El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, siempre fue un blanco a batir por la derecha política y mediática española. Su mandato conformado por dos legislaturas bien diferenciadas dejó una huella muy marcada en el conservadurismo político y, muy especialmente, en la trinchera popular, quienes nunca pudieron ganarle siendo candidato o mandatario. Durante la primera etapa, los avances en derechos civiles y sociales, igualdad, dependencia, salud, memoria histórica y en el modelo territorial fueron impepinables, con una agenda progresista profunda y revolucionaria.
La negociación con ETA para poner fin a su actividad armada en España, el viraje en política exterior respecto a la Administración Aznar con la retirada de tropas españolas en Irak y las secuelas civiles y políticas del ataque terrorista del 11-M fueron otros de los puntales reseñables de aquel periodo de la democracia en nuestro país. Sin embargo, durante su segunda legislatura, la coyuntura económica de la crisis económica empantanó la continuidad de políticas progresistas ambiciosas y le obligó a imponer recortes sociales.
Tras su salida del Gobierno, Zapatero formó parte del Consejo de Estado pero tuvo un papel de perfil muy bajo a nivel político durante algunos años. Su progresiva vuelta a la escena pública se visibilizó especialmente con el papel que decidió tener en América Latina y más concretamente en Venezuela. El expresidente fue reclamado por UNASUR y después apoyado por el Vaticano, el Gobierno de España, la UE y EEUU. Su objetivo era mediar entre el Gobierno de Nicolás Maduro y la oposición.
El ex presidente español ha sido y es un actor clave en Latinoamérica, especialmente en Venezuela, interviniendo en el exilio del opositor Edmundo González y en la liberación de presos políticos –gran parte de ellos, españoles–.
Lo cierto es que a nivel interno, Zapatero apoyó abstenerse para favorecer el Gobierno de Rajoy en 2016, al contrario que Pedro Sánchez. Luego apoyó la candidatura de Susana Díaz frente al actual líder del PSOE. Pero ese posicionamiento no lo ha alejado de la dirección actual socialista ni del propio Sánchez. Todo lo contrario.
Especialmente activo se mostró en la última campaña electoral del 23-J. Sánchez cuenta en su último libro la conversación que tuvo con él antes de la campaña y las conversaciones que ha tenido como "consejero" sobre temas relacionados con Catalunya. Zapatero ha defendido sin ambages la ley de amnistía y se implicó en entrevistas o mítines para defender al Gobierno de coalición progresista y evitar la llegada de la ultraderecha a Moncloa. Algo muy diferente al papel del otro expresidente socialista, Felipe González.
Y precisamente esas dos pulsiones, la venezolana y la sanchista, han sido la gasolina que ha alimentado el motor de la derecha contra Zapatero, su enemigo número 1. Cuanto más tortuosa ha sido la situación para Sánchez, más se miraba hacia Zapatero. Y cuanto más clamaba la desastrosa situación en Venezuela, más se apuntaba a él. Este mismo viernes, el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y hermano de Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez, agradeció la labor “desde hace 10 años” de Zapatero en la liberación de presos políticos
El exjefe del Ejecutivo está siendo acosado por mar, tierra y aire; política, judicial y mediáticamente. En primer lugar, ha sido citado a comparecer en la comisión de investigación del Senado que investiga el Caso Koldo. En segundo lugar, la organización ultraderechista Hazte Oír ha interpuesto una denuncia en la Audiencia Nacional por narcotráfico y pertenencia a banda criminal. Y en tercer lugar, ha sido señalado como miembro del inexistente Cartel de los Soles y como nexo comercial del régimen chavista sin soporte probatorio alguno.
En los últimos días tras la intervención militar de Trump en Caracas, el papel del expresidente Zapatero ha ido variando en función del fanatismo político: algunos medios auguraban que sería el siguiente en entrar en la cárcel tras Maduro por cómplice. “Y ahora resulta que es de la CIA y estaba con los Delta Force”, decía con ironía la histórica periodista Lucía Méndez.
El ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación Europea, José Manuel Albares, ha pedido respeto para Zapatero, aunque ha reconocido que no trabaja bajo directrices del actual Consejo de Ministros. Además, Albares recordó que el socialista salió en defensa de Aznar precisamente frente a Hugo Chávez y en presencia del Juan Carlos I.
Por primera vez en la historia parece que la dignidad del que fue presidente del Gobierno de España no se compadece con la dignidad del pueblo español. Ni tan siquiera Aznar se atrevió a citar a González en la Cámara Alta. Un alto cargo de la Administración del Estado, como lo es el jefe del Poder Ejecutivo, merece un respeto para con su trayectoria política y hacia su persona.