La escalada bélica en Irán es una realidad. A principios de esta semana Donald Trump intentaba apaciguar las aguas y aseguraba que "la guerra estaba prácticamente terminada" y que le quedaba poco. Cuatro días ha durado esa posición: este sábado el líder republicano estadounidense giraba el timón y decía que "la guerra se alargará todo lo que sea necesario". Se desconocen las causas que le han podido llevar a dar este volantazo, pero sobre lo que sí existe certeza es que no todo es tan optimista, ni tan sencillo, ni tan reduccionista, como el líder de Washington lo quiere pintar. La Casa Blanca tiene en Irán un importante problema que no va a desaparecer porque Trump diga que a la guerra le quedan dos telediarios o porque endurezca el discurso de repente.

"Prácticamente no queda nada. Cuando yo quiera que termine, terminará", afirmaba Trump a principios de semana, en unas declaraciones que se torcían hacia la dirección opuesta este sábado. "La guerra se prolongará todo lo que haga falta". Este cambio en el discurso es, per se, un indicio de que el optimismo del estadounidense, que también pronunciaba las palabras "victoria" y "ganar", no es tan real, pero también hay otros puntos más tangibles que escenifican esta realidad. "Déjenme decirles que ganamos. Saben, nunca se dice demasiado pronto que se ganó. Pero ganamos. Ganamos", pronunciaba Trump en un encuentro en Kentucky. Pero no todo es tan sencillo.

El primer punto sobre el que hay que poner la vista es el Estrecho de Ormuz. Teherán ha bloqueado el paso de este punto geográfico por el que discurre aproximadamente una quinta parte de todo el crudo mundial, en un movimiento que, sumado a los ataques a petroleros y a explotaciones petrolíferas, ha encarecido significativamente los precios del barril. El Ejército estadounidense, además, es consciente de los peligros que allí aguardan: minas, misiles antibuque, drones... y no quiere entrar. Trump, de hecho, amenazaba con "ataques sin precedentes y nunca antes vistos" si se confirmaba la hipótesis de que Irán había minado el estrecho. Con este telón de fondo no existe una solución a corto plazo y si el paso vuelve a ser transitable, los barcos que por allí navegaran deberían de hacerlo con escolta. Todo ello podría cambiar, no obstante, si se alcanzara una solución pacífica y negociada con Irán, pero Trump solamente acepta la rendición incondicional y eso es algo por lo que Teherán no va a pasar.

El 'cambio de régimen', las respuestas iraníes y los aliados internacionales

El ayatolá Alí Jameneí murió bajo los bombardeos estadounidenses el primer día de la guerra, un hecho que invitaba a pensar que el conflicto no se extendería demasiado y que Estados Unidos e Israel se saldrían con la suya, provocarían una revolución en clave interna e instaurarían un gobierno títere afín a sus intereses. Nada más lejos de la realidad: los ayatolás han nombrado un nuevo líder supremo, Mojtabá Jamenei, hijo del fallecido y sin un solo viso de rendición en sus planes, y el objetivo de manipular a la población iraní contra sus propios poderes ha fracasado. Un palo más en la rueda de la retórica del éxito bélico de Washington y Tel Aviv: la operación puede considerarse como un éxito militar, en tanto que han sido capaces de eliminar con precisión quirúrgica al máximo dirigente de Teherán, pero como un fracaso en lo político al no haber cambiado nada más allá del nombre del líder.

Irán, a su vez, no se ha amilanado ante las hostilidades y ha respondido de manera paralela a los ataques sufridos bombardeando posiciones estadounidenses en Qatar, Omán, Irak, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Kuwait. La rendición incondicional por la que aboga Trump no está contemplada ni de lejos en el imaginario de Teherán. Por otra parte, otro de los frentes que han abierto las decisiones y acciones de Trump es el debate de la independencia de Europa y la desanexión de Washington en sus intereses internacionales y en materia de defensa. Y es que, en este punto, países europeos como Francia sí han estado abogando por la idea de ser más independientes de Estados Unidos en el área militar, y países como España se han opuesto directamente a los intereses imperialistas de la Casa Blanca vetando la utlización para el conflicto de las bases norteamericanas en suelo nacional.

La alta representante de la política exterior de la Unión Europea, Kaja Kallas, argumentaba que la UE debería asumir más decisiones complejas: "Si coincidimos en el diagnóstico, también deberíamos coincidir en el tratamiento". Una manera de sintetizar que, a pesar de las tensiones que traería con Estados Unidos el reforzar la autonomía de Europa, en un futuro sería beneficioso para el viejo continente. No sólo porque reforzaría su autonomía estratégica y su posición militar, sino porque no se verían obligados por arrastre a sumarse e inmiscuirse en misiones que solo le interesan a Estados Unidos por su naturaleza imperialista.

La dura respuesta de Mojtaba Jameneí y los intereses reales de Washington

Por otro lado, si la Casa Blanca pensaba que eliminar al líder supremo iba a significar que los iraníes iban a plegarse, se ha equivocado. En su primer discurso, el nuevo líder supremo advertía de que el bloqueo al tráfico del petróleo permanecerá como forma de presión a los ataques: "Vamos a seguir vengando la sangre de nuestros mártires y, aprovechando nuestra influencia, bloqueando el estrecho de Ormuz. No tenemos otra opción que continuar".

Jameneí anunciaba el jueves esta medida como clave para "presionar al enemigo", escenificado en Washington y Tel Aviv. Al tiempo, añadía el ayatolá que las autoridades y fuerzas militares iraníes están contemplando "abrir otros frentes donde el enemigo tiene poca experiencia y será extremadamente vulnerable". No son palabras que parezcan que una rendición incondicional está próxima, desde luego.

Por su parte, desde Washington, la actitud ante las advertencias de Irán es tranquila. Intentan, de hecho, correr un tupido velo ante los problemas que ya se están haciendo de notar en el plano internacional por la escalada del precio del petróleo. Trump llegaba a restarle importancia a esta exponencial subida de precios, considerando que incluso benefician a su país, asegurando que son "el mayor productor de petróleo del mundo, de lejos, así que cuando los precios suben, ganamos un montón de dinero". Lo que se conoce como un freudian slip o revelar indirecta e inintencionadamente las verdaderas intenciones detrás de la operación en el país persa. Hacer que el mundo arda, lavarse las manos, mirar para otro lado y esperar que el caos dé sus frutos.

"Para mí, como presidente, es de mucho mayor interés e importancia impedir que un imperio maligno, Irán, cuente con armas nucleares y destruya Oriente Próximo y, de hecho, el mundo. ¡No voy a permitir que eso ocurra!", argumentaba el republicano, azuzando de nuevo un clamor manido hasta la saciedad y con décadas de antigüedad: en los años noventa ya se podía ver a Netanyahu asegurando que a Irán le faltaban "escasos meses" para tener armamento nuclear. Lo mismo en los 2000, y hace quince años, y ahora. Aquellos meses de los noventa deben ser los más largos de la historia, porque hasta donde se sabe oficialmente Teherán sigue sin tener cabezas nucleares en su haber y estaban en la mesa negociaciones con precisamente Estados Unidos para firmar un acuerdo disuasorio y abandonar la carrera nuclear.

Poco optimismo puede esperarse, o mejor dicho, difícil es de creer el que se intente trasladar desde la Casa Blanca, cuando el panorama es este. Irán no se va a rendir, va a seguir respondiendo a los ataques y va a mantener firme su posición, y mientras el conflicto continúa, los aliados de Estados Unidos están empezando a darle la espalda progresivamente. Cuestiones sobre la independencia armamentística, rechazo frontal a la retórica de guerra, y una nueva neutralidad en la que ya no se siguen ciegamente las órdenes del Tío Sam, sino que afloran las discrepancias con razón. En cualquier caso, las consecuencias son las mismas de cualquier guerra: quien paga el pato son los ciudadanos que ven encarecidas sus necesidades básicas y quien se beneficia y enriquece son las élites empresariales que hacen negocio con el conflicto.

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