La Puerta del Sol tardó en dormirse una madrugada atípica. Cuando el ruido de la multitudinaria manifestación desaparecía entre la sintonía clásica de un sábado a la madrileña, quedaron las tiendas de campañas, las esterillas y los grupos que seguían hablando de pie y quienes empezaban a buscar unas horas de descanso en los bancos de la plaza ante lo que sería una noche más larga de lo esperado. La protesta por la vivienda decidió pasar la noche allí y, bien entrado el domingo, más de 150 tiendas y centenares de personas – según publica el diario El País – componían un paisaje que Madrid no veía desde hacía más de una década.
La acampada había comenzado unas horas antes, después de que el Sindicato llamara a regresar a la Puerta del Sol al término de la marcha convocada bajo el poderoso lema Ni una Maricarmen más. Una declaración de intenciones que manda un mensaje a todos los partidos del arco parlamentario y que pilotan las instituciones del país. Recordatorio amplificado por millares de voces que tomaron las calles de la capital de España en una jornada que concluyó con una estampa del pasado en el icónico enclave madrileño. La organización cifró la marcha en más de 300.000 personas; en contraste con las 25.000 atribuidas a la Delegación del Gobierno. Habitual contraste matemático en estos casos que no enmascara en ningún caso el olor a jornada histórica.
La noche fue convirtiendo la protesta en algo más parecido a un campamento improvisado. Hubo tiendas que costaron levantar, grupos compartiendo comida y personas que seguían conversando mientras otras, en cambio, apostaban por la no menos revolucionaria idea del descanso. En el centro de la plaza, una carpa del Sindicato de Inquilinas sirvió de punto de apoyo para almacenar suministros y coordinar la estancia. La movilización fue un éxito, pero los siguientes pasos ya no estaban ni en manos de los convocantes ni del resto de manifestantes.
Una noche con el martes en el horizonte
La acampada ahora tiene una fecha marcada en rojo, como prácticamente toda España. En este caso, los impulsores quieren resistir en la Puerta del Sol durante el domingo para así mantener la presión hasta el Consejo de Ministros de este próximo martes, cuando el Gobierno prevé aprobar el nuevo paquete de medidas sobre vivienda. La portavoz del Inquilinato, Valeria Racu, hizo varias llamadas al Ejecutivo de coalición progresista para que aprueben lo que bautizó como el “decreto Maricarmen” y resumió la exigencia con un mensaje claro y directo: “Lo único que tienen que hacer es aprobarlo el martes”.
El Sindicato reclama, entre otras cuestiones, la prohibición de los desahucios sin alternativa habitacional, una mayor protección frente a la finalización de los contratos de alquiler y cambios para limitar el fraude en los arrendamientos de temporada y por habitaciones. Asimismo, ponen sobre la mesa la renovación automática de los contratos en determinados supuestos y apuestan por las restricciones a las expulsiones sin causa justificada aparente. Ese fue precisamente el leitmotiv de una acampada que no nació únicamente como prolongación simbólica de la manifestación, sino como un método de presión sobre una negociación que sigue abierta dentro del Gobierno y, en paralelo, con los grupos parlamentarios.
Recuerdos del 15-M
Resulta inevitable mirar la fotografía que deja la madrugada del sábado al domingo en la Puerta del Sol y no pensar en lo sucedido en el mismo enclave en 2011. No tanto porque se trate de episodios equivalentes, sino por la imagen de las tiendas ocupando de nuevo una plaza a la que hace 15 años se le inoculó una dosis poderosa de simbología al convertirse en un icono de la protesta social en España.
Tres lustros después, el contexto y las reivindicaciones son distintos. La acampada, en esta ocasión, nace de una movilización específica por la vivienda y de un caso concreto que ha acelerado ahora una negociación política ya abierta. El desahucio de Maricarmen Abascal, de 87 años, ha sido el catalizador de lo que en estos momentos sucede intramuros de Moncloa. Su caso ha terminado por convertirse en el símbolo de las movilizaciones de estos días y, por supuesto, estuvo presente durante toda la madrugada en consignas, pancartas y discursos. De hecho, en los prolegómenos, la propia anciana difundió un mensaje desde el hospital animando a la protesta. En Sol, los concentrados respondieron a su llamada. Hicieron sonar sus llaves al grito de “Tenemos las llaves de toda la ciudad” y otras consignas en apoyo de Maricarmen.
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