 años, está casado con la abogada española Miriam González, con la que tiene tres hijos y a la que suele acompañar durante las vacaciones de verano en las visitas a su familia en la provincia castellana de Valladolid.

Se conocieron durante su estancia en el prestigioso Colegio Europeo de Brujas, en Bélgica, y se casaron en el año 2000. Educado en el Colegio de Westminster de Londres y licenciado en Antropología y Arqueología por la Universidad de Cambridge, Clegg completó su formación en Estados Unidos, y habla cuatro idiomas además del inglés: español, francés, alemán y neerlandés.

El eclipse de Clegg
Aunque solo hace unos años era considerado una personalidad emergente de la política británica, la figura e influencia de Clegg se ha ido eclipsando progresivamente tras el pacto con Cameron, que muchos de sus votantes no le han perdonado. Su ascenso hasta lograr 56 diputados fue una sorpresa en las elecciones de 2010, cuando se convirtió en partido bisagra.

De vocación europeísta, vio como su socio de gobierno se comprometía a convocar un referéndum sobre la permanencia o no en la Unión Europea si ganaba estas elecciones, como así ha sido, en 2017. Los "catastróficos resultados" cosechados, según reconoció él mismo al presentar su dimisión, son la prueba de que su pacto con el Partido Conservador le ha pasado una abultada factura y ha asestado un fuerte golpe a su carrera política.