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El Partido Popular y Vox son conscientes de que, para cumplir su objetivo de que España deje atrás años con la izquierda en el poder, deberán entenderse. Ni las descalificaciones, ni el ‘todo o nada’ que reemplazó al diálogo ni, mucho menos, las disputas que derivaron un día en rupturas territoriales han de ser la tónica habitual si desean llegar a buen puerto.
Por lo pronto, ni la derecha ni la extrema derecha confirmaban en las últimas horas que haya habido contacto entre sus líderes, Alberto Núñez Feijóo, y Santiago Abascal, para analizar el adelanto electoral anunciado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Sin embargo, fuentes de la formación de extrema derecha dan por sentado que “hablarán” a lo largo de la campaña, según informaba El Confidencial después de que el secretario general de los socialistas dijese que el 29 de noviembre los españoles estaban llamados a las urnas.
Hubo un tiempo en el que el político gallego y Abascal estuvieron sin hablarse, con un momento especialmente delicado, por nombrarlo de una forma menos cruda, que derivó en el fin de los ejecutivos autonómicos de Partido Popular y Vox en 2024. El choque habría culminado, atendiendo al medio mencionado, sin tan siquiera un whatsapp, según las informaciones publicadas, entre los rostros más visibles de las dos siglas. Ahora, eso habría cambiado y ambos intercambian a menos mensajes y hablan de forma informal con un tono, por lo menos, dentro de la corrección.
La ruptura dio paso recientemente a una relación centrada en el respeto, parece, y en la necesidad de entenderse en tanto en cuanto saben que los números no saldrán solos, es decir, que la mayorías absoluta de un solo partido es imposible. Cada cual dibujará su hoja de ruta, habrá que ver hasta qué punto la de una formación en consonancia con la de la otra. Mientras tanto, aunque la estrategia sea otra, no pasa desapercibido que unos u otros representantes de la derechas se han lanzado algún ataque e incluso, a menos dentro de las filas ‘populares’, han apostado a que esa mayoría absoluta es posible. La cuestión es cuánto de esto se verá en los próximos casi dos meses.
Condenados a entenderse
La realidad todos saben dónde se mueve y, mejor o peor avenido, PP y Vox son una suerte de pareja condenada a entenderse, habrá que ver hasta qué punto en caso de que el 29 de noviembre les den los números. El inicio de esa suerte de reconciliación podría situarse en las últimas elecciones autonómicas, en las que la suma de las fuerzas populares y ultraderechistas se hizo con el Ejecutivo de Extremadura, Aragón o Castilla y León, pero no fue hasta este último territorio que se enterró definitivamente el hacha de guerra.
Una de las grandes incógnitas pasa por ver si habrá líneas rojas y cuáles son, pues éstas ya distanciaron al PP y Vox en un sentido discursivo, pues el principal partido de la oposición a nivel estatal terminaría cediendo en las autonomías. En clave nacional, la desconfianza con las encuestas está ahí, y es que, si bien las formaciones celebraron el anuncio de Sánchez, socialistas y la izquierda a su izquierda se ven con confianza, más allá de la aritmética, sobre la que son asimismo muy realistas. Con todo, una idea clara motivó a la decisión del adelanto electoral: era el momento.
Del lado contrario al progresista, la primera reacción de Abascal iba en esta línea. “Las elecciones van a ser muy inciertas (…) He aprendido a no ponerme en posiciones inadecuadas y a no vender la piel del oso antes de cazarlo, porque ya ocurrió en 2023, las encuestas decían lo mismo que hoy y Sánchez logró formar una mayoría con todos sus cómplices que nos ha llevado hasta donde estamos”, emitió en una entrevista concedida a Espejo Público poco después de la comparecencia de Sánchez. En la misma conversación, el líder de Vox pidió no votar por correo, algo que también ha hecho la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
Volviendo a la relación entre las derechas, los tiempos han cambiado y ‘populares’ y ultraderechistas son conscientes de que entrar en la confrontación directa no les conduce a nada. Eso no quita para que, durante las próximas semanas y hasta el fin de campaña, se lancen algún mensaje e, incluso, realicen algún atisbo de crítica, pero todo apunta a que serán muy escasos en el mejor de los casos, prácticamente nulos o inexistentes casi con total seguridad.



