El exdiputado de Podemos y reconocido activista antirracista, Serigne Mbaye, fue detenido en la tarde de este jueves frente a su casa, víctima de una redada racista en la que, además, la Policía perpetró un uso de la fuerza excesivo y violento. Seis personas más, que junto a otros vecinos protestaban por la actuación represiva, también fueron engrilletados. Inmediatamente, ante el llamado de Podemos y otros movimientos, cientos de personas se han desplazado hasta la Comisaría de Usera para exigir la inmediata liberación de los apresados.

De madrugada, Mbaye ha sido liberado y, posteriormente, los otros detenidos han corrido la misma suerte. “Es un racismo puro y duro. Es una persecución contra las personas racializadas. Esta detención le tiene que dar vergüenza a todo español que no está contra el racismo”, ha denunciado el activista a las puertas de la Comisaria. Y menos mal que todo ha quedado grabado en vídeo, documentada la rodilla que ha apresado el cuello del exdiputado y el estrangulamiento en el suelo de otro de los presentes, sino habría silencio y negación.

La Policía actúa con impunidad y las personas racializadas suelen ser su blanco más habitual. El asesinato de un detenido ya reducido en Torremolinos lo constató la semana pasada, pero el proceder es similar en otras muchas actuaciones. Por eso, quizás, tanta insistencia en no ser grabados, dado que esta es la única forma de probar la brutalidad. Los procesos internos de investigación no son limpios y no existen consecuencias para sus actos. Es más, la dirección policial y el propio Ministerio del Interior defendió la actuación de Torremolinos. Una vez destapados los vídeos, callaron.

Vamos a seguir luchando, vamos a seguir peleando porque ningún ser humano es ilegal”, gritaba hace escasas horas Mbaye, tras ser liberado. La lucha es real y en frente se encuentran las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, el peor de los enemigos, pues su acción y palabra vale más que la de cualquier ciudadano y goza de una protección judicial evidente. No son casos aislados, ojalá lo fueran, ni malos policías, sino un proceder arraigado al Cuerpo. El debate del racismo y abuso policial se aviva de nuevo, pero Mbaye lo denuncia con la misma cadencia que sucede: a diario.

Una persecución anunciada

Dejé a mi hija al cole y camino al curro sufrí un perfilamiento racial, abuso de autoridad y violencia física y verbal de parte de agentes de la Policía Nacional. Después se negaron a identificarse y además intentaron impedir que cogiera la matrícula para denunciarlo”, denunciaba Serigne Mbaye, exdiputado de Podemos, el pasado 21 de enero. Un mes después, el 22 de febrero, el conocido activista antirracista sufría en Atocha un nuevo control con sesgos racistas a las puertas de la estación de Atocha.

Salía de Atocha para ir a trabajar con un grupo de personas blancas y me ha parado la Policía, siendo yo la única persona racializada de ese grupo. […] No es normal, no habían parado a nadie y me paran a mí, ya sabéis por qué. Las mismas prácticas discriminatorias, racistas y violentas de siempre. Una persecución, pero no voy a callarme ante estas prácticas de la policía. Por eso me persiguen. No es casualidad que me paren todo el rato, tantas veces, con tanta frecuencia”, denunciaba entonces.

La tarde de este jueves, 26 de marzo, la persecución ha llegado a su punto álgido. Mbaye ha sido detenido a las puertas de su casa, sin mediar actividad delictiva y con una actuación de la Policía, de paisano y uniformados, totalmente desproporcionada. Los vídeos grabados por los presentes no dejan lugar a dudas. Vecinos clamaban por la violencia practicada por los agentes que, entre amenazas, estrangulamientos en el suelo y golpes han terminado llevándose detenido al activista y a otras seis personas presentes, entre ellas un periodista de El Salto, que protestaban por la actuación racista.

“Un error”, se aventurarán a decir aquellos incapaces de reconocer el sesgo racista policial, pero a quienes da vergüenza justificar una actuación que ha quedado grabada. Ni que decir de aquellos que claman el clásico “algo habrá hecho”, plagado de odio y racismo. Pero cualquier ciudadano que haya caminado las calles de Madrid, o de otra ciudad, acompañado por una persona racializada sabe perfectamente la persecución que sufren por su mera apariencia. “Es un control aleatorio”, “es por su propia seguridad”, “si no tienes nada que esconder, que más te da”.

Racismo policial, más que habitual

Un día tras otro, independientemente de la hora del día o el lugar, en cualquier situación y sin mediar palabra, estas actuaciones policiales injustificadas contra personas racializadas se repiten. Mbaye lo denunciado en reiteradas ocasiones ante la Delegación de Gobierno, el Defensor del Pueblo y el Ministerio del Interior, pero afrontar la realidad e intentar acometer una reforma en un cuerpo totalmente carcomido por el racismo, la violencia y la reacción es más difícil que mirar hacia otro lado y esbozar el habitual “no todos los policías son iguales”.

Ojalá estas actuaciones policiales fuesen una excepción y los agentes violentos y con sesgo racista solo unos pocos, pero la realidad es otra y no querer verla no la cambia. Este jueves, la víctima fue Mbaye, una figura reconocida, que tiene voz y apoyo, un tejido familiar y social, una capacidad de movilización que llevó a más de 100 personas a las puertas de la comisaría. Qué no pasará con el infinito número de personas racializadas que, diariamente, sufren una situación similar. Indefensas, maltratadas, piensan que la autodefensa y el apoyo mutuo es lo único que queda. Y no les falta razón.

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