La fundación FAES ha vuelto a la carga con una crítica que mezcla ideología, nostalgia y cierta ansiedad política. En su último editorial titulado 'Volver a funcionar', ha acusado al Gobierno de Pedro Sánchez de intentar imponer dos grandes eslóganes: el del “cohete económico” y el del “No a la guerra” ante el conflicto en Oriente Próximo.
Según el entorno de José María Aznar, ambos mensajes funcionan como “placebos ideológicos”, una forma de simplificar la realidad para consumo político. Sin embargo, el tono del texto deja entrever algo más que análisis: hay una incomodidad evidente con el giro del debate público, especialmente en política internacional.
Porque mientras FAES ha criticado el “moralismo”, lo cierto es que la derecha tradicional tampoco ha logrado articular una alternativa clara más allá de la confrontación constante, una dinámica en la que tanto Partido Popular como Vox han quedado atrapados. "Confundirse en política interior y en política exterior es cegar resquicios no solo al acierto, sino a la esperanza, porque ciertos errores tienen consecuencias que, más o menos pronto, acaban concretándose", ha expuesto la fundación.
“No a la guerra”
El punto más duro del editorial ha girado en torno al posicionamiento internacional del Gobierno. FAES ha sostenido que recuperar el lema “No a la guerra” implica caer en un “falso moralismo” que, a su juicio, “compromete el interés nacional a largo plazo y el propio crédito de España como aliado fiable en la Alianza y socio comprometido en la Unión Europea".
La fundación incluso ha vinculado este enfoque con estrategias históricas de propaganda, en un intento de deslegitimar cualquier postura que no pase por el alineamiento firme con los socios internacionales. Pero aquí es donde el discurso ha empezado a chirriar: la crítica al pacifismo convive con una defensa implícita de posiciones más duras que, en el pasado, tampoco estuvieron exentas de polémica. En este terreno, la derecha española ha vuelto a mostrar una cierta rigidez. Tanto el Partido Popular como Vox han tendido a sobreactuar en política exterior, priorizando el choque ideológico sobre una propuesta coherente y sostenida.
"Nadie desea ninguna de las consecuencias --tantas veces imprevisibles-- de una guerra. Pero tampoco cabe desconocer que el peor de los escenarios sería el de la petrificación de una teocracia fanática que masacra a su pueblo y amenaza a sus vecinos, convertida en potencia atómica y árbitro de un Oriente Medio transformado en polvorín nuclear", ha añadido FAES.
Por eso, indica que "ciertas posiciones políticas reducidas a exhibir poses morales buscando ventaja política a corto plazo, están fuera de lugar". "El pacifismo exportable como arma de guerra fue un invento soviético del que Europa conserva memoria. Es ese pacifismo incondicional que sitúa en el mismo plano al agresor y al agredido", ha señalado FAES.
Según FAES, Sánchez ha ido mucho más allá que cualquier otro socio europeo "en su afán de protagonizar la contestación internacional a las políticas de la Administración Trump confundiendo, una vez más, interés partidista y política de Estado".
"Por lo demás, es hipócrita invocar el derecho internacional como blindaje de una tiranía. ¿Puede aceptarse que todo parámetro jurídico esté abocado a una vía muerta cuando el Consejo de Seguridad queda bloqueado por un veto? ¿Estamos en condiciones de descartar otra amenaza inminente cuando nadie esperaba tampoco un ataque como el del 7 de octubre?", ha preguntado.
FAES cree que "sin fuerza para respaldarlo, el derecho no es tal", y añade que "invocarlo para dividir alianzas, incumplir compromisos y lesionar el interés nacional" con el propósito de obtener "réditos electorales en el corto plazo" constituye "la peor de sus violaciones".
Infraestructuras, economía y sensación de desgaste
Más allá del debate internacional, FAES ha dibujado un país en deterioro: trenes que fallan, aeropuertos saturados y una supuesta falta de inversión estructural. También ha insistido en el retraso de los Presupuestos Generales del Estado como síntoma de bloqueo. Sin embargo, ha puesto en el punto de mira a las próximas elecciones andaluzas del 17 de mayo como la máxima culminación de la ronda electoral autonómica.
"El paisaje político español está poblado de apagones pendientes de explicación, trenes detenidos en comarcas inhóspitas, aeropuertos saturados, infraestructuras deterioradas que amenazan ruina y, en ocasiones, desencadenan accidentes fatales", ha zanjado la fundación de Aznar.