La continuidad bélica en Oriente Medio ha vuelto a convertir al petróleo en uno de los grandes termómetros de la economía global. Mientras la incertidumbre internacional dispara el precio de la energía y golpea a consumidores, industrias y transportes, las principales multinacionales del sector fósil han cerrado el primer trimestre del año con beneficios extraordinarios.

Las catorce mayores petroleras del planeta obtuvieron conjuntamente cerca de 85.900 millones de dólares —más de 73.000 millones de euros— entre enero y marzo, un 10% más que en el mismo periodo del ejercicio anterior, impulsadas por el encarecimiento del crudo tras el conflicto con Irán.

El gigante saudí Saudi Aramco volvió a situarse a la cabeza del negocio energético mundial. La compañía estatal concentró por sí sola alrededor del 40% de las ganancias totales del sector, con un beneficio neto de 32.500 millones de dólares, un 25% más que hace un año.

La petrolera saudí atribuye sus resultados al aumento del precio del barril y a su capacidad para redirigir exportaciones pese a las tensiones en el estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores marítimos del comercio energético internacional.

La guerra ha generado, sin embargo, efectos desiguales entre las grandes compañías. Las petroleras europeas han vivido una auténtica edad dorada gracias al incremento de los márgenes de refino y distribución, mientras que varias firmas estadounidenses han visto reducirse sus beneficios por el impacto contable de operaciones financieras vinculadas a derivados del petróleo.

En Europa, los resultados reflejan una expansión histórica. BP multiplicó por más de cuatro sus beneficios trimestrales hasta alcanzar los 3.842 millones de dólares, un aumento del 459%. TotalEnergies elevó sus ganancias un 50%, hasta 5.810 millones de dólares, mientras Shell registró un incremento del 19%, superando los 5.600 millones de dólares. También la noruega Equinor mejoró sus cifras gracias al contexto energético internacional.

En España, el escenario ha beneficiado igualmente a Repsol, que disparó su beneficio un 154% hasta los 929 millones de euros, favorecida por el repunte del petróleo y por la mejora de los márgenes industriales. También Moeve —la antigua Cepsa— experimentó un fuerte crecimiento de resultados.

El comportamiento de las petroleras estadounidenses ha sido más moderado. ExxonMobil redujo su beneficio un 46%, hasta 4.183 millones de dólares, debido principalmente al impacto temporal de contratos de cobertura financiera ligados a la volatilidad del crudo. Chevron y ConocoPhillips también registraron caídas en sus ganancias trimestrales.

Aun así, los analistas consideran que, descontando esos efectos contables, las grandes petroleras estadounidenses también habrían aumentado sus beneficios gracias al alza del barril.

La crisis energética vuelve además a reabrir el debate político sobre los llamados “beneficios caídos del cielo”. España, junto a otros países europeos como Alemania, Italia o Portugal, ha reclamado a Bruselas estudiar nuevos gravámenes extraordinarios sobre las compañías energéticas que se están beneficiando del contexto geopolítico.

El objetivo pasa por contener el impacto social de una escalada de precios que amenaza con trasladarse de nuevo a la inflación, los carburantes y el coste de la vida.

Los expertos advierten, no obstante, de que el actual escenario será difícilmente sostenible a largo plazo. Un petróleo excesivamente caro podría ralentizar la economía mundial, reducir el consumo y provocar tensiones adicionales en los mercados internacionales.

Entretanto, las grandes compañías fósiles vuelven a demostrar que, en tiempos de guerra e inestabilidad, el negocio energético sigue siendo uno de los grandes vencedores del tablero global.

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