Toque de corneta, por si lo del fin de semana pasado supiera a poco. El PSOE ha salido este sábado de Fuenlabrada con Pedro Sánchez proclamado por unanimidad candidato a la reelección, las listas electorales ratificadas, la crisis de Montse Mínguez sellada y una consigna para el 29 de noviembre: movilizar al electorado progresista frente a una ola reaccionaria dispuesta a pasar la “motosierra” a los avances del Gobierno progresista. A pocos kilómetros del bastión socialista, sus aliados parlamentarios estrenaban la precampaña ajustando cuentas por el fracaso de las negociaciones para unificar el espacio de la izquierda transformadora. El contraste marcó la primera gran jornada de actos políticos tras el cierre del plazo para registrar coaliciones. Mientras Ferraz lucía músculo y unidad en torno a su secretario general, Podemos y Frente Amplio trataban de pasar página de una ruptura consumada.
Tres convocatorias se concentraron en Madrid y dejaron tres fotografías diferentes. El PSOE convirtió su Comité Federal en un acto de movilización electoral. Frente Amplio reunió a sus quince organizaciones bajo el liderazgo de Ada Colau. Podemos respondió desde su Consejo Ciudadano Estatal, con Irene Montero e Ione Belarra reivindicando una estrategia propia y responsabilizando a lo que hasta hace escasas semanas se conocía como Sumar del fracaso del acuerdo. Todos apelaron a la necesidad de frenar a la derecha y a la ultraderecha, pero con diferencias más que evidentes.
Una batalla contra la “motosierra”
Fuenlabrada fue el escenario escogido por los socialistas para transformar una reunión orgánica en el primer acto de precampaña. La dirección del partido decidió sacar del cuartel general un Comité Federal que ratificó las candidaturas al Congreso, celebró el acuerdo con Frente Amplio para el Senado y proclamó a Sánchez por unanimidad. Lo hicieron ante 3.000 personas que abarrotaron – según datos del propio PSOE – el pabellón Tomás y Valiente del municipio del Cinturón Rojo madrileño. Como dijo el alcalde de la localidad en el arranque del mitin, no fue fruto de la casualidad.
“Si le gustan las motosierras, al aserradero; las pensiones no se tocan”, proclamaba un Sánchez que introducía a Begoña Gómez en campaña con una estampa que a todas luces marcará buena parte de la carrera electoral. Sánchez recurrió al componente personal desde el minuto uno, saliendo de la mano de su esposa, fundiéndose en un abrazo que derivó en un beso y dedicándole unas palabras de agradecimiento: “Nos han intentado quebrar y han logrado justo lo contrario”. Declaración de intenciones.
El jefe del Ejecutivo se lanzó contra Partido Popular y Vox, describiéndoles como los engranajes españoles de una maquinaria ultraderechista que amenaza con tomar Europa y el planeta junto a los tecnoligarcas. Vertebró su discurso en torno a la defensa del Estado del bienestar para llamar a “frenar la ola reaccionaria” que, según sostuvo, avanza en todo el Globo. La confrontación con Núñez Feijóo y Santiago Abascal – cuyo partido ahora explora la posibilidad de renunciar a presentar candidatura al Senado en algunas provincias – quedó así definida como uno de los principales engranajes de la narrativa de campaña socialista.
Todo ello convivió con algunas tensiones internas que el presidente del Gobierno trató de sofocar con su arenga. El Comité Federal se enmarcó después de que la portavoz orgánica y secretaria general del Grupo Socialista en el Congreso, Montse Mínguez, presentara su dimisión por la polémica de los negocios inmobiliarios de su pareja. La Ejecutiva designó a Rebeca Torró como su sustituta en Ferraz, mientras que Javier Cendón tomaría el relevo en la Carrera de San Jerónimo. Pese al ruido blanco de fondo, salpimentado con los chispazos del barón castellano manchego, Emiliano García-Page, el PSOE cerró la jornada con un Sánchez respaldado por los órganos del partido y las candidaturas aprobadas. Todo listo para la remontada.
Cruce de navajas
En paralelo, a escasos kilómetros de Fuenlabrada, la izquierda a la izquierda del PSOE libraba su particular batalla por el relato. Frente Amplio celebró su puesta de largo después de una negociación que había concluido sin acuerdo. La coalición congregó a sus quince organizaciones, aunque la ausencia de Podemos era trending topic. “Sabemos que no estamos todas”, reconocía Tesh Sidi antes de reivindicar el entendimiento alcanzado y el lanzamiento de la renovada marca progresista.
Emilio Delgado, cabeza de lista por Madrid, trató de dar por terminada la disputa con los morados con un “no more dramas”. Ada Colau, por su parte, aseguró que trabajaron hasta la extenuación por la unidad de las izquierdas, pero dejó un reproche a sus otrora socios: “Si alguien no se quiere sentar a una mesa, no se le puede obligar”. Términos que compartía Antonio Maíllo, coordinador federal de IU, al asegurar que el Frente Amplio lo conformaba todo aquel que ha estado por la labor de participar.
Podemos, en cambio, fue más combativo en su argumentario. Irene Montero acusó directamente a Frente Amplio de bloquear acuerdos territoriales mientras negociaba con el PSOE una candidatura conjunta al Senado. La candidata morada, utilizando la palanca socialista para atizar a los progresistas, sostuvo que las discrepancias no se reducían al reparto de posiciones, sino que afectaban también a la estrategia política para el próximo cuatrienio. Ione Belarra, por su parte, admitió que las negociaciones no llegaron tan lejos como pretendían, aunque de inmediato vindicó el entendimiento con ERC y el tándem electoral de Gabriel Rufián y la exministra de Igualdad.
Un divorcio que, pese a ser anunciado, deja una izquierda quebrada por fantasmas del pasado, pero con dos noticias positivas en Canarias y en la Comunitat Valenciana. Dos territorios en los que no habrá más de una papeleta de la izquierda transformadora sobre las mesas. En el resto del país, la división podría complicar la obtención de representación en determinadas circunscripciones, especialmente aquellas con pocos diputados en liza.
Un acuerdo para el Senado que no llega al Congreso
La ruptura entre Podemos y Frente Amplio contrasta con el entendimiento alcanzado para la Cámara Alta. El PSOE y los partidos de la nueva coalición registraron el viernes un acuerdo para presentar candidaturas conjuntas bajo la marca Senado de Progreso, con el objetivo de disputar al PP su mayoría absoluta. El pacto no se ha trasladado al Congreso, donde Podemos mantiene su estrategia independiente y su colaboración electoral con ERC.
El sistema electoral del Senado favorece a las candidaturas más votadas, mientras que en el Congreso la fragmentación puede dificultar la representación de la izquierda alternativa en determinadas provincias. Su efecto dependerá, en cualquier caso, del comportamiento de los electores. Con todo, a última hora del sábado, saltaba la liebre en la derecha que, pese a que el plazo de registro de coaliciones venció el viernes, en Vox barajan la posibilidad de renunciar a presentar candidaturas a la Cámara Alta en según qué territorios para evitar que Senado de Progreso dé la sorpresa y alcance una mayoría absoluta que ha sido coto de caza privado de la derecha durante la presente legislatura.
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