La investigación judicial sobre la entrada masiva de decenas de miles de personas en Ceuta los días 30 y 31 de julio ha abierto un nuevo frente entre el Gobierno y la Justicia. 

La magistrada María Tardón ha declarado competente a la Audiencia Nacional para investigar unos hechos que, según su resolución, pudieron constituir un ataque contra la integridad territorial de España y presentar indicios de delitos contra la paz y la independencia del Estado. 

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha respondido cuestionando la imparcialidad de la instructora y poniendo el foco en su pasado político como concejala independiente integrada en la candidatura del Partido Popular al Ayuntamiento de Madrid.

Puente ha reconocido no disponer de los elementos de prueba que obran en poder de la magistrada, pero ha considerado que determinadas decisiones adoptadas durante la instrucción generan dudas. “Hasta la fecha, ha dado muestras de que se pueda dudar de su imparcialidad”, afirmó en una entrevista en Hora 25 de la Cadena SER. El ministro vinculó esa apreciación a la trayectoria política de Tardón: “No olvidemos que se trata de una jueza que, por mucho que esté en su plaza, proviene del mundo político”. 

"Creo en la separación de poderes pero en este país están dándose unos casos 'curiosos' (...) Esta jueza (María Tardón) tiene el pasado que tiene y empieza un poco regulín", ha esgrimido la portavoz del PSOE en Las Mañanas de Radio Nacional del España.

Una causa que eleva la tensión institucional

La magistrada sostiene, de manera provisional, que la entrada masiva no debe analizarse únicamente como un fenómeno migratorio, sino que pudo formar parte de una actuación organizada susceptible de afectar a la integridad territorial española. La investigación contempla, además, otras posibles figuras delictivas, entre ellas el favorecimiento de la inmigración ilegal, homicidios imprudentes, lesiones y organización criminal.

El elemento que ha precipitado el terremoto político y mediático es un informe de 55 páginas elaborado por el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras de la Policía Nacional a petición de la magistrada. 

El documento apunta a una actuación planificada y describe la intervención de agentes marroquíes que habrían facilitado y guiado parte de los desplazamientos hacia Ceuta. Sin embargo, el propio informe, según las informaciones conocidas hasta ahora, no identifica de forma concluyente a un Gobierno o a una autoridad concreta como responsable intelectual de la operación. 

La diferencia entre ambos planos resulta decisiva. Mientras la investigación judicial trata de determinar si existen indicios suficientes para reconstruir una eventual operación organizada, el Ejecutivo mantiene que no dispone de pruebas que permitan atribuir al Gobierno marroquí la planificación de la entrada masiva. Fernando Grande-Marlaska ha sostenido que no existieron avisos capaces de anticipar la dimensión del episodio, una posición que también aparece respaldada por el informe de la Guardia Civil entregado posteriormente a Tardón: hubo comunicaciones previas, pero ninguna permitió prever una movilización de semejante magnitud. 

El informe reservado que encendió la disputa

Tardón había solicitado que las conclusiones del análisis policial no fueran trasladadas a los superiores mientras se desarrollaban las diligencias. Esa decisión provocó el malestar de Interior y es precisamente uno de los extremos que Puente considera difícil de entender.

Si un juez de la Audiencia Nacional te dice que no compartas la información con tus superiores, yo entiendo el comportamiento de la Policía y que decidan obedecer el mandato judicial”, señaló el ministro. Pero, al mismo tiempo, calificó de “bastante extraño” que unas conclusiones relacionadas con la seguridad nacional no llegaran a los responsables políticos competentes. 

Puente ha situado ahí el núcleo de su crítica. A su juicio, la reserva sobre el documento revela un “principio de desconfianza” hacia el Ejecutivo que considera preocupante. “No entiendo por qué la jueza desconfía del deseo del Gobierno de proteger el territorio español”, sostuvo, al tiempo que se sumaba a la preocupación expresada por Marlaska ante el Consejo General del Poder Judicial.

El Gobierno, por su parte, ha anunciado la desclasificación de los informes recibidos entre el 1 de julio y el 1 de agosto por organismos como el CNI, la Policía, la Guardia Civil y la inteligencia militar. La medida pretende arrojar luz sobre qué información manejaron las autoridades antes y durante la crisis y contrastar las distintas reconstrucciones de lo sucedido. 

María Tardón: una larga carrera judicial con un paréntesis político

El perfil de Tardón permite comprender por qué su pasado ha adquirido protagonismo en el debate. No se trata de una magistrada de trayectoria exclusivamente judicial. Nacida en octubre de 1957 en Zarzuela del Pinar (Segovia), estudió Derecho en la UNED mientras trabajaba y accedió por oposición a la carrera judicial en 1987. Ejerció en La Carolina, Palma de Mallorca y Madrid antes de incorporarse a la Audiencia Provincial madrileña.

Su perfil profesional está especialmente ligado a la jurisdicción penal y a la lucha contra la violencia de género. Presidió desde 2005 la Sección 27 de la Audiencia Provincial de Madrid, especializada en violencia sobre la mujer, y formó parte durante años del Grupo de Expertos en Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial. La Asociación Judicial Francisco de Vitoria recoge asimismo su participación en programas de formación y su actividad en distintos ámbitos de la especialización judicial. 

Pero entre esa trayectoria judicial existe un capítulo político inequívoco. En 1999 concurrió como independiente en la lista del PP encabezada por José María Álvarez del Manzano para el Ayuntamiento de Madrid. Fue elegida concejala y ejerció como tercera teniente de alcalde, con responsabilidades vinculadas a Policía Municipal, Movilidad Urbana, Protección Civil y Atención Social. La documentación municipal confirma su presencia en los órganos de gobierno del Consistorio durante aquella legislatura. 

La prensa de la época también dejó constancia de su incorporación a la candidatura popular. El País la describió entonces como jueza y candidata municipal del PP, después de que la dirección del partido anunciara su inclusión entre los primeros puestos de la lista madrileña como independiente.

Finalizado aquel mandato, Tardón regresó a la carrera judicial. En 2018 accedió al Juzgado Central de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional, tras una trayectoria de más de tres décadas en la judicatura.

La imparcialidad judicial se proyecta sobre la actuación procesal y está sometida a mecanismos jurídicos de abstención y recusación, además del control de los órganos jurisdiccionales superiores. En este caso, el Consejo General del Poder Judicial ha defendido que Tardón actuó “en el ejercicio de sus funciones constitucionales”, mientras la Audiencia Nacional ha expresado su respaldo a la actuación de la magistrada. 

Ese matiz resulta esencial para separar la información de la disputa partidista. El pasado político de Tardón es verificable; convertirlo automáticamente en una prueba de parcialidad sería, en cambio, una inferencia que no se desprende por sí sola de ese dato.

Marruecos, la pieza central del desacuerdo

En paralelo, la investigación ha abierto una profunda divergencia entre la hipótesis judicial y la posición política del Ejecutivo sobre el papel de Marruecos. El informe policial conocido sostiene que hubo permisividad y participación de agentes marroquíes en el desarrollo de la entrada masiva, y describe indicios de planificación. No obstante, las fuentes policiales consultadas han precisado que no se ha podido establecer que el Gobierno marroquí ordenara u organizara directamente la operación. 

Puente ha insistido en esta diferencia. “Hasta la fecha, no contamos con evidencias de que esta es una operación por el Gobierno marroquí”, afirmó, y añadió que “no tengo los elementos de prueba con los que cuenta la jueza”. El ministro considera prematuro convertir las conclusiones policiales en una acusación política contra Rabat y ha defendido que el Ejecutivo debe actuar sobre evidencias y no sobre percepciones o encuestas.

La Fiscalía deberá intervenir en el proceso y los sucesivos informes policiales y de inteligencia tendrán que determinar hasta dónde llegan los indicios y qué responsabilidades pueden sostenerse con pruebas.

Tardón deberá continuar delimitando qué ocurrió realmente durante aquellas jornadas de julio y si los indicios apreciados en esta fase inicial pueden transformarse en hechos acreditados. El Gobierno, entretanto, afronta la obligación de explicar qué información recibió, qué supo y cuándo la conoció. Y el debate público tendrá que preservar una frontera igualmente delicada: la que separa los antecedentes políticos verificables de una magistrada de cualquier conclusión anticipada sobre su imparcialidad.

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