"Ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará rendición en Cuba. Tropezará con un pueblo decidido a defender la soberanía y la independencia en cada palmo del territorio nacional". Así ha respondido La Habana, de la mano de su presidente, Miguel Díaz-Canel, al presidente estadounidense, Donald Trump, tras amenazar con tomar el país isleño. El dirigente cubano, cuya cabeza está en juego ahora más que nunca, decidió plantarle cara a su homólogo estadounidense después de que pretendiera que la isla corriese la misma suerte que Venezuela y llevase hasta sus costas uno de los portaaviones más poderosos del Ejército, el USS Abraham Lincoln. Fue lo mismo que anunció el propio Trump con el portaaviones Gerald Ford para presionar a Nicolás Maduro apenas dos meses antes de su captura.
"Estaremos tomando Cuba casi de inmediato, Cuba es lo próximo", amenazaba el estadounidense. Algunos interpretaron sus palabras inicialmente como una broma, a vista de lo impredecible que es a veces el republicano, pero el envío del portaaviones, el endurecimiento de las sanciones ya existentes y la respuesta del Ejecutivo cubano han despejado toda duda. Las autoridades cubanas señalaban este sábado, además, que cualquier ataque contra la isla comportaría inevitablemente un riesgo para toda la región, en un contexto de creciente tensión entre La Habana y Washington.
"Puede existir paz mientras nadie se proponga imponerse"
"Una agresión contra Cuba tendría implicaciones directas para la estabilidad regional. No existe justificación alguna para una acción de esa naturaleza. Cuba no amenaza a nadie", ha manifestado el Ministerio de Exteriores del país, Bruno Rodríguez, en una escueta publicación en redes sociales. El Ejecutivo cubano se ha pronunciado en estos términos en respuesta a un mensaje anterior en el que el presidente colombiano, Gustavo Petro, defendía que "una agresión militar a Cuba es una agresión militar a Latinoamérica". En la misma línea, el escrito incide en la idea del Caribe como "una zona de paz", garantizando que la libertad y la armonía del continente son sostenibles en el tiempo siempre y cuando "nadie se proponga imponerse sobre los demás".
Si bien no hay en estas palabras alusión directa a Estados Unidos, esta advertencia llega apenas un día después de que Trump ironizase públicamente con la posibilidad de que Estados Unidos "tome el control" de Cuba en un futuro cercano, sugiriendo incluso una hipotética intervención militar tras la conclusión de su actual operación en Irán. Previamente, este mismo viernes, el inquilino de la Casa Blanca emitió una orden ejecutiva destinada a reforzar las sanciones estadounidenses contra el Gobierno isleño, así como contra personas, entidades y redes financieras vinculadas al Gobierno o que mantengan relaciones con actores ya sancionados.
Washington justificó la decisión alegando que el Ejecutivo cubano representa una amenaza para la seguridad nacional estadounidense por sus vínculos con países y organizaciones consideradas hostiles, así como por su papel en la represión interna y la inestabilidad regional. Además, acusó a La Habana de albergar actividades de inteligencia extranjera y de mantener relaciones con actores como Irán o el partido-milicia chií libanés Hezbolá.
Sanciones, amenazas y motivaciones
El sábado se conocía que Estados Unidos había aplicado nuevas sanciones sobre la población y empresas cubanas, apuntando directamente hacia personas o entidades que apoyen el aparato de seguridad, o "sean cómplices de corrupción" y de "violaciones graves de los Derechos Humanos", sin precisar quiénes son objeto de dichas sanciones y dejando la puerta abierta al libre albedrío en esta aplicación. Se trata, así, de un nuevo ataque del presidente Trump hacia las autoridades de la isla, a la que ha estado sometiendo en los últimos meses a una asfixia económica y energética en la misma senda que los gobiernos de sus predecesores durante los últimos 60 años, con el fin declarado de poner en jaque al Gobierno, animado por el éxito de la operación contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, detenido a principios de año en Caracas y ahora preso a la espera de juicio por narcotráfico. El titular de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, resumió la postura del Ejecutivo asegurando que las medidas no tendrán efecto. "No van a amedrentarnos", sentenciaba en respuesta a la nueva ofensiva de Washington.
Trump no ha escondido su deseo de que Cuba sea la siguiente en caer, declarando que sería todo un "honor" para él ser el presidente de Estados Unidos que lo consiga. "Después de 50 años, eso sería la guinda del pastel", llegó a decir. La Casa Blanca justifica estas nuevas represalias por la "nefasta influencia" que la pequeña isla tiene para la seguridad nacional de Estados Unidos, por ejemplo, según ha argumentado, dando cobijo a operaciones de Inteligencia de países extranjeros enemigos de Washington, así como por sus estrechos lazos con "patrocinadores del terrorismo", entre ellos el Gobierno de Irán, o el grupo libanés chií Hezbolá. "El régimen persigue y tortura a opositores políticos, niega a sus ciudadanos el derecho a la libertad de expresión y difunde activamente la ideología comunista por toda la región, al tiempo que reprime a su población", justificaba el republicano.
Este movimiento surge en clave de la estrategia política del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, mano derecha de Donald Trump en los asuntos de calado internacional. A falta de una victoria clara en Irán, con el atasco de toda la situación en este conflicto y los problemas en Ormuz, en una guerra que ya supera en impopularidad a la de Vietnam, el Imperio necesita nuevas victorias que llevarse a la boca, y con el precedente de Venezuela sobre la mesa, Cuba es la siguiente amenazada. Los estadounidenses justifican el movimiento alegando que la mayoría de los cubanos quiere un cambio de régimen y por sus propios intereses políticos en la región, porque supondría derrocar un Gobierno diametralmente opuesto en las ideas, que sirve de pivote en la región y con el que las relaciones llevan enturbiadas durante décadas por el bloqueo económico.