El Partido Popular baraja como posibilidad real presentar una moción de censura a Pedro Sánchez. El alcance de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, y la proximidad de la primera sentencia del 'caso Mascarillas', hacen que el debate interno en Génova sobre un paso definitivo esté haciendo más ruido que nunca. El problema que separa a Alberto Núñez Feijóo de La Moncloa es el de siempre. Los socios, aunque nunca habían sido más críticos con el Gobierno que en la última semana, tras conocerse la imputación del expresidente y el sumario del caso Plus Ultra, siguen dando largas al PP. Por ello, ahora mismo, los números no dan.
Sin embargo, es evidente que algo ha cambiado en Génova. Según dirigentes del partido, el debate ha llegado a la dirección, algo que antes del pasado martes, cuando el juez Calama imputó a Zapatero, no ocurría. Otras investigaciones judiciales al corazón del PSOE, como las de José Luis Ábalos o la de Santos Cerdán, habían puesto en boca de algunos pesos pesados populares las palabras 'moción de censura', pero esas voces nunca habían sido tan corales.
Y sobre todo, lo significativo es que algunos de los que lo apoyan ahora, según el ABC, son personas muy cercanas a Feijóo y que nunca lo habían hecho. El tiempo es clave para lo que llaman el "momento de la verdad". La declaración de Zapatero como imputado en la Audiencia Nacional se aplazó este lunes hasta los días 17 y 18 de junio, a petición de la defensa ante los miles y miles de folios de sumario remitidos a las partes apenas ocho días antes de la fecha prevista, que era el próximo martes.
Si el PP había descartado hasta ahora la moción de censura, era porque querían evitar copar titulares con una derrota mayúscula en el Congreso, a la que se expondrían de convocarla ahora. Las instrucciones del séptimo piso de Génova eran dejar que la actualidad fuera desgastando al Gobierno, y ahora hay quince días más para que eso suceda.
El PP espera a los golpes de Zapatero y Ábalos
Por si fuera poco, la decisión del magistrado alarga el mal trago de Moncloa hasta mediados de junio, cuando está previsto que el Tribunal Supremo emita la primera sentencia del 'caso Mascarillas'. Esto hará coincidir muy cerca en el tiempo dos imágenes que pueden ser letales para el Ejecutivo. Por un lado, la de Zapatero, uno de los principales activos electorales del PSOE, declarando ante un juez como investigado por liderar una supuesta trama ilegal de tráfico de influencias, además de los delitos de blanqueo de capitales, pertenencia a organización criminal y falsedad documental.
La otra imagen que cambiaría definitivamente las cosas en el PP sería, si como está previsto, el Supremo condena a Ábalos, lo que supondría la primera sentencia condenatoria en contra de un exministro de Pedro Sánchez. Esta, según el citado medio, es la fecha marcada en el calendario de Génova, aunque aún no está confirmado que vaya a ser en el mes de junio, un mes y medio después el paso de Ábalos, su exasesor Koldo García, y el comisionista Víctor de Aldama por el banquillo, cuando se conozca.
En la sede popular llevan esperando ese día desde 2018. Fue precisamente la confirmación de la primera sentencia condenatoria de la Gürtel, es decir, de la financiación irregular del PP, la que propició que Mariano Rajoy se convirtiera en el primer presidente de la democracia en caer por una moción de censura. Pedro Sánchez esperó hasta que hubiera una condena, por lo que en el PP entienden que si cae Ábalos, debe caer el Gobierno. Por ello, de momento, resisten la presión de Vox para presentar la moción. Los ultras lo piden desde el día que se conoció la imputación, mientras que este fin de semana se sumó al desafío la vicepresidenta primera, Yolanda Díaz.
Junts no se mueve y el PNV teme el 'superdomingo'
Para la mayoría de socios del Gobierno, la línea roja sigue siendo que en alguna de las citas judiciales se acabe constatando la existencia de una caja B en el PSOE, aunque ese escenario, por ahora, está lejos de confirmarse. En el PP les siguen acusando, de ser "cómplices de la corrupción", como dijo este martes su portavoz en el Senado, Alicia García. Y de hecho, aunque ahora hay debate interno, la posición conjunta de Génova sigue siendo esperar a que sean ellos los que aprieten el botón.
El tiempo corre en su contra, porque aunque creen que esperando harán que el Gobierno se desgaste, el PP teme que su inmovilismo, frente a la beligerancia de Vox, le cueste votos en la derecha. Mientras, esperan a que los socios más propicios a apoyarles no aguanten más la incomodidad en el Gobierno. Mientras llega ese día, todo son jarros de agua fría. Todos van en la misma dirección: que sea Sánchez el que convoque.
En esas está el PNV, que el domingo dio un paso inédito con su presidente, Aitor Esteban, pidiendo elecciones anticipadas, pero que matizó este paso el lunes negándose a apoyar una moción de Feijóo. Aún así, en las filas populares creen que los vascos tienen mucha presión para distanciarse del Gobierno, habida cuenta de que su Ejecutivo regional en coalición con los socialistas les está costando un posible sorpasso de EH Bildu. Esto hace que los jeltzale necesiten apretar, ante la posibilidad de que Sánchez haga coincidir las elecciones generales con las municipales y autonómicas en mayo del próximo año, y tengan que hacer equilibrios en sus discursos para satisfacer sus intereses en unas y otras.
Y luego está Junts, que antes de todo esto ya pedía elecciones anticipadas, por lo que ahora es dificil que cambie algo en sus filas que le de una buena noticia a Feijóo. Su portavoz en el Parlament catalán, Mònica Sales, despejó las dudas este martes: "La capacidad de convocar elecciones obviamente corresponde a Pedro Sánchez. Nosotros el tema de la moción de censura no lo tenemos ahora mismo sobre la mesa", dijo. Los de Puigdemont se limitan a presionar al PSOE para que de explicaciones.
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