Yo quiero gobernar en solitario, lo he dicho por activa y por pasiva (...) Creo que es bueno gobernar en solitario. Ahora bien, yo voy a aceptar, cómo no, el resultado de las urnas”, expresó sin excesiva convicción Alberto Núñez Feijóo durante su entrevista en El Hormiguero. 

En el mismo día en que, por primera vez, un expresidente del Gobierno declaraba en la Audiencia Nacional en calidad de imputado, el líder de la oposición acudió al formato de Pablo Motos para erigirse como el garante de la decencia y el protector de la democracia española. “La democracia no está en peligro”, negó.

Feijóo aseguró que las encuestas señalan que el Partido Popular “va a ganar” las elecciones y que Vox “va a subir”. "Yo me voy a presentar a las elecciones para decirles a los españoles que les pido cuatro años de confianza (...) Extiéndanme cuatro años de préstamo de su confianza y yo les aseguro que dentro de cuatro años España estará mejor", manifestó el líder de los azules.

Tras el resultado de los ‘caucus’ de las derechas en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, Génova terminó de asumir que la llave de la gobernabilidad de las autonomías y la Moncloa está guardada en un cajón de Bambú 12. 

Tanto es así que Feijóo dió orden a sus barones territoriales de hacer propia la ideología de la ultraderecha y certificar los acuerdos de la ‘prioridad nacional’. María Guardiola, Jorge Azcón y Alfonso Fernández Mañueco acataron. Juan Manuel Moreno Bonilla, de momento, negocia y espera.

En cuanto a Andalucía, Feijóo ha indicó que PP y Vox están "negociando con mucha seriedad" y ha señalado que su formación preside el Parlamento andaluz porque ganó esos comicios.

"El partido que tiene más votos es el PP y tiene el control de la Asamblea. Así que siguen negociando con una serie de contenidos que me imagino que serán similares a los que hemos negociado con anterioridad y de momento no hay más avances en la negociación", asumió, en alusión a los pactos que han cerrado con Vox en Extremadura, Aragón y Castilla y León.

Al ser preguntado si hay que acostumbrarse a la idea de que Santiago Abascal sea vicepresidente del Gobierno, Feijóo sostuvo que "cuanto más el gobierno sea más fuerte, mejor estará España". 

Sin embargo, dejó la puerta a un gobierno con Vox: "En el caso de que tengamos que hacer un acuerdo y una coalición de gobierno, nos sentaremos y haremos una coalición de gobierno de acuerdo con los principios básicos de nuestros partidos, buscando una serie de líneas rojas que yo no estoy dispuesto a traspasar", afirmó.

Después de cuestionar a los votantes del partido en el Gobierno, el líder de la oposición dejó claro que el no va a “demonizar a un partido (Vox) que es el tercer partido de España, y que tiene el 14, el 15, el 16% de los votos” porque respeta la democracia. Pese a ello, Feijóo se mostró “convencido” de que habrá socialistas "que no voten a Sánchez" y que "prestarán su voto" al Partido Popular mientras que "otros se van a mantener en la abstención".

"No van a poder votar a Sánchez porque tú no puedes votar al presidente con más sospechas de corrupción de la historia democrática del país. Tú no puedes votar a una persona que si sabía sólo una parte de lo que está ocurriendo tiene que dimitir por corrupto", ha aseverado.

Conforme discurría la amabilidad de la noche, Feijóo dibujó sus líneas rojas: "el respeto a la Constitución española, el respeto a la España de las autonomías, las políticas de igualdad y las políticas de género y las políticas LGTBI, el equilibrio de las cuentas públicas, la prosperidad de los españoles por encima de todo y una política de inmigración ordenada y racional", enumeró. 

Con ello, trató de distanciarse de la ultraderecha. Sin embargo, la trayectoria política del Partido Popular en los últimos años ha dejado varios episodios que, para sus críticos, desmienten esos principios. 

Aunque Feijóo ha reivindicado el modelo autonómico, el PP gobierna con Vox en distintas comunidades pese a que la formación de Santiago Abascal defiende abiertamente la supresión del sistema autonómico. Ninguno de esos acuerdos ha sido roto por esa discrepancia de fondo. Asimismo, Feijóo situó la igualdad entre sus líneas rojas, pero sus pactos con Vox han permitido la introducción de conceptos como “violencia intrafamiliar” en sustitución de “violencia machista” y han dado entrada en gobiernos autonómicos a un partido que cuestiona la legislación específica contra la violencia de género. 

El líder popular se comprometió con las políticas de diversidad, aunque ha mantenido alianzas con Vox, que propone derogar leyes autonómicas LGTBI y ha impulsado iniciativas contra programas educativos sobre diversidad sexual y de género. El Partido Popular no ha condicionado sus acuerdos a la retirada de esas propuestas. 

Además, Feijóo apeló constantemente a la Constitución, pero el bloqueo durante años de la renovación del Consejo General del Poder Judicial por parte del Partido Popular fue criticado por instituciones europeas y por numerosos juristas por alejarse del espíritu constitucional. 

El presidente popular defendió una política migratoria moderada, pero en numerosas ocasiones ha asumido planteamientos cercanos a Vox, especialmente en el rechazo al reparto de menores migrantes entre comunidades o en el endurecimiento del discurso sobre inmigración irregular. 

Aunque el galleo hizo bandera de la estabilidad presupuestaria, varias comunidades gobernadas por el Partido Popular han incrementado significativamente su deuda pública y han aprobado rebajas fiscales que han sido cuestionadas por organismos independientes por su impacto en los ingresos. 

La principal crítica que recibe el líder de la oposición es que las líneas rojas anunciadas públicamente no impidieron los acuerdos con una formación que cuestiona buena parte de esos mismos principios. Sus detractores sostienen que el líder popular ha normalizado postulados de Vox y ha renunciado a convertir sus compromisos en condiciones innegociables. 

Desde el Partido Popular, por el contrario, defienden que esos pactos responden a la necesidad de garantizar gobiernos estables y aseguran que la presencia popular ha servido para moderar algunas de las propuestas más radicales de sus socios.

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