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Las pruebas de las palizas y torturas a las que militares del Ejército Español están sometiendo a los inmigrantes que se encuentran en Ceuta se amontonan. Primero fueron los testimonios de las víctimas, que los mandos negaron y el Gobierno dio poca importancia. Después los vídeos en los que quedaban plasmadas algunas de sus prácticas, ignorados y condenados a la clásica “investigación interna” que nunca llega nada. El tercer paso fueron las denuncias y el informe de Amnistía Internacional, que habla directamente de “torturas”. Este jueves, la prueba definitiva ha visto la luz.
ElDiario.es, periódico que ha ido destapando material sobre esta violación de derechos, ha publicado una serie de audios en la que varios militares se mofan de las palizas y torturas que aplican a los migrantes. “Es que parece que se las buscan. Parece que les gusta cobrar”, comenta uno de los militares presentes en la conversación. Unos minutos de charla en la que, en todo momento, los militares se ríen de la agresiones y fantasean con el dolor que causan, llegando a hablar de “las pruebas de ‘Saw”, en alusión a la película gore de terror.
Los Regulares hacen cosas muy guapas. Me recordó a las pruebas de ‘Saw’. ¿Habéis visto la película ‘Saw’?
La conversación revelada por elDiario.es se produjo la noche del 21 al 22 de septiembre y capta a tres militares que se encuentran de vigilancia en la carretera cercana al Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes (CETI). “A los dos que hemos llevado detrás del vehículo le hemos dicho: ¿tenéis carta (como llaman al documento de identidad los marroquís)? ¿necesitáis tarjeta?”, relata un militar, reconociendo el engaño al migrante para, posteriormente, llevarle detrás de un coche y apalizarle.
“El man no se ha dado cuenta, porque le hemos dicho ‘póngase detrás del vehículo’ y se ha puesto así […] Y se la he dado sin que se la espere. Porque lo he mirado a él… Y ¡pam!”, cuenta entre risas uno de ellos. Otro explica a sus compañeros como duele más pegar: “Lo que pasa es que [pegar] sin guantes mola más. Sin guantes se escucha el ‘plas”. “Sin guantes suena; con guantes, duele”, aporta un segundo. “Con guantes suena también”, suma un tercero. “Hay que ser buenas personas; hay que usar guantes”, se mofa el último.
Las lágrimas se le han saltado y le digo: Eh, ¿ahora estás llorando?
Una práctica que, por su tono, no solo está normalizada, sino que les genera placer y risas. Así puede verse en otra parte de la grabación. “Me acerqué. Y, digo, está lejos. Voy a intentar pegarle un guantazo y se va a ir para atrás. Y, digo, ¿qué hago para acercarme? […] Y le digo, ¡toma! Y, voy, y le digo ¡toma!”, comenta. Dos militares más se suman para preguntar si “las lagrimas se le saltaron” del “guantazo”. “Las lágrimas se le han saltado y le digo. Eh, ¿ahora estás llorando”, explica el agresor a sus compañeros.
La crueldad es inmensa y los militares también comparten estrategias entre sí para que no les den “pena” las personas vulnerables. “Tampoco quiero escuchar (los testimonios de los migrantes) porque nunca dicen la verdad y si lo escucho”, apunta un uniformado, “te va a dar pena”, añade otro. “Los primeros dos días los escuchaba, pero como les escuches, te pones malo. Porque te cuentan cada historia... Te enseñan los cortes, te cuentan su vida, y mucho es mentira. No hay que escuchar”, refuerza el primero.
Disfrute de las torturas
Los militares grabados comentan, también alegremente, las prácticas de sus compañeros de otra unidad que, por su relato, constituirían torturas sádicas. “Los Regulares han disfrutado de verdad. Han metido a uno (en referencia a un migrante). Le han dicho: ‘Si no les das fuerte y no chillan (al resto de migrantes), cobras tú”, explica uno de los uniformados al resto, relatando una supuesta “prueba” de la otra unidad. “Al que le pegue y chille, va a cobrar fuerte. Y al que chilló, le inflaron a hostias. Ese se llevó la guantá de hostias”, añade.
“Y si se la aguanta al que tenía que azotarle va a pegarle todo el mundo”, explica las consecuencias para el migrante al que obligan a pegar a sus compañeros si no consigue que chillen. “Exacto. Ese también cobra”, añade, entre risas, otro, que asegura que no quería perderse la tortura. “Me quería quedar... Hacen cosas muy guapas. Me recordó a las pruebas de ‘Saw’. ¿Habéis visto la película ‘Saw’?”, traslada a sus compañeros. El relato descarnado, tanto por lo que expone como por las risas de los militares, es la prueba clara de lo que está haciendo el Ejército Español en Ceuta.




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