2 de abril. El conflicto en Oriente Medio entra en su segundo mes con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, enarbolando de nuevo una retórica combativa y de justificación de la hostilidad contra Irán. "Estados Unidos está a punto de cumplir los objetivos centrales de su guerra de Irán y finalizará el trabajo muy rápidamente, en un plazo de dos a tres semanas, en las que golpearemos con extrema dureza al régimen iraní, que ya ha sido derrotado y no representa una amenaza", expresaba el republicano en un discurso ante la nación, el primero dirigido expresamente al pueblo estadounidense desde que comenzara la Operación Furia Épica. Se esperaba algún tipo de anuncio importante, ya que las cadenas llegaron a cortar sus programaciones, pero solo fueron las mismas palabras azuzantes de las últimas semanas que, además, provocaron un aumento instantáneo del precio del Brent y una caída en las bolsas estadounidenses. Trump sigue tratando de justificar la guerra en Irán con la bomba nuclear que presuntamente Teherán está cerca de conseguir, en una cronología llena de contradicciones y de discursos contrapuestos.
19 minutos de discurso, desde la Casa Blanca, en los que Trump sacaba pecho de las "victorias rápidas, decisivas y abrumadoras en el campo de batalla". "Nunca en la historia de la guerra un enemigo ha sufrido pérdidas tan claras y devastadoras", aseguraba el estadounidense, intentando justificar la campaña de bombardeos junto a Israel y defendiendo que la primera opción que barajaban era una solución negociada, pero que "Irán se lanzó a obtener un arma nuclear como nunca antes se había visto". Son varios los países que cuentan con cabezas nucleares en su arsenal, entre ellos los propios Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia, Israel, India, Pakistán y Corea del Norte. Irán nunca ha producido, que sea de conocimiento público, un artefacto nuclear. "El régimen fanático de Irán ha gritado muerte a América y a Israel durante 47 años y mató recientemente a 45.000 de sus propios ciudadanos que estaban protestando", seguía argumentando el republicano, dando una cifra que ha aumentado respecto a los 32.000 de los que habló el 28 de febrero, cuando anunció el inicio de la operación. Argumentos, por otra parte, que se pisan: Trump ha asegurado en su última comunicación que su objetivo "nunca fue el cambio de régimen, pero el régimen ha caído". El primer día de la guerra animó a los ciudadanos del país a aprovechar el momento de debilidad para tomar el control de las instituciones.
Cronología de la retórica de guerra
En el último mes, el presidente norteamericano ha sido el protagonista de una ambigua serie de declaraciones contradictorias sobre los objetivos, la duración y la necesidad de esta guerra. En su última actualización de deseos, ha hablado de desmantelar la capacidad iraní para amenazar a Estados Unidos mediante recursos propios o milicias aliadas, así como la eliminación de su marina, su fuerza aérea, sus misiles y su base industrial de defensa. "Lo hemos logrado todo", aseguraba, añadiendo que el trabajo terminará pronto. Una retórica triunfal que no solamente es la misma desde que empezó la guerra pese a las contradicciones, sino con la que Trump pasa por alto que el régimen iraní sigue en pie, que sigue determinado a no rendirse, que Israel sigue siendo atacado por Hezbolá, y que Irán sigue contando con armamento balístico y con visos de emprender una futura carrera nuclear.
Echando la vista atrás, el 3 de marzo, apenas cuatro días después de que comenzara la operación, Trump ya hablaba de que Estados Unidos había ganado la guerra tras haber matado al ayatolá Alí Jameneí. Cuatro días después, el 7 de marzo, la misma retórica: Irán ha sido derrotado. El 12 de marzo, el republicano aseguraba que "la guerra está terminando casi por completo, y de manera muy hermosa". El 13 de marzo, Trump ganaba la guerra por segunda vez. El 14, dejaba de ganarla: "Por favor, ayúdennos. Si no nos ayudan, lo voy a recordar".
El 16, todo resultaba ser un cebo a los miembros de la OTAN: "En realidad, no necesitamos ninguna ayuda en absoluto. Solo estaba probando para ver quién me escucha. Si la OTAN no ayuda, sufrirán algo muy malo". El 17, se reafirmaba en el desprecio a los aliados: "No necesitamos ni queremos la ayuda de la OTAN. No necesito la aprobación del Congreso para retirarme de la OTAN". El 18 de marzo, vuelta a pedir ayuda: "Nuestros aliados deben cooperar para reabrir el Estrecho de Ormuz. Los aliados de Estados Unidos tienen que espabilar: dar un paso al frente y ayudar a abrir el Estrecho de Ormuz. La OTAN son unos cobardes". El 21 de marzo, resultaba que el estrecho de Ormuz ya no le interesaba a Washington porque "no lo usamos, no necesitamos abrirlo". El 22 de marzo, llegaban los ultimátums: "Esta es la última vez. Le daré a Irán 48 horas. Irán está muerto. Les estamos dando más tiempo". El 30, continuaban: "Abran el Estrecho o arrasaremos toda la infraestructura energética y los pozos de petróleo".
Y hoy, vuelve la retórica de guerra: "Estamos cerca de cumplir nuestros objetivos". No obstante, lejos del triunfalismo y de los bandazos del presidente, la posición de Washington tras la guerra es discutiblemente más débil. Tras un mes y medio de conflicto, Oriente Medio se encuentra más tensionado que de costumbre, los precios del suministro energético global se han disparado, ha supuesto una desorbitada inversión de decenas de billones de dólares y mermado el arsenal norteamericano, ha fracturado todavía más la alianza transatlántica entre Europa y Estados Unidos, y ha reducido todavía más la popularidad de Estados Unidos como país de referencia para liderar el orden mundial.
Vuelta a la edad de Piedra
Por otra parte, Trump ha amenazado abiertamente con cometer crímenes de guerra y atacar con mayor virulencia si no hay acuerdo: "Haremos retroceder a Irán a la Edad de Piedra", en una misión que se alargará otras "dos o tres semanas más", en sus propias palabras. Cabe recordar que el mandatario prometió, en campaña, que no entraría en ninguna guerra. "Si durante este período no se llega a ningún acuerdo, tenemos la vista puesta en objetivos clave. Vamos a atacar cada una de sus plantas generadoras de electricidad con gran dureza y probablemente de forma simultánea. Les haremos retroceder a la Edad de Piedra", afirmaba.
"Es muy importante mantener este conflicto en perspectiva. La participación estadounidense en la Primera Guerra Mundial duró un año, siete meses y cinco días. La Segunda Guerra Mundial duró tres años, ocho meses y veinticinco días. La Guerra de Corea duró tres años, un mes y dos días. La Guerra de Vietnam duró diecinueve años, cinco meses y veintinueve días. Irak se prolongó ocho años, ocho meses y veintiocho días. Llevamos 32 días en esta operación militar, tan poderosa y tan brillante, contra uno de los países más poderosos, y ese país ha sido destrozado y esencialmente ya no representa una amenaza", seguía el republicano con sus justificaciones, comparando este conflicto con otras guerras históricas.
Pese a todo, el presidente no habló en su discurso sobre su amenaza de abandonar la OTAN ante lo que considera el apoyo militar insuficiente de los países aliados, especialmente en la misión para reabrir el estrecho de Ormuz. Lo único que ha tenido que decir al respecto es que Washington es independiente del petróleo que de allí sale y que, por ende, deben ser los aliados que sí reciben petróleo a través del estrecho los que "se hagan cargo y lo tomen por sí mismos". "Nosotros les ayudaremos, pero ellos deben tomar la iniciativa en proteger el petróleo del que dependen tan desesperadamente".