La crisis migratoria de Ceuta ha vuelto a reabrir viejas heridas y debates en el seno del Viejo Continente. La llegada irregular de 50.000 personas a la ciudad autónoma española durante la pasada semana ha sacado a relucir las contradicciones y carencias de la Unión Europea, que lleva años tratando las fronteras exteriores como una responsabilidad común, pero cuando realmente ocurre algo concreto, algunos Estados parecen lanzar el mensaje de que dejan de ser una responsabilidad común para convertirse en un asunto personal de los países afectados, en este caso, España. Este martes se reunirán con carácter de urgencia los veintisiete ministros del Interior de la Unión para debatir una estrategia de actuación tras la reciente crisis migratoria ceutí, y deberán hacerlo conscientes de los agujeros en la cohesión del organismo supranacional al respecto.

Hasta veinte países se han adscrito a una carta encabezada por Italia y Alemania para presionar a España tras lo ocurrido en Ceuta. A Roma y Berlín se suman Austria, Bélgica, Bulgaria, Croacia, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Grecia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Países Bajos, Polonia, República Checa, Rumanía y Suecia para reclamar una actuación conjunta para reforzar las fronteras exteriores, acelerar los retornos y combatir las redes dedicadas al tráfico de personas. Francia, Luxemburgo y Portugal son los tres países que han apoyado a España y han señalado que lo ocurrido no es exclusivamente responsabilidad de Madrid, sino que es del conjunto de los veintisiete. Los errores cometidos por el Gobierno de España en cuestiones diplomáticas con Marruecos y las consecuencias que ellos han podido acarrear son señalables y debatibles, pero ello no implica que lo correcto sea depositar toda la responsabilidad en un país que es, además, especialmente susceptible a los fenómenos migratorios por su posición geográfica y por asuntos geopolíticos, ni pasar por alto las dimensiones humanas, económicas y sociales que motivan los flujos de inmigración.

Dirimir responsabilidades y pasar por alto los riesgos añadidos

En texto, los firmantes relacionan las llegadas masivas con la política española de regularización y con la reciente sentencia del Tribunal Supremo que limita los rechazos inmediatos de quienes alcanzan territorio nacional a nado, replicando el discurso que empleaba otrora la extrema derecha sobre el "efecto llamada", sin tener en cuenta en absoluto la responsabilidad de Marruecos sobre lo ocurrido y el contexto geopolítico que lo decide todo en la frontera sur española, donde Rabat presiona con su ya acostumbrada diplomacia agresiva. Calificaba Pedro Sánchez lo ocurrido ante la prensa de "agresión a la soberanía territorial española", pero sin incidir en la responsabilidad marroquí. La propia Unión Europea y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, calificaban, de hecho, a Marruecos como "un socio absolutamente fiable e imprescindible". Entre el temor a señalar a Marruecos como responsable de lo ocurrido y depositar el peso sobre España son las aguas entre las que navega Bruselas. Las fronteras son un problema común hasta que pasa algo, que entonces son culpa de a quien le toque.

Paralelamente a la escalada discursiva de los veintidós países citados, que depositan la presión sobre España e insisten en la necesidad de reforzar las fronteras para que no se repitan episodios como el de la pasada semana, existe un riesgo añadido: el de la deshumanización. Cabe recordar que se está hablando de personas, y esa es la dimensión que debe atravesar todo el asunto, máxime en un Parlamento Europeo que votó a favor de externalizar e hipervigilar las fronteras mediante la construcción de centros de reclusión y deportación en las zonas de mayor intensidad de llegadas. El endurecimiento de las fronteras, la vigilancia extrema sobre las mismas y tratar la cuestión desde perspectivas más cercanas a la seguridad que al carácter humanitario está llevando a los Estados miembros a posiciones políticas que se alejan de los valores integradores y acogedores del Viejo Continente, y a desnaturalizar a las personas afectadas. Un migrante es una persona que está buscando suerte para sobrevivir en una tierra que le es ajena porque en la suya no tiene la posibilidad de hacerlo, y es eso lo que debería vertebrar el debate.

Reunión de ministros del Interior

Así las cosas, los ministros de Interior de la Unión Europea (UE) se reunirán de urgencia este martes para hablar sobre la crisis migratoria de la ciudad autónoma española. La reunión fue comunicada el sábado por el primer ministro irlandés, Micheál Martin, tras las peticiones por parte de veintidós Estados miembros, y de Pedro Sánchez, para convocar este encuentro extraordinario. "Seguimos en estrecho contacto con todos los Estados miembros y las instituciones, y continuamos siguiendo de cerca la situación", comunicó a través de las redes sociales el ministro irlandés, cuyo país ostenta la presidencia de turno del Consejo de la UE.

Por su parte, el presidente español también remitió una carta a la presidenta de la Comisión europea, Ursula von der Leyen, al presidente del Consejo Europeo, António Costa y al jefe de Gobierno de la República de Irlanda, por su cargo de turno, en la que expresó su "profunda preocupación" por la reacción de algunos gobiernos europeos "tras el incidente ocurrido en la frontera exterior de la Unión Europea, en Ceuta".

"La mayoría nos ha mostrado su apoyo y solidaridad, y nos ha ofrecido su ayuda. Otros, sin embargo, han optado por atacar a España y pedir su exclusión temporal del Espacio Schengen", lamentó Sánchez, en alusión a la decisión del gobierno italiano, que abogó por excluir a España del citado espacio común de libre circulación y ha acordado establecer controles aleatorios en aeropuertos y puertos marítimos a ciudadanos no pertenecientes a la Unión Europea que procedan de España.

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