A un año de las próximas elecciones generales, aún sin fecha, la geopolítica irrumpe como un caballo de batalla en el debate político nacional y comienza a mediar todas las narrativas y posiciones de los respectivos actores políticos. En este caso, ha sido la guerra de Irán la que ha provocado este fenómeno, con una toma clara de posiciones por parte del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, exprimiendo una vez más el 'no a la guerra' y plantándole cara a su homólogo estadounidense, Donald Trump, para impedirle la utilización de las bases militares de Rota y Morón en este conflicto. La finalidad de esta posición tiene dos puntos: el primero, el de no comprometer a España como cómplice y participante de un conflicto que solo obedece a los intereses israelíes y estadounidenses, manteniendo la mayor equidistancia posible, y el segundo, calentar la maquinaria electoral y movilizar al votante de izquierdas confrontando con el líder más importante del reaccionarismo mundial. Una postura que se resume, efectivamente, en las cuatro palabras del 'no a la guerra', y que ha dejado en fuera de juego a Génova: los de Feijóo se han opuesto a la postura de Sánchez y han culpado al jefe del Ejecutivo de "enemistarse" con un aliado estratégico y país clave. Todo ello, a su vez, con las elecciones autonómicas de Castilla y León a la vuelta de la esquina.

La posición adoptada por el líder socialista ha levantado muchas ampollas en la oposición. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, se desligaba categóricamente de ella: el responsable del partido más votado de las últimas elecciones considera que la reacción del Gobierno de España con la invasión del país norteamericano responde a un planteamiento "demagógico" y que solamente busca conseguir un "puñado de votos". "Los intereses electoralistas no pueden estar por encima de los intereses legítimos de un país, y la opinión personal o política de un presidente del Gobierno es secundaria al interés del país que preside", ha valorado. El gallego también le daba importancia a que Estados Unidos es "el primer país de inversión y un territorio clave de nuestra frontera sur". "Enemistarse con un país por un desencuentro puntual con su presidente es una irresponsabilidad". En cualquier caso, el roce se producía más por el enfado y las amenazas posteriores de Donald Trump tras la decisión del Gobierno, al no permitirle a Washington hacer lo que le plazca y cuando le plazca, que porque el Ejecutivo español fuese especialmente beligerante más allá de eso. De hecho, un día después, España enviaba una fragata a las costas chipriotas para reforzar las defensas otánicas en el Mediterráneo, por dimensionar todas las críticas y posiciones.

Feijóo opinaba, desde una suerte de rueda de prensa posterior a su intervención en el Fórum Europa Tribuna Euskadi, que "antes del derecho internacional están los derechos humanos, y en Irán no hay". Desde Bruselas, por su parte, ven con buenos ojos la decisión de Sánchez, pero el gallego afeaba que Sánchez fuese el primero en tomar esta senda. Con todo, el 'popular' elevaba el tono esta semana y legitimaba las acciones de Washington y Tel Aviv: "No debemos contemporizar con el régimen iraní, como no debemos hacerlo con el régimen venezolano". En ambos casos, la postura del Gobierno ha consistido en la equidistancia. "Nuestra relación con los Estados Unidos ha de preservarse, la tenemos que hacer como socios de la UE y no podemos salirnos del marco de los socios de la UE por intereses políticos del presidente del Gobierno", sentenciaba.

Intereses electorales o partidistas aparte, causa y finalidad de la mano o no, así se ha quedado el tablero: Pedro Sánchez interpelando a Donald Trump, desde una posición moderada, para negarle el uso de las bases militares estadounidenses en España para el conflicto en Irán (cuya existencia, per se, ya genera desde hace décadas debate en ciertos sectores); y Alberto Núñez Feijóo y el Partido Popular oponiéndose diametralmente al 'no a la guerra' para justificar las operaciones estadounidenses e israelíes en suelo iraní. "Cuantos menos tiranos haya en el mundo, mejor", eran las palabras que pronunciaba el gallego tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei. Este intercambio le sirve a Pedro Sánchez para ganar un nuevo repunte de popularidad entre ciertos perfiles de votantes de izquierdas, e incluso para ganarse cierto respeto entre grupúsculos más conservadores con la importancia de la soberanía nacional española.

A escasos días de las urnas castellanoleonesas

Este enfrentamiento a colación de la guerra en Irán se produce a escasos días de que los castellanoleoneses estén llamados a las urnas, en unas votaciones que servirán como otro termómetro más de las citadas generales de 2027, en cuya clave pueden leerse también ciertos movimientos. Atendiendo a las encuestas, el último barómetro del CIS dibuja un escenario de empate técnico entre PP y PSOE, con horquillas de estimación muy amplias que alcanzan diferencias de hasta diez escaños. El estudio demoscópico concede a los populares una proyección ligeramente más favorable que a los socialistas de cara a las próximas autonómicas del mes de marzo, aunque, de confirmarse la victoria, necesitarían el respaldo de Vox para articular una mayoría. Un Vox que, hilando con el tema central de este artículo, se ha posicionado del lado de los intereses estadounidenses e israelíes y también ha desdeñado la postura del Gobierno.

En el centro del foco autonómico está Alfonso Fernández Mañueco. El actual presidente en funciones y candidato a la reeleción por el PP se juega no solo su continuidad al frente de la Junta, sino también la validación de su estrategia frente al avance de la derecha radical. Todo apunta a que Mañueco se verá abocado a reeditar la fórmula de coalición con Vox, repitiendo el esquema de febrero de 2022 y siguiendo el camino de lo ocurrido en gran parte de las comunidades autónomas, que ha forzado a los populares a entenderse con los de Abascal y a estar abocados a las consecuencias políticas de arrimarse a ellos.

Por otro lado, según los resultados del estudio 'Preelectoral elecciones autonómicas 2026' difundido a finales de febrero, el PP volvería a ganar, pero tendría que volver a pactar, por lo que la teoría parece unánime. En el escenario más favorable para la candidatura de Mañueco, estarían más cerca de la mayoría absoluta, situada en 42 escaños, pues obtendría 38. En tal caso, la ultraderecha no sería necesaria y le bastaría con hacerlo con fuerzas minoritarias como Por Ávila y Soria ¡Ya!, que podrían lograr un parlamentario cada una, y UPL (Unión del Pueblo Leonés), que obtendría entre 2 y 4.

 
 

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