La emergencia sanitaria provocada por el brote de hantavirus a bordo del crucero MV Hondius ha derivado en algo más profundo que un choque de criterios epidemiológicos.

Lo que comenzó como una operación internacional de evacuación y control sanitario se ha transformado en una crisis política de primer nivel entre el Gobierno central y el Ejecutivo canario, con consecuencias que podrían acabar trasladándose al delicado equilibrio parlamentario que sostiene a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados.

Pese a que el desembarco de los pasajeros ya ha concluido, los españoles evacuados permanecen bajo vigilancia médica en Madrid y el buque pone rumbo a Países Bajos únicamente con su tripulación a bordo, el conflicto institucional continúa lejos de apagarse.

La Moncloa daba por cerrada la polémica tras la comparecencia conjunta del presidente del Gobierno y del director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien elogió públicamente la actuación española y el dispositivo desplegado en Canarias. Sin embargo, las últimas declaraciones del presidente autonómico, Fernando Clavijo, han vuelto a elevar la tensión.

El dirigente de Coalición Canaria acusó al Ejecutivo estatal de haber “ocultado deliberadamente” información sobre posibles contagios después de confirmarse el positivo de uno de los 14 ciudadanos españoles trasladados al Hospital Gómez Ulla. Sus palabras han provocado un profundo malestar en el Gobierno, donde consideran que el operativo sanitario se desarrolló bajo supervisión internacional, siguiendo estrictamente los protocolos marcados por la OMS y las autoridades epidemiológicas europeas.

Fuentes gubernamentales admiten en privado el desgaste acumulado durante los últimos días y cuestionan la estrategia política seguida por Clavijo durante toda la crisis.

En el entorno de Sánchez interpretan que el presidente canario ha intentado conectar con un sentimiento de agravio territorial presente en parte de la sociedad isleña frente a las decisiones adoptadas desde Madrid.

La irresponsabilidad tiene que tener un límite”, deslizan desde el Ejecutivo central, donde insisten en que la cooperación institucional se mantuvo en todo momento pese a las discrepancias públicas.

La preocupación en Moncloa ya no se limita únicamente al terreno político o mediático. El Gobierno teme que el deterioro de las relaciones pueda afectar a la estabilidad parlamentaria de la legislatura. Coalición Canaria, aunque cuenta con una representación reducida, se ha convertido en un socio relevante para el Ejecutivo en votaciones especialmente ajustadas.

El apoyo habitual de la diputada Cristina Valido ha permitido en numerosas ocasiones compensar abstenciones o ausencias dentro del heterogéneo bloque de investidura.

En Coalición Canaria, sin embargo, la lectura de los acontecimientos es radicalmente distinta. Dirigentes de la formación consideran que durante esta crisis se han sobrepasado “líneas de respeto institucional” hacia el presidente autonómico y denuncian ataques personales procedentes de miembros del Gobierno y del PSOE.

Las críticas se centran especialmente en algunos mensajes publicados en redes sociales por el ministro de Transportes, Óscar Puente, quien llegó a acusar a Clavijo de “hacer el ridículo” tras intentar impedir el fondeo del crucero en aguas canarias.

Dentro de la formación nacionalista crece la sensación de que el Ejecutivo central minusvalora su papel político. Algunos dirigentes admiten ya que el episodio del Hondius podría marcar un antes y un después en la relación parlamentaria con Sánchez. La dirección del partido estudia ahora cuál será su posición futura en el Congreso, mientras la diputada Valido permanece a la espera de instrucciones internas.

El enfrentamiento también se trasladó este martes al Senado. Allí, el senador de Coalición Canaria Pedro Manuel Sanginés interpeló a la ministra de Sanidad, Mónica García, sobre la gestión sanitaria del crucero y cuestionó por qué no se realizaron determinadas pruebas diagnósticas antes de la llegada del barco a Canarias.

García defendió la actuación del Gobierno y sostuvo que se siguieron todos los protocolos internacionales de control epidemiológico, subrayando que las personas sintomáticas fueron aisladas y que el resto de pasajeros fueron tratados preventivamente como potenciales positivos para minimizar cualquier riesgo sanitario.

Pero el debate trascendió rápidamente el ámbito técnico. Sanginés denunció el clima de hostilidad generado contra Clavijo y criticó que el presidente canario haya sido objeto de insultos y descalificaciones por expresar públicamente sus dudas y preocupaciones sobre la seguridad sanitaria de las islas.

Entre los episodios más controvertidos de la crisis figuró la discusión sobre la posibilidad de transmisión del virus a través de ratas procedentes del barco, una hipótesis descartada posteriormente por los informes de Sanidad.

La operación del Hondius, que el Gobierno pretendía presentar como un ejemplo de coordinación internacional y eficacia institucional, amenaza así con dejar una larga resaca política.

Lo que en un principio parecía una crisis sanitaria excepcional ha terminado convirtiéndose en un nuevo foco de tensión territorial y parlamentaria en una legislatura marcada por la fragilidad de las mayorías y el desgaste permanente entre socios institucionales.

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